Narcotortura en la Red: las nuevas snuff movies del siglo XXI
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LOS CÁRTELES MEXICANOS ‘CUELGAN’ SUS CRÍMENES EN INTERNET

Narcotortura en la Red: las nuevas snuff movies del siglo XXI

Torturas, vejaciones, insultos, mutilaciones y hasta ejecuciones. Los narcotraficantes marcan su territorio utilizando la Red con vídeos colgados en los que la violencia es más que

Foto: Narcotortura en la Red: las nuevas snuff movies del siglo XXI
Narcotortura en la Red: las nuevas snuff movies del siglo XXI

Torturas, vejaciones, insultos, mutilaciones y hasta ejecuciones. Los narcotraficantes marcan su territorio utilizando la Red con vídeos colgados en los que la violencia es más que explícita. Aunque el canal social YouTube impone términos de uso y límites en los contenidos, las bandas criminales consiguen infringir las normas para mostrarle al mundo el horror del que hacen gala. Y es que, según los expertos, ha nacido un nuevo término: el ‘narcohorrorismo’.

Estos vídeos (en general grabados con teléfonos móviles en baja calidad) son las nuevas películas snuff del siglo XXI. También conocidas como White heat o The real thing, las snuff movies son aquellas en las que se tortura, viola y asesina con el único objetivo de registrar estos hechos en algún medio audiovisual. Sin embargo, a diferencia de estos filmes que buscan lucrarse con el morbo, las torturas perpetradas por bandas de narcotraficantes y después colgadas en Internet buscan advertir a sus rivales sobre lo que les puede ocurrir si vulneran sus intereses o traspasan su “plaza” (el territorio).

El “horror” del narco

En un vídeo con imágenes borrosas se puede observar a dos jóvenes con vendas en los ojos, de rodillas y maniatados, comiendo lo que parece ser un pepino al mismo tiempo. Cada vez que se les cae, un encapuchado les obliga a seguir metiéndoselo en la boca. Eso sí, un mensaje reza lo siguiente: “Se advierte que las imágenes son muy fuertes”.

En otra grabación se puede ver cómo decapitan a un hombre con una sierra eléctrica y a otro con un cuchillo de cocina. El horror dura seis minutos. YouTube no tarda demasiado en identificar estos vídeos extremadamente violentos y los retira. No obstante, muchas de estas imágenes se pueden ver en el Blog del Narco, una página que informa sobre hechos que casi nunca salen a la luz en los medios de comunicación convencionales. Recientemente, la web ha tenido que cambiar de dirección por problemas de seguridad.

El crimen organizado, al utilizar los medios modernos, abre una ventana de expresión cuya herramienta de control social es el horror masivo. Emilio Cunjama, investigador del Instituto de Ciencias Penales de México (INACIPE), explica que “con estas imágenes los narcos comunican las nuevas reglas, el castigo a quien traicione ‘el voto de silencio’”. Estas organizaciones no miden su fuerza en términos del volumen de sus ganancias únicamente, sino en términos de brutalidad a la hora de matar. Vídeos de decapitados con sierras eléctricas, con cuchillos de caza, degollados con las manos y violaciones. Todo es captado por la cámara para mantener un diálogo entre el crimen organizado, sus miembros y la sociedad”.

Coincide con su opinión David Martinez-Amador, Profesor de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala de los cursos Antropología Clásica y Etnografías del Crimen Organizado: “En este caso estamos lidiando con algo peor: síntomas de enfermedad mental. Es el ‘narcohorrorismo’. La sociedad mexicana y las centroamericanas se ‘acomodan’ confortablemente a presenciar los hechos violentos y las gráficas escenas de tortura y mutilación. La nota roja vende y es parte estructural de la conformación mediática en Mesoamérica”.

La guerra de las imágenes violentas

Sin duda, la mejor manera de infundir temor entre los miembros del cartel enemigo se logra grabando una muerte mediatizada y transmitida por Internet. Es una forma rápida y tajante de publicitar el poder que ostentan. En opinión de Cunjama, “las personas que utilizan estas vías de comunicación están perfectamente organizadas. Y por su propia actividad necesitan manejar ciertas técnicas, como son las nuevas tecnologías”.

Martínez-Amador cree que “ya no bastan los narco corridos (música con letras sobre cárteles), ni el narco cine (El Infierno, por ejemplo) con películas que emulaban la valentía y el olfato empresarial del narco. Hoy, los códigos simbólicos son una guerra de imágenes violentas para mostrar el castigo a quienes invaden los territorios contrarios”. Pero, ¿dónde están los límites de la libertad de expresión y el derecho a la información?

En ocasiones, son los propios usuarios de los medios digitales quienes hacen un uso razonable y moderado de los canales. Por ejemplo, uno de ellos subió un vídeo censurado sobre la supuesta confesión de un miembro del cartel de Los Zetas y advirtió: “En dichos vídeos que circulan por YouTube aparecen imágenes de personas supuestamente ‘detenidas’ que fueron luego ejecutadas...Imágenes que, por normas de YouTube, decidí no mostrar”.

Otras veces, es el propio gestor de contenidos de ese medio quien pone los límites. Así, un vídeo en el que se veían torturas infringidas a un presunto secuestrado por unos sicarios fue retirado de manera inmediata y apareció este mensaje en su lugar: “Este vídeo se ha retirado debido a una infracción de la política de YouTube relacionada con la representación de actividades dañinas”.

Estos son algunos de los términos de uso del canal:

 No se permite la violencia explícita. Si en tu vídeo aparece alguna persona a la que se esté hiriendo, atacando o humillando, no lo publiques.

 No se toleran en modo alguno las amenazas, el comportamiento agresivo, el hostigamiento, el acoso, la invasión de la privacidad ni la revelación de información personal de otros miembros (…).

 No publiques vídeos que muestren cosas malas como abusos a animales, consumo de drogas o fabricación de bombas.

 YouTube no es un sitio de shock. No publiques vídeos asquerosos de accidentes, cadáveres y cosas similares.

En este sentido, el experto del INACIPE, Emilio Cunjama, concluye que “si bien es cierto que la ciudadanía tiene derecho a conocer lo que pasa en nuestro país, la exposición obscena de la violencia tiende a naturalizarla, y en el peor de los casos, propicia la apología del crimen”.