BAJA LA PRODUCCIÓN DE AZÚCAR, CÍTRICOS, PATATA Y FRIJOL

La agricultura de Cuba se marchita sin la URSS

Los tímidos cambios introducidos en el campo por Raúl Castro para aumentar la producción de alimentos y reducir las importaciones en Cuba, bajo la convicción de

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La agricultura de Cuba se marchita sin la URSS

Los tímidos cambios introducidos en el campo por Raúl Castro para aumentar la producción de alimentos y reducir las importaciones en Cuba, bajo la convicción de que se trata de una cuestión de “seguridad nacional”, no están dando los resultados esperados. Los primeros datos de este año indican que siguen bajando las cosechas de café, azúcar, cítricos y productos básicos de la cesta de la compra cubana como la patata o el frijol. La escasez en los mercados y en los hogares se agudiza en una isla que gasta unos 1.500 millones de dólares al año en importar alimentos y donde se echa en falta la antigua ayuda soviética.

 

Cuba compra en el exterior más del 80% de los alimentos que consumen sus 11,3 millones de habitantes. Para dar la vuelta a la situación, el Gobierno ha repartido en usufructo 2,5 millones de acres de tierras públicas no explotadas y permitido algunos experimentos de venta directa de los campesinos al consumidor, sin necesidad de entregar el 75% de su cosecha al Estado a cambio de combustible, pesticidas o fertilizantes.

 

Pero no ha bastado. La sequía, los daños de unos 10.000 millones de dólares causados en 2008 por el paso de los huracanes Ike, Gustav y Paloma y el embargo estadounidense son algunos de los argumentos oficiales para justificar el marchitamiento de la agricultura; a ello hay que añadir un sistema de explotación controlado por el Estado en el que el 55% de las tierras cultivables están aún baldías y la falta de mecanización del campo, donde la poca maquinaria rusa que se utiliza es obsoleta.

 

La producción azucarera es sólo uno de los ejemplos. Cuba producía en 1961 el 27% del azúcar de caña de América Latina, sólo superada por Brasil con un 29%. En 2007, el país brasileño era responsable del 72,2% frente al 1,4% cubano, según un estudio de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), organismo dependiente de Naciones Unidas. La zafra de este año será la peor desde 1905, asegura con tono crítico el diario oficial Granma y, aunque no hay cifras oficiales, se espera que no alcance las 1,2 millones de toneladas cuando antes se generaban hasta siete millones.

 

Esos malos resultados le costaron el puesto al ministro del Azúcar, Luis Manuel Ávila, cuya salida del Gobierno se argumentó en el reconocimiento de “deficiencias” en su trabajo, al frente del cual se puso a su segundo en el Ministerio, Orlando Celso García. Cuba ha tenido que importar azúcar de Brasil y Colombia en los últimos años para satisfacer la demanda nacional –establecida en unas 700.000 toneladas anuales- así como contratos de venta establecidos con potencias como China, según el diario de Miami El Nuevo Herald.

 

Otro descenso histórico se ha producido en el café, cuya producción se redujo un 90% en los últimos años, lo que obliga al Gobierno a invertir unos 50 millones de dólares en la compra a otros países de 19.000 toneladas de grano para mantener el consumo local, indica el seminario oficial isleño Trabajadores. Cuba necesita producir al menos 29.000 toneladas de este producto para evitar recurrir a las importaciones.

 

En su conjunto, la producción agrícola -sin contar el azúcar- ha disminuido un 13% en el primer trimestre del año con respecto al mismo periodo anterior y la ganadera un 3,1%, según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas cubana;  la cosecha de patata cayó un 34,4%, la del frijol un 30,5%, la del tomate un 34,9% y la de cítricos un 21,6%. La producción de huevos descendió un 30,4%, la de carne de cerdo un 2,8% y la de leche un 5,9%. Insumos destinados en buena parte a la exportación como el tabaco también tuvieron un comportamiento negativo al comienzo de 2010 y sólo se obtuvieron 13,7 millones de cujes (un 39% menos).

 

Con estos decrecimientos, los mercados estatales de La Habana recibieron en febrero sólo el 64% de los alimentos esperados –un 60% en enero-, según el diario Granma, donde se afirmó que “el exceso de trabas y prohibiciones constituyen fuentes para el delito y el soborno” y se dio voz a los campesinos que reclaman concurrir directamente a los mercados capitalinos. Sumida prácticamente en la bancarrota, Cuba ha tenido que reducir las importaciones y los alimentos básicos escasean más que nunca.

 

La ayuda rusa no es igual que la soviética

 

La isla trae del exterior trigo para pastas y pan, arroz, maíz para la alimentación humana y animal, soja para aceites y piensos animales y misceláneos para los turistas, explicó a El Confidencial el experto en Ciencias Agrarias Manuel González. La ayuda rusa se mantiene, pero no es la misma que ofrecía la extinta URSS. El país europeo se ha comprometido a donar a Cuba 100.000 toneladas de trigo y el pasado marzo envió un primer contingente de 22,5 toneladas para paliar la situación.

 

Para solucionar el desabastecimiento del pueblo cubano, señala González, el Gobierno debería apostar por la producción individual y cooperativa, la distribución de la tierra sin cultivar, la utilización de fuerza de trabajo asalariada, el desarrollo de mercados, la acumulación de capital y la reinversión. “Tiene los ejemplos positivos a seguir de Vietnam o China”, indica, así como recursos humanos con “alta cualificación” y fincas amplias, pero sus bajos niveles de productividad se deben a que “no existen verdaderos incentivos para que el hombre explote plenamente la tierra”.

 

En el reciente Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores se hicieron peticiones en este sentido: se reclamó la eliminación del Ministerio de Comercio Interior que se encarga de la venta mayorista y minorista de alimentos, se criticaron las trabas burocráticas para llevar los productos agrícolas del campo al consumidor, se exigió un aumento de los puntos de venta donde los campesinos puedan llevar sus mercancías de forma directa y que sólo se fijen precios máximos a los alimentos de primera necesidad para que el resto quede sujeto a la oferta y la demanda. El Gobierno tiene en sus manos solucionar los problemas del campo y de las famélicas cocinas cubanas.

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