Los islamistas se burlan de Tahrir para adueñarse de la primavera árabe
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LOS HERMANOS MUSULMANES, FAVORITOS EN EGIPTO

Los islamistas se burlan de Tahrir para adueñarse de la primavera árabe

Mientras el pasado viernes, decenas de miles de personas clamaban en la plaza Tahrir de El Cairo por la salida de los militares del poder, un

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Los islamistas se burlan de Tahrir para adueñarse de la primavera árabe

Mientras el pasado viernes, decenas de miles de personas clamaban en la plaza Tahrir de El Cairo por la salida de los militares del poder, un pequeño grupo de islamistas se concentraba frente a la mezquita de Al-Azhar, uno de los centros más influyentes del islamismo suní, para protestar contra Israel. Los Hermanos Musulmanes, quienes habían prendido la llama de las protestas con su participación el pasado viernes 18 en una gran manifestación contra la Junta Militar, prefería replegarse con los suyos, en un gesto imposible de funambulismo político. Tras las revueltas en el mundo árabe, el triunfo en las urnas de los islamistas en Túnez y en Marruecos y la previsible imposición de un régimen islámico en Libia, los Hermanos Musulmanes se presentan como favoritos a las primeras elecciones libres en Egipto tras la caída del régimen de Hosni Mubarak.

El viernes previo a esta sangrienta semana egipcia, la célebre plaza de la revolución presentaba un ambiente imponente. Las protestas se venían repitiendo desde la caída del régimen, pero ninguna había sido tan numerosa como ésta, apoyada por primera vez en meses por los grupos islamistas. Un grupo de jóvenes revolucionarios alentaba desde una esquina de la plaza a la renovada multitud, pero más de la mitad de los asistentes dirigían en esos momentos sus plegarias a La Meca. La última maniobra del régimen castrense para incluir en la próxima Constitución una serie de principios invulnerables para mantener su cuota de poder había terminado de irritar a los Hermanos Musulmanes. El grupo más organizado y con mayor capacidad de movilización de cuantos se presentan a las elecciones egipcias, enviaba a los militares un caballo de Troya. Aquella noche, cuando los islamistas ya se habían marchado a sus casas, comenzaron los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los jóvenes más descontentos con el régimen.

Cuarenta muertos y miles de heridos después, la plaza Tahrir no ha vuelto a abrir sus accesos al tráfico. Las concentraciones se han repetido durante toda la semana y los manifestantes no han abandonado el centro de El Cairo. Aún se ven barbudos y un sector de los manifestantes interrumpe sus protestas cinco veces al día para cumplir con sus oraciones. Pero los Hermanos Musulmanes no han vuelto a pisar la plaza, según explican “para no contribuir al caos y perjudicar aún más la ya trágica situación”. Desde la cúpula de la organización han mostrado su pésame a las víctimas y han condenado la actuación de las fuerzas de seguridad. Pero se niegan a modificar el calendario electoral o a traspasar de forma inmediata el poder a una autoridad civil con un moderado al frente como el Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, como sigue recamando Tahrir día tras día.

La Hermandad huye de las aglomeraciones y se siente más cómoda en ambientes más cercanos. El pasado martes, tras dos noches sangrientas en la capital egipcia, un periodista del partido Libertad y Justicia, fundado por los Hermanos Musulmanes para concurrir a las elecciones, se mezclaba con los familiares de las víctimas de la represión a las puertas de la morgue de Zeinhom, el depósito de cadáveres más grande de El Cairo. Las madres de las víctimas pedían explicaciones al redactor, ya que los médicos se negaban a entregarles las autopsias. Ahmed Hassan tomaba nota, antes de relatar a este medio alguno de los casos que estaba recopilando para su reportaje. Al preguntarle por la ausencia del partido en las movilizaciones, que precisamente honraban a las víctimas de los últimos días, Hassan dudaba. “Queremos evitar que se repitan este tipo de sucesos”, daba al fin con la respuesta, que calcaba como un mantra a la del comunicado oficial del movimiento.

Ni un paso en falso

Sabedores de su gran implantación popular y de que la mayoría del resto de los partidos apenas están dando sus primeros pasos, los Hermanos Musulmanes trabajan en el calendario electoral vigente desde la caída del régimen de Mubarak. Ilegalizados durante las seis últimas décadas, saben que se enfrentan ante su gran oportunidad, pero prefieren hacer las cosas lentamente. Su objetivo en estos momentos es obtener la mayoría en el Parlamento y en el Consejo Consultivo que debe redactar la próxima Constitución, para poder maniobrar en el terreno legislativo. Hasta el momento han rechazado la posibilidad de presentar un candidato a la presidencia, ya que se sienten cómodos jugando desde la sombra.

