Bulgaria, mafia política y sicarios callejeros en la Unión Europea
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dos meses de protestas frente al parlamento

Bulgaria, mafia política y sicarios callejeros en la Unión Europea

Hoy se cumplen dos meses de protestas ininterrumpidas frente al parlamento búlgaro para reclamar que el país se libre de las prácticas mafiosas

Foto: Un hombre protesta frente al parlamento búlgaro (Reuters)
Un hombre protesta frente al parlamento búlgaro (Reuters)

El campamento está lejos de ser impresionante: una decena de tiendas de campaña alrededor de la estatua del zar Alejandro II de Rusia, el artífice de la independencia búlgara frente al Imperio Otomano, forrada de pancartas de protesta. En un lateral, un viejo piano cubierto de carteles, que ni siquiera está afinado correctamente. Los eslóganes son similares a los de otras latitudes: “Esto no es una protesta, es un proceso. Rebelión por una nueva Bulgaria”, dice uno de los más repetidos.

Frente a ellos, una Asamblea Nacional que estos días estivales permanece vacía. Pero lo importante, aseguran los ocupantes del campamento, es que exista. Que se vea que están allí y continúan protestando ininterrumpidamente desde hace exactamente dos meses. Cuando pase el verano, el movimiento recobrará el ímpetu, afirman, porque la gente no está dispuesta a aguantar más corrupción.

No todas las protestas han sido pacíficas: el pasado 24 de julio, una multitud de más de dos mil personas rodeó este mismo edificio al grito de “¡Mafia!” y “¡Dimisión!”, atrapando en su interior a un centenar de políticos en un verdadero cerco que tuvo que ser roto por la policía antidisturbios durante la madrugada. Para entonces, los habitantes de las principales ciudades del país llevaban ya más de cuarenta días consecutivos de protestas contra el Gobierno, motivadas por la decisión de nombrar al magnate de las telecomunicaciones Delian Peevski como director de la Agencia Nacional de Seguridad, percibida por muchos como la enésima prueba de que la política búlgara está dominada por los intereses privados. Por decirlo de forma suave.

Pero la crisis de gobierno está lejos de terminar. El episodio del parlamento puso de manifiesto el hartazgo de la sociedad búlgara con el modelo político de su país, plagado de interferencias ajenas al “interés común”.Bulgaria, según todos los indicadores, no sólo es el país más pobre de la Unión Europea, sino también el más corrupto, con la sola excepción de Grecia. El Índice de la Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (que clasifica los países de menos a más corruptos) le otorga el puesto número 75, lo que le sitúa en el rango intermedio de la tabla, junto con Liberia, Montenegro y Túnez, y ligeramente por delante de Sri Lanka.

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"El crimen organizado se ha fusionado con grupos empresariales"

El gran problema, no obstante, no es tanto la corrupción en sí como la implicación de las grandes organizaciones mafiosas en la política. “EnBulgaria, la frontera entre las economías legales e ilegales es mucho menos clara que en la mayoría de los países de la Unión Europea. El crimen organizado, que genera riqueza a partir de las drogas, el contrabando y la prostitución, se ha fusionado con grupos empresariales y corporaciones que han privatizado los activos estatales“, aseguran Philip Gounev y Vincenzo Ruggiero en su libro de 2012 “Corrupción y crimen organizado en Europa”, elaborado a partir de un estudio que estos autores realizaron para la Comisión Europea. “Las redes de crimen organizado se han infiltrado a un nivel significativo en la mayoría de las instituciones públicas: la policía, las aduanas y la fiscalía. La elite política y los partidos políticos están altamente influenciados por los criminales organizados a nivel local, mientras que algunas estructuras criminales han sido capaces de influenciar a parlamentarios o políticos nacionales”, afirman estos politólogos.

