Lo que Monzón no logró en Prisa: le faltaron un Arnault y una tarjeta Carrefour
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Lo que Monzón no logró en Prisa: le faltaron un Arnault y una tarjeta Carrefour

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Bernard Arnault. (EC)

La batalla por el control de Prisa guarda profundos paralelismos con la pugna existente en Francia por hacerse con la manija del Grupo Largardere, un histórico conglomerado industrial (Airbus) con múltiples intereses en el sector de medios (Europe 1, 'Paris-Macht', Salvat, Hachette…). En ambas operaciones se replica el modelo: un gigante en decadencia tras la ausencia de su fundador (Jesús Polanco y Jean Luc Lagardere) afronta la llegada de inversores activistas (Amber Capital y Bollore-Vivendi) que cuestionan el 'statu quo' mantenido por sus herederos/gestores.

Durante todo 2020, la pelea soterrada mantenida en Prisa entre el núcleo accionarial aglutinado en torno al Banco Santander y el inversor Joseph Oughourlian (Ambar Capital) se replicó casi al detalle en París, donde el fondo de inversión (segundo accionista de Largardere, con el 20%) terminó aliándose con su némesis Vicent Bollore (segundo accionista, con el 23%) para remover del cargo de primer ejecutivo a Arnaud Lagardere, hijo del fundador y dueño de solo el 7% a través del 'holding' familiar heredado. De momento, los desenlaces han sido diferentes.

Foto: Foto: Angel Haro, presidente de Prodiel.

Pese a intuir el golpe, el presidente de Prisa, Javier Monzón, hombre confianza de Ana Botín, solo pudo esquivar el gancho previsto para la junta de accionistas de junio. En la cita extraordinaria de diciembre, después de que Telefónica se alineara con Amber, su derrota fue inevitable y el cambio de rumbo de Prisa un hecho, como demuestra la reciente entrada de Vivendi tras adquirir (bajo apariencia de colocación acelerada) una participación del 7% de HSBC, el otro gran acreedor del grupo junto al Santander. No van de la mano (pacto de accionistas), pero acumulan intereses compartidos.

Cosa distinta ha ocurrido en Francia. Allí, su rival, Arnaud Lagardere, ha conseguido varias victorias parciales para mantener el control del grupo. Por un lado, este verano renovó su mandato por otros cuatro años (vencía en 2021) tras impedir que Vivendi y Amber tengan la representación en el consejo que reclaman, como sí ha terminado logrando Oughourlian en Prisa con su 30%. Y por otro, sumó a su causa a Bernard Arnault (LVMH), el hombre más rico del país, que compró un 27% del 'holding' familiar que controla Lagardere, además de una participación directa del 5,5%.

Lo contamos aquí al poco de que Monzón se encaramara a la presidencia de Prisa. Uno de sus principales mandatos era articular un nuevo núcleo duro de accionistas españoles, dinero nuevo que pudiera complementar o sustituir a los millonarios mexicanos traídos por Juan Luis Cebrián (Alcántara, Fernández, Slim) y que ocupara el espacio que tendrían que dejar Telefónica, Santander y Caixa, presentes en el capital desde que César Alierta, Emilio Botín e Isidre Fainé se mojaron (guiño al Gobierno incluido) para evitar la quiebra del primer grupo de medios del país.

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Como ha quedado patente, durante estos tres años, Monzón no logró aglutinar a un grupo de grandes fortunas nacionales que pusieran dinero a fondo perdido para españolizar el control de Prisa. Ya con el agua al cuello y viendo con envidia por el retrovisor lo que ocurría en Lagardere, la única alternativa capaz de saltar al ruedo fue la capitaneada por el empresario asturiano Blas Herrero (Kiss FM), más acostumbrado a pedir que a poner dinero. Quien sí lo ha puesto ha sido Bollore, un tiburón del Ibex francés, magnate de los medios y amigo íntimo del expresidente Nicolas Sarkozy.

A falta de dinero local, el mismo que podría haber puesto Botín (suyo o del banco), la solución de Prisa al empuje de Amber Capital podría haber sido política. Sin embargo, en ese campo, desde la Moncloa han visto con buenos ojos desde el principio un cambio en los equilibrios de poder, entendiendo que el viraje implicará una mayor apuesta editorial hacia los postulados de centro izquierda representados por el PSOE. Y no ha importado que eso implique, como refuerza la llegada de Vivendi, que el primer grupo editorial y de medios en español pase a manos extranjeras.

El caso Carrefour

Días atrás, ha tenido lugar otro 'affaire' corporativo en suelo francés que deja a las claras las diferencias entre ambos países. En este caso, la posible venta de Carrefour al grupo canadiense Couche-Tard quedó desactivada en cuanto el presidente Emmanuel Macron manifestó su oposición, valiéndose del marco legal vigente en Europa a raíz de la pandemia. Pero más allá de eso, el Elíseo se considera competente para decidir sobre un cambio que afecta al primer empleador privado del país y compañía bandera del sector de ‘retail’. Voz y voto en los sectores considerados estratégicos.

A falta de conocer su nueva estrategia, Amber necesita maximizar el valor de Prisa para recuperar su inversión, algo tan legítimo como lógico. Hasta ahora, parte de ese plan implica la división de la compañía en dos, Medios ('El País' y Cadena SER) y Educación (Santillana Latinoamérica). A falta de editores españoles con capacidad financiera, una solución española vía Vocento o Godó seguiría necesitando de dinero de terceros, algo que se trabajó de forma preliminar estos meses. Pero ni Prisa es Carrefour a ojos de Moncloa, ni Monzón atrajo al equivalente español de Arnault.

La batalla por el control de Prisa guarda profundos paralelismos con la pugna existente en Francia por hacerse con la manija del Grupo Largardere, un histórico conglomerado industrial (Airbus) con múltiples intereses en el sector de medios (Europe 1, 'Paris-Macht', Salvat, Hachette…). En ambas operaciones se replica el modelo: un gigante en decadencia tras la ausencia de su fundador (Jesús Polanco y Jean Luc Lagardere) afronta la llegada de inversores activistas (Amber Capital y Bollore-Vivendi) que cuestionan el 'statu quo' mantenido por sus herederos/gestores.

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