Por eso boicotean las reivindicaciones que apoyaron hace poco más de una semana. Los movimientos más liberales egipcios pretenden que los militares entreguen el poder antes de que comience el periodo electoral, que debería empezar el próximo lunes y está previsto que concluya a mediados de marzo. Y ante la inmediatez de los comicios y la cerrazón de la Junta Militar piden que se retrasen un par de semanas. Temerosos de que estas demandas puedan perjudicar sus intereses, en apenas unas horas, los Hermanos se han reconciliado con el Ejército y aunque critican la actuación de los uniformados de cara a su electorado, mantienen un acuerdo tácito con los mariscales para evitar el retraso electoral.

Los militares se han presentado como los garantes de la estabilidad en el país desde el golpe de Estado de 1952, que acabó con la monarquía del rey Farouk y dio paso al panarabismo del Gamal Abdel Nasser. Precisamente el coronel ilegalizó a la Hermandad Musulmana dos años después de llegar al poder, una situación que han perpetuado el resto de presidentes del país, todos ellos militares. Los islamistas celebraron la caída del régimen de Hosni Mubarak, aunque se mantuvieron al margen de la revolución. Ahora, dan una vuelta de tuerca más a la su milimetrada estrategia política y se presentan como el mejor y prácticamente el único sustento que le queda a la Junta Militar. Cuando se consuma el abrazo del oso, la Hermandad aspira a ocupar el papel de salvador del pueblo egipcio de los ya denostados militares.

Reformismo y moderación

 

A diferencia de otros partidos, los Hermanos sólo han parado su campaña en el centro de la capital egipcia, pero continúan su actividad en los suburbios. El movimiento concentra su mayor fuerza en los barrios más populares, donde sus redes de caridad entregan ropa, alimentos o medicinas a la población, al tiempo que contribuyen en su educación religiosa. Los portavoces del grupo señalan que desde que comenzó la campaña electoral esa actividad se ha interrumpido, porque no está dirigida a “obtener votos”. Lo que no han cesado son las marchas populares organizadas por las innumerables delegaciones del movimiento en la capital egipcia y los paseos de los candidatos por los arrabales.

El número uno en las listas al Parlamento en el humilde distrito de Cairo Este, Hazem Farouk, señalaba hace unos días a este medio que “a pesar de todas las vicisitudes, el ambiente es de libertad”. “La situación es muy distinta a la de hace un año, cuando ni nosotros ni otros muchos grupos nos podíamos presentar a las elecciones”, repetía el mismo mensaje que ofrecen los miembros de la formación en todas sus comparecencias y que llevan grabado a fuego en el nombre del partido: Justicia y Libertad. En una marcha donde los hombres barbudos ataviados con galabeya –la tradicional túnica egipcia- iban a la cabeza y las mujeres, cubiertas con velo o con niqab –la prenda que cubre todo el cuerpo, a excepción de los ojos- chirriaba la imagen del político, afeitado, con traje estilo inglés y bien parecido.

La relación con la prensa es exquisita. Como los triunfadores en Túnez, tratan de ofrecer una imagen de moderación, frente a los salafistas, los islamistas más rígidos. Los Hermanos han incluido en sus listas a cristianos coptos y a mujeres, aunque en muchos casos, lo hacen en puestos tan bajos de las listas, que se antoja casi imposible que obtengan representación parlamentaria. “Nosotros respetamos a todos los egipcios. No se trata de mayorías y minorías, sino del bienestar de todo el pueblo egipcio”, proseguía con su particular retórica. Al cuestionarle sobre la posibilidad de convertir Egipto en un Estado islámico, el candidato sonreía: “Amigo, no va a cambiar nada”.

Según el profesor de estudios islámicos de la Universidad Americana de El Cairo, Mohamed Serag, los Hermanos Musulmanes ofrecen una imagen renovadora, a diferencia de los partidos salafistas o del grupo terrorista cada vez más marginal Al-Gama'a al-Islamiyya, responsable del asesinato en 1981 del presidente Anuar al Sadat. “Los Hermanos tienen una experiencia política y teórica mucho más rica, pero dependerá de los deseos de la población, que evolucionen hacia un régimen más moderno o no”, responde por correo electrónico a este medio. Serag mantiene que en un país en el que el 90% de la población se considera musulmana, será difícil que fuerzas de distinta tendencia puedan hacer frente a los islamistas.

El artículo dos de la actual Constitución egipcia recoge que la religión oficial del Estado es la musulmana y que la legislación se basa en la ley islámica, aunque está permitido el culto de cualquier religión. Un 10% de cristianos mantienen, de hecho, un frágil equilibrio con la mayoría musulmana. La Hermandad rechaza hablar de la posibilidad de alterar estos principios. Como tampoco querían secundar las protestas contra el régimen. Y como tampoco estaban dispuestos a apoyar a los militares.