Las organizaciones mafiosas búlgaras, prácticamente inexistentes durante la época comunista, florecieron con el desplome del aparato estatal a principios de los años 90. El desempleo rampante, la carencia de productos de consumo y la incapacidad de hacer cumplir la ley se aliaron para fortalecer estos grupos organizados. Dado que el comercio transfronterizo suponía el 70% del PIB del país, se volcaron en el contrabando, ayudados por el embargo impuesto contra la vecina Yugoslavia entre 1992 y 1995.

Estas redes no tardaron en empezar a traficar con otros bienes más rentables, desde narcóticos a prostitutas, y empezaron a necesitar protección. Así, surgieron los llamados “grupirovki” o “empresarios de poder”, antiguos miembros de las fuerzas de seguridad o atletas que ofrecían sus servicios como fuerza bruta para el cobro de deudas, la extorsión o la lucha callejera. Y cuando algunos de estos grupos comenzaron a enfrentarse por el botín, Bulgariase convirtió en escenario de espectaculares ajustes de cuentas entre mafiosos (más de ciento cincuenta durante la siguiente década y media).

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Los seis presidentes asesinados del Lokomotiv de Plovdiv

Un ejemplo es la trágica saga de la directiva del Lokomotiv de Plovdiv, uno de los principales equipos de fútbol del país, vinculado a un prominente grupo criminal llamado VIS: en 1995, Georgi Kalapatirov –un antiguo luchador reconvertido en mafioso y gerente del Lokomotiv- fue abatido de un tiro en el corazón en una calle de Plovdiv. Poco después, su sucesor, Georgi Prodanov, murió en un accidente de coche provocado a propósito: le habían cortado el cable de los frenos. En 1998, el nuevo presidente, Petar Petrov-Pesho –otro luchador-, recibió una ráfaga de kalashnikov en la puerta de su casa que le mató en el acto.

Su sustituto, Nikolai Popov, duró algo más, hasta que en 2005 fue apaleado y ejecutado de un tiro en una calle de Sofía. Entonces Georgi Iliev, un notorio narcotraficante y líder del VIS desde 1995, se hizo con la presidencia del club, pero pocos meses después fue también asesinado por un francotirador en la puerta de un restaurante en el Mar Negro. A los dos años, el nuevo hombre en el cargo, Alexander Tasev, fue acribillado desde un coche en marcha en Sofía.

La violencia mafiosa no es mera leyenda: en 2007, este reportero, entonces residente enBulgaria, se topó al salir de un edificio en la calle Saborna de Sofía con un hombre, un banquero presuntamente vinculado al crimen organizado, que agonizaba en medio de un charco de sangre minutos después de ser alcanzado en la cabeza por un pistolero. Era una época en la que en el aeropuerto se repartía un folleto turístico que rezaba cosas como esta: “Si está usted en un local y alguien entra rodeado de cuatro guardaespaldas, por norma general ése ya no es un lugar seguro”. Los episodios de este tipo se han reducido mucho desde entonces, pero aún en fecha tan reciente como enero de este año el mafioso Zlatomir Ivanov, alias Zlatko “el Boina”, fue tiroteado a la salida del Tribunal Central en Sofía, si bien sobrevivió a las heridas.

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Más preocupante aún es la implicación de estas organizaciones en el aparato político y estatal. La figura más importante de la vida política búlgara son los llamados “inversores políticos”, hombres de negocios –a menudo ilegales- que compran influencia entre los cargos públicos. “A los inversores políticos no les importa qué partido llegue al poder, dado que tienen poco interés en la ideología política per se. Los grandes grupos empresariales a menudo diversifican sus inversiones al respaldar a diferentes fuerzas políticas que puedan llegar a salir elegidas”, aseguran Gounev y Ruggiero. Esto, indican, les asegura la impunidad.

