El último fracaso de un triunfador
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LA CAÍDA DE BERLUSCONI, EL EMPRESARIO QUE LLEVÓ EL ESPECTÁCULO A LA POLÍTICA

El último fracaso de un triunfador

“Es un hombre con un concepto personal de la verdad”. Estas palabras pertenecen al periodista Indro Montanelli, que durante un tiempo navegó en el mismo barco

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El último fracaso de un triunfador

“Es un hombre con un concepto personal de la verdad”. Estas palabras pertenecen al periodista Indro Montanelli, que durante un tiempo navegó en el mismo barco que Silvio Berlusconi -uno como director y el otro como editor de Il Giornale-, pero cuyo proyecto común acabaría fracasando por las ambiciones políticas de Il Cavaliere. Esta es la historia de un hombre de éxito que lo tenía todo a principios de los 90 y que a sus 75 años ha tenido que hincar la rodilla, quién sabe si por última vez.

“Si no me meto en política, me mandarán a la cárcel y me harán quebrar”. Esta declaración ante Montanelli da fe del salto a la política de Berlusconi en 1994. Un día a finales de enero Il Cavaliere remite a las televisiones una cinta de vídeo en la que hace públicos sus deseos de ser presidente del Gobierno en las elecciones que habrían de celebrarse dos meses después. Berlusconi fusiona sus facetas de avezado empresario con sus dotes de showman, herederas de su pequeña carrera como cantante. Un partido con nombre de grito futbolístico, un himno pegadizo y todas las estrellas de Mediaset usadas como reclamo electoral. El “hombre condenado a la victoria”, tal y como él se ha definido, vencía también en campo ajeno y se convertía en presidente.

Berlusconi era el triunfo del triunfador. Un hombre que se echó al monte para evitar que los herederos del Partido Comunista Italiano (PCI) llegasen al poder. El comunismo siempre está en su punto de mira. A veintidós años de la caída del Muro de Berlín todavía es fácil que se refiera a jueces, periodistas o políticos con este apelativo, obviamente de manera despectiva. El joven Silvio creció enfrente de la sede del poderoso PCI en Milán. Por aquel entonces, el pequeño Berlusconi colgaba carteles de la Democracia Cristiana, por lo que ya era reprendido por los chicos de su edad que hacían lo propio con los de la hoz y el martillo.

Aparte de las elecciones de su llegada al poder en 1994, ha ganado los comicios parlamentarios en otras dos ocasiones. En estas legislaturas, las leyes que más polvo han levantado no han sido medidas de carácter político, sino las de carácter judicial y es que él mismo se ha considerado como “el hombre más perseguido por la justicia de la historia”. Leyes para reducir los tiempos en la prescripción de delitos, leyes para alargar hasta el infinito procesos judiciales o leyes para evitar que las cuatro mayores personalidades del Estado sean juzgadas. Esta última, derrotada por su inconstitucionalidad, es conocida como la Ley Alfano, ya que fue redactada por el hombre que será el encargado de sustituirle.

Un polémico padrino

Antes de su entrada en política, el Berlusconi empresario tenía ya lazos tendidos entre los habituales del Parlamento. Il Cavaliere fue considerado como uno de los favoritos del expresidente Bettino Craxi, a quien le unía una gran amistad. Craxi, uno de los mayores exponentes de la corrupción en la vida política italiana de finales de los 80 y principios de los 90, compartía mesa y reposo con el exitoso empresario.

La amistad con el dirigente se traducía en leyes favorables a la expansión televisiva de Il Cavaliere. Mientras tanto, éste también cumplía con la financiación irregular del Partido Socialista del primero, hecho del que se libró Berlusconi por la prescripción del delito.

Muchos exponentes del difunto PSI de Craxi pasaron sucesivamente a Forza Italia y al actual Pueblo de la Libertad, entre ellos muchos cercanos a Berlusconi, como el actual ministro de Economía, Giulio Tremonti.

El rompecabezas de las alianzas

La sonrisa de Berlusconi y su mano pasando el hombro de algún compañero político ha sido un gesto repetido en los 17 años de Berlusconi en el poder. Ampliamente repetido, ya que ha sido habitual en su paso por el poder la disputa y la traición política. Umberto Bossi, Gianfranco Fini, Pier Ferdinando Casini o Giulio Tremonti son algunos de los nombres que han acabado mal con Berlusconi.

Entre todos destaca Bossi, líder de la Liga Norte, responsable de su ascenso al poder en 1994, pero también de su primera caída. Berlusconi, iracundo, lo llegó a tratar de “borracho de bar”. Sin embargo, después de todas sus agrias disputas, Bossi también ha terminado convirtiéndose en su último aliado político.

