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Qué significa para los inversores la invasión rusa de Ucrania
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EFECTOS A LARGO PLAZO

Qué significa para los inversores la invasión rusa de Ucrania

Los inversores deberían prestar mucha atención a las tendencias a largo plazo que se verán intensificadas por el ataque de Rusia

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Se cuenta que, durante las guerras napoleónicas, el legendario banquero Nathan Mayer Rothschild aconsejaba "comprar cuando haya sangre en las calles". El consejo demostró ser acertado en 2014, cuando Rusia tomó Crimea y las acciones rusas en rublos se dispararon durante casi ocho años.

Esta vez, el sonido de los cañones en Ucrania augura malas noticias no solo para los ucranianos, sino también para las perspectivas de los inversores. Los políticos occidentales percibían Crimea como una parte más de la consolidación de la esfera de influencia rusa, al igual que Georgia, pero consideraban que no merecía la pena alterarse tanto; al fin y al cabo, había sido rusa hasta 1954. La invasión de Ucrania es diferente, y hace realidad el trasfondo de preocupación por la dependencia económica de poderosos autócratas y dictadores que consideran que Occidente es el enemigo.

A corto plazo, la cuestión es hasta qué punto predomina el miedo. Cualquiera que comprase acciones denominadas en rublos rusos tras la asombrosa caída del 54% del mercado en las dos primeras horas de negociación del jueves se vio recompensado por una subida igualmente asombrosa del 42% en la siguiente media hora. De modo similar, las acciones estadounidenses cayeron con fuerza en la apertura, pero acabaron con el mejor día del índice Nasdaq-100 desde marzo del año pasado, ya que las acciones perdedoras de 2022 se convirtieron en ganadoras. Es probable que la volatilidad siga siendo extrema mientras continúa la masacre y se intensifican las sanciones.

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Por muy tentadoras que sean las grandes oscilaciones de precios a corto plazo para los jugadores del mercado, los inversores deberían prestar mucha atención a los cambios a largo plazo que se verán intensificados por las acciones de Rusia, ya que probablemente se traduzcan en un aumento de la inflación y un crecimiento más lento. Vienen en tres partes:

Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, el gasto militar alcanzó su nivel más bajo como proporción de la economía mundial en 2018. La presión para gastar más ya era visible en Europa y Asia Oriental a medida que aumentaba la preocupación por las renovadas amenazas de Rusia y China, pero la invasión de Ucrania significa que es inevitable que aumente el gasto en armas.

Los valores de defensa deberían beneficiarse, y no están particularmente caros: los índices de Datastream que excluyen a las grandes empresas aeroespaciales civiles, que se vieron afectadas por la pandemia, cotizan a 15 veces los beneficios previstos en Estados Unidos y a 10 veces en Europa. En las primeras operaciones del jueves, el fabricante de bombarderos furtivos Northrop Grumman fue uno de los que más subió en Estados Unidos, mientras que los contratistas de defensa británicos y franceses BAE Systems y Thales fueron de los valores europeos con mejor rendimiento.

El panorama general es que aumentar el gasto militar implica una disminución del gasto en otras partes de la economía. Si el desempleo fuera alto, esto sería un problema menor, pero con la economía mundial ya luchando por mantener el ritmo de la demanda, significa más presión al alza a largo plazo sobre la inflación.

Los inversores ya se han dado cuenta de la necesidad de nuevas fuentes de energía que produzcan menos carbono

Una reducción de la globalización es el resultado natural de una nueva Guerra Fría, y también constituye un gran desafío. Europa depende de Rusia para el gas natural, y Rusia y Ucrania producen conjuntamente una cuarta parte del trigo mundial, así como un tercio del paladio y la mayor parte del neón utilizado en la producción de semiconductores. China es el mayor exportador del mundo, y casi todas las cadenas de suministro dependen del abastecimiento chino para algo. Acabar con la dependencia del resto del mundo de Rusia, por no hablar de China, es un proyecto de varias décadas.

No obstante, la tendencia hacia una mayor producción local lleva en marcha desde el colapso económico de 2008, con una reducción de la proporción del producto interior bruto que corresponde a las exportaciones, y fue acelerada por muchos equipos de gestión empresarial a raíz de que la pandemia creara problemas masivos en la cadena de suministro. Anteriormente, el comercio mundial había crecido en importancia de forma casi continua desde el inicio de la política rusa de apertura, o Glasnost, a mediados de la década de 1980.

Los inversores ya se han dado cuenta de la necesidad de nuevas fuentes de energía que produzcan menos carbono, y los valores de energías limpias fueron los que mejor rendimiento tuvieron el jueves. Ahora, los gobiernos necesitan nuevas fuentes de energía que no dependan de rivales extranjeros, por lo que podría acelerarse ese cambio hacia las bajas emisiones de carbono, aunque también podría hacerlo la perforación de gas y petróleo en regiones más amigables.

Foto: Los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín. (Reuters vía Kremlin)

Para los inversores, el impacto es desagradable. El aumento de los precios de la energía y el aprovisionamiento nacional rebaja los márgenes de beneficio, porque las empresas tienen que pagar más en lugar de buscar lo más barato a nivel mundial. Si las empresas intentan recuperar el margen subiendo los precios, significará más inflación. Si intentan recuperarlo recortando otros costes, se verá afectado el crecimiento. Se haga como se haga, el uso menos productivo de los recursos es malo para la economía, aunque sea lo correcto.

La geopolítica vuelve a dar miedo. No se trata solo de Rusia y China. Ucrania renunció a sus misiles nucleares de la era soviética a cambio de la promesa por parte de Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos de "respetar la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania".

Es fácil ver por qué un país pequeño con vecinos poderosos y despiadados, o que no se lleve bien con Estados Unidos, podría entender el destino de Ucrania como una razón para asegurarse armas nucleares, incluso si, siendo realistas, Kiev nunca pudiese haber conservado las suyas. Incluso los países que actualmente se encuentran bajo la protección de Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, podrían preocuparse razonablemente por la fiabilidad de su aliado, dado el estado de la política interna estadounidense, e interesarse por la disuasión nuclear.

La posibilidad de una nueva era de rivalidad geopolítica afectará a las perspectivas del mercado a largo plazo

Las tensiones geopolíticas tienen tendencia a extenderse. Después de Ucrania, el próximo podría ser Taiwán, territorio que China considera una región escindida. Pero incluso si China rebaja la retórica que ha estado proyectando en el estrecho de Taiwán, los inversores deberían esperarse un mayor descuento en los activos de riesgo para tener en cuenta los riesgos geopolíticos, al menos hasta que el recuerdo de los tanques rusos avanzando sobre Kiev se desvanezca.

Estas tendencias a largo plazo no se contemplan realmente en los precios, y la atención se centra por ahora en las cuestiones a corto plazo: la resistencia ucraniana, el alcance de las sanciones occidentales y si el conflicto podría extenderse.

Los inversores no pueden ignorar los efectos a corto plazo. Ya el jueves los mercados se vieron favorecidos por la expectativa de que la Reserva Federal subiera los tipos a un ritmo menos frenético. Pero la posibilidad de una nueva era de rivalidad geopolítica afectará a las perspectivas del mercado a largo plazo, y merece mucha atención.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'

Se cuenta que, durante las guerras napoleónicas, el legendario banquero Nathan Mayer Rothschild aconsejaba "comprar cuando haya sangre en las calles". El consejo demostró ser acertado en 2014, cuando Rusia tomó Crimea y las acciones rusas en rublos se dispararon durante casi ocho años.

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