Medio sueldo dedicado a pagar la factura de la luz

Un ejemplo de hasta qué punto los grupos mafiosos han penetrado en el estado búlgaro es el hecho de que en dos décadas tan sólo una persona ha sido condenada por ajustes de cuentas como los descritos más arriba. Otro caso famoso de “inversión política” es el de Plamen Galev y Angel Hristov, los “hermanos Galev”. Estos dos hombres comenzaron como líderes de una famosa red de extorsión en la localidad de Dupnitsa, a 65 kilómetros de Sofía, si bien en poco más de una década lograron hacerse con la alcaldía de la ciudad. Pero su perfil era tan conocido que en 2008 el Ministro del Interior, Rumen Petkov, se vio forzado a dimitir cuando se hizo público que había mantenido diversas reuniones secretas con ambos mafiosos. El año pasado, los “hermanos Galev” fueron condenados a cinco años de cárcel por su vinculación con el crimen organizado, pero desaparecieron antes de que pudiesen ser arrestados.

En este contexto, llegamos a la oleada de protestas desatada inicialmente el pasado invierno, como consecuencia de las elevadas facturas eléctricas, un 14% mayores que las del año anterior, hasta el punto de suponer la mitad del salario de muchos búlgaros. El incremento de tarifas se debe, según muchos búlgaros, a un esquema de corrupción clásico: las tres compañías eléctricas, las checas CEZ y Energo-Pro y la austriaca EVN, han acordado un reparto geográfico del país con la connivencia de las autoridades, estableciendo en la práctica monopolios regionales. A la subsiguiente falta de competitividad e interés por renovar las infraestructuras –se calcula que hay una pérdida energética del 25% durante el suministro, mientras que en otros países de la zona es de un 8% de media- se le suma, según la prensa local, una logística empresarial que incluye coches de lujo y otras carísimas prebendas para los trabajadores extranjeros y los directivos, cuyo coste es añadido a la factura general de la luz.

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De modo que cuando ésta se volvió impagable, decenas de miles de búlgaros se echaron a las calles, forzando la dimisión del primer ministro Boiko Borisov, ex karateca y guardaespaldas del rey Simeón, y antiguo alcalde de Sofía. El nuevo gobierno surgido de las elecciones parlamentarias del pasado mayo está dominado por el Partido Socialista y sus socios del Movimiento por los Derechos y las Libertades (MDL), una formación política basada en la minoría turca en el país. Pero el reciente nombramiento de Delian Peevski, un joven parlamentario del MDL, como jefe del servicio de inteligencia, ha vuelto a dejar claro a los búlgaros que algo no anda bien en su país.

Peevski, de 32 años, no tiene la más mínima experiencia en cuestiones de seguridad, pero su familia posee el 40% de la prensa escrita deBulgariay el 80% de la distribución de periódicos, la mayor empresa editorial y la cuarta cadena de televisión, a pesar de lo cual sus propiedades se limitan a 30.000 euros depositados en una cuenta bancaria, según su declaración de Hacienda. De acuerdo con The New York Times, Peevski ha faltado al 92% de las sesiones legislativas entre 2009 y 2013, y nunca ha propuesto ninguna ley ni hecho ninguna pregunta en el Parlamento.

Por ello, no es de extrañar que muchos búlgaros enardecidos declaren ahora que “la biografía de Peevski representa todo lo que está mal en el país”. La reacción ha sido tan furibunda que el joven tuvo que dimitir al día siguiente de su designación, pero eso no ha apaciguado a los manifestantes, que continúan en la calle. El gobierno, por ahora, no cede, aunque no sería extraño que rodasen algunas cabezas dentro de poco. “En lugar de cambiar las políticas, cambiamos a la gente”, dice Ruslan Stefanov, del Centro para el Estudio de la Democracia, la principal ONG civil del país, especializada en monitorizar la corrupción. “Eso significa que las prácticas fraudulentas y corruptas van a continuar”, afirma.

En el campamento frente a la Asamblea Nacional tienen claro que el camino a seguir es otro. Ahora son apenas unos pocos, pero en algunas protestas han llegado a reunirse hasta treinta mil manifestantes, un número enorme para un país de solo siete millones de habitantes. Y pronto, afirman, volverán a ser multitud

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