Por qué Mutua quiere comprar Altamar pero aún no lo sabe (o no puede)
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Por qué Mutua quiere comprar Altamar pero aún no lo sabe (o no puede)

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Ignacio Garralda. (EC)

Ignacio Garralda tiene un plan. Lo puso en marcha en 2018. Lejos de ampliar su exposición al negocio asegurador en nuestro país, ha optado por internacionalizar Mutua entrando en Chile y Colombia. Y, además, ha iniciado un viraje para convertir la vieja mutualidad madrileña en una compañía de servicios financieros. En esa carrera, la compañía se ha convertido en la mano caliente del mercado con las compras (o inversiones) en poco más de dos años de Alantra Wealth Management, EDM, Cygnus, Alantra Asset Management… y ahora en Orienta Capital.

Esta situación ha convertido Mutua en la primera elección para las gestoras y asesores que quieren cambiar de manos o vivir bajo el paraguas de un gigante con la promesa de seguir siendo independientes. Esta carrera por acumular patrimonio bajo gestión y fondos de inversión complementarios a los de Mutua la ejecuta Javier Mira con disciplina marcial, aunque sea a base de pequeños pasos en lugar de grandes operaciones, como habría supuesto un acuerdo con Abante Asesores (3.900 millones) o con ATL Capital (1.600 millones)… Pero no hubo trato.

Probablemente, el plan de Garralda para hacer un gigante no bancario de 25.000 millones contemplaba algún movimiento más transformador. El problema es que no hay muchas alternativas y eso limita las opciones de compra y las encarece (ha pagado casi 15 veces beneficio con el 20% de la gestora de Alantra), además de que no todo lo que hay ‘en venta’ es oro molido (Cygnus acumulaba tres años con disminución del patrimonio gestionado). Y en el caso de parecerlo, las pepitas son de un tamaño muy pequeño (Orienta factura 8,4 millones y gana limpio menos de uno).

Foto: La presidenta de El Corte Inglés, Marta Álvarez, en una junta. (EFE)

Mutua es ya un pequeño gigante entre los independientes con activos por 7.000 millones, por delante incluso de firmas más glamurosas como Bestinver. Sin embargo, en el mismo paseo de la Castellana, tiene sede otra gestora (antigua vecina) que este año cerrará con más de 8.000 millones gestionados. Sin hacer ruido y solo para clientes institucionales, José Luis Molina y Claudio Aguirre han hecho de Altamar Capital Partners (2004) algo único. No han inventado nada, pues hacen capital riesgo a través de fondos de fondos, pero fueron los primeros y son los que mejor lo hacen.

Aunque hay diferencias de modelo, el 'boom' de la gestión alternativa hace que cada vez más dinero vaya a manos de gestoras de 'private equity', lo que a su vez abunda en la complementariedad como negocio con el de las gestoras ‘convencionales’. En el caso de Altamar, a medida que su 'performance' ha demostrado credenciales (cinco fondos liquidados con TIR de doble dígito) y que su gobierno trasciende a los dos fundadores (20 socios), el dinero institucional (al principio solo nacional) llama a más dinero institucional (ahora ya de Latam y Europa) cual círculo virtuoso.

Las magnitudes de Altamar, detalladas en algún momento por Aguirre a su homólogo Garralda en el transcurso de algún encuentro no muy lejano, debieron hacer pensar a la Mutua que sus opciones para intentar algo son remotas, sobre todo si tiene que aplicar las magnitudes del sector (StepStone Group saltó en septiembre al Nasdaq a un múltiplo de 35 veces beneficio) y sumar luego el ‘carried interest’ de los directivos vinculado al éxito de los fondos, un dinero no incluido en la cuenta de resultados de la firma, que ganará este 2020, pese a la crisis, un récord de casi 10 millones.

Foto: Ignacio Garralda, presidente de Mutua Madrileña. (EFE)

Inspirado en el modelo de Harbourvest y creciendo a un ritmo del 30% en el último lustro, los planes de Altamar coinciden con los de Mutua: llegar a los 25.000 millones bajo gestión. Aguirre, con 65 años a sus espaldas, se pone un horizonte de otros cinco años para culminar el inesperado éxito de su proyecto, del que solo tiene un 20%, con el tamaño y tracción suficiente para salir a bolsa. Aunque eso será siempre que no haya una mano caliente del mercado dispuesta a pagar más y convencer a la mayoría de socios de las bondades de integrarse en un nuevo proyecto.

Mientras tanto, otras aseguradoras como Mapfre intentan abrirse camino bajo la estela de Mutua. Los rojos de Antonio Huertas lo hicieron con Abante, aunque solo con el 10%, mientras que a otras compañías del sector como Santa Lucía les llegan las oportunidades en circulación como la de ATL en tercera vuelta. Nada que ver con el caso de Andbank, con más de 10.000 millones administrados, que se encuentra cómoda en su rol de última opción para aquellos que no encuentran comprador. Es otra forma de participar en el juego de la consolidación muy alejada de la chequera de Mutua.

Ignacio Garralda tiene un plan. Lo puso en marcha en 2018. Lejos de ampliar su exposición al negocio asegurador en nuestro país, ha optado por internacionalizar Mutua entrando en Chile y Colombia. Y, además, ha iniciado un viraje para convertir la vieja mutualidad madrileña en una compañía de servicios financieros. En esa carrera, la compañía se ha convertido en la mano caliente del mercado con las compras (o inversiones) en poco más de dos años de Alantra Wealth Management, EDM, Cygnus, Alantra Asset Management… y ahora en Orienta Capital.

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