Giulio Tremonti, otro aliado de los comienzos, ministro desde el primer Gobierno Berlusconi en 1994 y guardián de las finanzas también se hunde con él, aunque en medio de una gran polémica y de acusaciones mutuas. Tremonti incluso había advertido a Berlusconi de la tormenta que se desataría esta semana si no dimitía.

Mientras tanto, Gianfranco Fini, que comenzó la legislatura como aliado de Il Cavaliere, con los partidos de ambos fusionados, también le dejaba de lado en una discusión pública histórica en medio de un congreso del PDL.

Un hundimiento con formas de mujer

El asalto de los mercados le ha dado la puntilla, pero la caída en desgracia de Berlusconi comenzó hace dos años y medio. El primer ministro se dejó caer por la fiesta que Noemi Letizia organizaba por su 18 cumpleaños dejándose fotografiar. Esa imagen supuso el génesis de una enorme bola de nieve que rápidamente fue agrandándose. Al principio se supo que Noemi se refería a Berlusconi como Papi, y poco después su segunda mujer, Veronica Lario, hacía las maletas y pedía el divorcio, en un folletín por capítulos con comunicados en la prensa italiana. “No puedo estar con un hombre que frecuenta menores”, señaló Lario, crucificada por los medios afines a Berlusconi.

Desde ese momento, la prensa internacional tuvo que hacer acopio de una serie de nuevos términos para hablar de Italia: velinas, bunga bunga... Noemi fue la primera de una larga lista de velinas que iban saliendo de debajo de las piedras. Primero fue una fiesta con el exprimer ministro checo, luego grabaciones de una escort en su residencia sarda, para acabar en un nuevo escándalo de grandes proporciones, el caso Ruby. Por aquel entonces, esta menor marroquí fue sacada de la comisaría de Milán después de una llamada de Berlusconi asegurando que era la sobrina de Hosni Mubarak. En el aire quedó la posibilidad de que se tratase de un caso de prostitución.

En un clima de tensión creciente llegó la agresión a Il Cavaliere tras un mitin en Milán. El lanzamiento de una réplica del Duomo de Milán en marmol le causaba la pérdida de dos dientes y heridas en la nariz.

Berlusconi, visiblemente afectado por las revelaciones sobre su vida privada, es llevado muchas veces al borde de los nervios. “De mí solamente puede decir que follo” o “Me largo de este país de mierda”, fueron solo algunas de las frases dejadas como válvula de escape de la prisión. A partir de estos casos, Berlusconi fue considerado como un invitado cada vez menos cómodo en los encuentros internacionales.

“Sic transit gloria mundi”

Il Cavaliere había empezado a perder cintura, tal y como demostró poco antes con la crisis del terremoto en L'Aquila, en 2009, donde tuvo una actuación muy criticada por parte de los afectados. Asimismo, sus desplantes en Europa, ya agudizada la crisis, también comenzaron a pasarle factura. Desde hacer esperar a Angela Merkel por una llamada de teléfono a un desafortunado comentario sobre su trasero.

Ya inmerso en una profunda crisis, Berlusconi pronunciaba una de sus últimas frases polémicas. “Sic transit gloria mundi”, (así pasa la gloria del mundo, en latín) era su particular dedicatoria al fallecimiento de su otrora aliado Muamar Gadafi. El dirigente libio, ya bajo ataque, dirigió una carta a Il Cavaliere implorando por su amistad que interviniese en el conflicto desatado en el país africano.

Los mercados fueron los encargados de dar la puntilla a una crisis política que se venía desarrollando desde hacía mucho tiempo. Disputas con aliados y una continua sangría de diputados en el PDL auguraban desde hacía semanas que el Gobierno no resistiría más que unos pocos meses. La prima de riesgo fue la encargada de acelerar el desenlace.

Berlusconi, pese a todo, deja un gran vacío en la política italiana. “La salida de escena de Berlusconi provocará un gran terremoto que conllevará el nacimiento de nuevos partidos, probablemente habrá un nuevo partido de centro. Pero hasta que éste no haya salido de escena, ningún líder tendrá la fuerza política, económica y mediática para conquistar el liderazgo en el centro-derecha”, explica a El Confidencial el profesor Damiano Palano, de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Milán, que, por otro lado cree “improbable” que ésta sea la última palabra de Berlusconi.

Il Cavaliere, sin embargo, absolutamente derrotado, a nivel político, personal y empresarial parece obligado a tirar la toalla. Pese a haber reconocido que no se presentaría otra vez, incluso antes del estallido de la crisis que había de llevárselo por delante, cuesta creer en la derrota del triunfador lo mismo que cuesta creer en una Italia sin Silvio Berlusconi.