ANTE LA MASIVA CAMPAÑA DE ARRESTOS DEL RÉGIMEN

Los islamistas se afeitan las barbas

La comisaría del distrito cairota de Garden City es un ir y venir de policías uniformados y algunos detenidos de largas barbas atados y con los ojos vendados.

Foto: Islamistas detenidos tras la operación contra el campamento en la plaza de Rabaa Al Adawiya. (Reuters)
Islamistas detenidos tras la operación contra el campamento en la plaza de Rabaa Al Adawiya. (Reuters)

La comisaría del distrito cairota de Garden City, cercano al puente del 6 de octubre, es un ir y venir de policías uniformados, agentes de paisano -con kaláshnikov en mano- y algunos detenidos de largas barbas que permanecen de pie en el vestíbulo, maniatados y con los ojos vendados. En el exterior del recinto, sentados sobre el bordillo de la acera opuesta a la comisaría, mujeres y niños esperan cabizbajos, en silencio, recibir alguna noticia sobre sus seres queridos.

Algunos lloran, pues saben lo que les espera: el ingreso de sus familiares en alguna de las prisiones esparcidas en los aledaños de El Cairo, como la de Tora o Abu Zabal, donde serán interrogados y quizá sometidos a malos tratos, tal y como han denunciado en repetidas ocasiones Amnistía Internacional y la Organización Egipcia de Derechos Humanos. 

Queda demostrado, según lo ocurrido desde la madrugada del martes, que el Gobierno interino, instaurado tras el golpe militar del pasado 3 de julio, no se anda con contemplaciones. Después de decretar el estado de emergencia -que restringe en gran medida los derechos políticos y sociales, entre ellos el de reunión y el de manifestación-, las autoridades han dado orden de arresto contra toda la cúpula de los Hermanos Musulmanes, a los que acusan de poner en marcha una campaña de terrorismo y desestabilización. Casi medio centenar de dirigentes islamistas de todos los niveles han sido arrestados durante las últimas 48 horas.

El líder de la Hermandad Mohamed Badíe tras su arresto (Efe).
El líder de la Hermandad Mohamed Badíe tras su arresto (Efe).
Entre ellos destaca la figura su líder espiritual, Mohamed Badíe, el cual era localizado y detenido dentro de un apartamento de la calle Tayarán, en las inmediaciones de la plaza de Rabaa Al Adawiya, asaltada por la fuerza el 14 de agosto. Junto a Badíe se encontraba otro miembro de la dirección, Talat Yusef, que fue igualmente arrestado y conducido a la prisión de Tora. En esta penitenciaría se encuentran ya detenidos varios de los principales dirigentes de la Hermandad en Egipto, que serán juzgados el próximo día 25, así como -paradójicamente- el expresidente Hosni Mubarak, quien a su vez podría quedar exonerado de todos los delitos que se le imputan, lo que indigna a los islamistas.

Barbas rasuradas

La campaña de arrestos masivos ha hecho que muchos dirigentes intermedios y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes hayan optado por afeitarse las barbas para no ser reconocidos. Ahmed, de 21 años, reconoce que odia tener que afeitarse, pero asegura estar "obligado por las actuales circunstancias". Si no lo hace, afirma, corre el riesgo de ser detenido. Según este joven estudiante universitario, “cualquiera que tenga aspecto islamista es susceptible de ser arrestado y de que te acusen de haber estado en la acampada de Rabaa Al Adawiya”, algo que las fuerzas de seguridad ya han convertido en delito imputable a todos aquellos que les resulten sospechosos.

Ahmed insiste en que sus protestas “han sido de carácter no violento” y dice no estar tan preocupado por la posible ilegalización de los Hermanos Musulmanes como por el uso sistemático de la tortura y los malos tratos que supuestamente están teniendo lugar en las cárceles. En relación con las banderas negras que se han visto intercaladas entre enseñas nacionales egipcias en algunas de las manifestaciones, Ahmed niega que la Hermandad tenga relación alguna con Al Qaeda. “Nosotros somos pacíficos y no compartimos ni la ideología ni los objetivos de Al Qaeda”, añade, para luego concluir que “aunque nos veamos abocados a un nuevo régimen militar, vamos a seguir luchando para conseguir vivir en un Egipto en libertad”, durante una entrevista telefónica realizada poco antes de que apagara el móvil.

La inmensa mayoría de los dirigentes de la Hermandad Musulmana ha optado por desconectar sus teléfonos móviles y extraerles las baterías, debido al miedo a que sus llamadas puedan ser localizadas a partir de la triangulación de las antenas repetidoras. Aunque todavía no ha sido ilegalizada formalmente por el Gobierno interino -aunque podría serlo en cualquier momento- la Hermandad ha optado por volver a la clandestinidad, como en los viejos tiempos de la represión llevada a cabo por Gamal Abdel Nasser.

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La decisión de ilegalizar la organización tendrá, según advierten analistas, serias repercusiones en el futuro de Egipto. En primer lugar, agudizará la brecha ideológica y social ya existente en el país, dado que los Hermanos Musulmanes tienen millones de seguidores y no pueden ser erradicados políticamente de un plumazo. Pero más grave es el hecho de que una Hermandad clandestina cuyos líderes estén entre rejas podría incitar a sus seguidores jóvenes a levantarse en armas contra el Estado y la sociedad, porque el descabezamiento de la organización los empujaría a la violencia, según Fawaz A. Gerges, profesor de la London School of Economics. Algunos simpatizantes ya responden con ferocidad a la represión, como demuestra la quema de 21 comisarías de policía y los ataques contra iglesias coptas que se produjeron la pasada semana.

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