Heridas de guerra entre García-Carranza y Clemente por el dividendo de Merlin
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Heridas de guerra entre García-Carranza y Clemente por el dividendo de Merlin

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Ismael Clemente. (EC)

El dinero siempre está en medio de los principales desencuentros. Esta vez, ha sido vía dividendo y en un contexto como el provocado por la pandemia. Nada que no haya podido pasar en cualquier compañía, pero más sonado si tiene lugar en el Ibex 35 y en el seno de la socimi cotizada más importante del mercado. Y así ha ocurrido en Merlin Properties, donde se ha librado un pulso soterrado entre Ismael Clemente, fundador y consejero delegado, y el presidente, Javier García-Carranza, representante del Banco Santander como primer accionista, con un 22% del capital.

La suspensión de casi un tercio del dividendo con cargo a 2019 (0,17 euros por acción), anunciada a comienzos de abril y en tónica con muchas cotizadas, terminó convirtiéndose en una discrepancia estructural entre los gestores de Merlin y su jefe. El tridente formado por Clemente, Miguel Ollero (COO) y David Brush (CIO) era partidario de una política más prudente, enfocada a aliviar la carga financiera de la compañía (5.200 millones), para evitar posibles complicaciones en el mercado de deuda (para España) una vez desaparezcan las coberturas desplegadas a raíz de la crisis.

Santander ha querido desde el primer momento, y a tenor de los números de Merlin, que ha mantenido una tasa de ocupación próxima al 95% y un incremento de rentas de casi el 5%, el cumplimiento del compromiso de ‘pay back’ anunciado en febrero de 2020, como sí ha hecho Colonial, aunque con un dividendo mucho más modesto. Sin embargo, pese a ser el accionista de referencia (gracias a la fusión de Metrovacesa), no controla el consejo de administración, donde además de la presidencia de García-Carranza tiene otros dos asientos sobre un total de 14.

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Desde que las diferencias quedaron expuestas, Clemente y García-Carranza han mantenido un tenso pulso de puertas adentro, mientras que de puertas afuera la marejada comenzó a trascender a la vuelta del verano, después de varias manifestaciones públicas de los gestores sobre la conveniencia de cambiar la política de retribución de las socimis. Lo que nadie sabía entonces era la bronca interna que había con el Santander, a quien su participación en Merlin no lo saca de pobre, pero le renta más que su propio negocio ordinario, razón por la que aún mantiene ese 22%.

Este último enganchón ha puesto de manifiesto lo que muchos ya saben en el mercado: el deseo de Clemente y compañía de cambiar su estructura de capital, una vez que ya han pasado por el peaje de aceptar al Santander como compañero de viaje para engordar Merlin en tiempo y forma durante unos años. Pero deseo y realidad no siempre van de la mano y, aunque ya han sonado nombres mucho más alineados con sus preferencias como el de Brookfield, el ánimo vendedor del Santander solo puede activarse con ofertas en torno a 12 euros por acción (su valoración en libros).

García-Carranza ha tratado de torcer el brazo de Clemente para mantener sin cambios la política de dividendos, apretando donde ha podido

En este tiempo de tiras y aflojas, con minusvalías latentes de casi el 50% en su participación, García-Carranza ha tratado de torcer el brazo de Clemente para mantener sin cambios la política de dividendos apretando donde ha podido. Pese a las discrepancias, han cerrado la batalla en tablas, de manera que el último tramo a pagar del dividendo será para amortizar deuda, pero la guerra entre ambos sigue abierta. Por eso, durante los últimos meses, las especulaciones sobre la posibilidad de que el ejecutivo de Valencia de Mombuey rompiera la baraja han estado encima de la mesa.

Aunque Moody’s y Standard & Poor's mantienen buenas opiniones sobre el riesgo de su deuda, esta pandemia ha provocado la salida en masa de dinero estadounidense, con recomendaciones de venta de Citi, Goldman Sachs y Bank of America, lo que ha penalizado la cotización de Merlin a mínimos de 5,75 euros por acción a finales de noviembre. Por suerte para la socimi, el relato de Clemente, pero sobre todo sus números, sigue teniendo adeptos en el mercado, aunque por delante tenga un nudo gordiano como el del Santander. Pero eso ya hubo quien se lo advirtió hace años.

El dinero siempre está en medio de los principales desencuentros. Esta vez, ha sido vía dividendo y en un contexto como el provocado por la pandemia. Nada que no haya podido pasar en cualquier compañía, pero más sonado si tiene lugar en el Ibex 35 y en el seno de la socimi cotizada más importante del mercado. Y así ha ocurrido en Merlin Properties, donde se ha librado un pulso soterrado entre Ismael Clemente, fundador y consejero delegado, y el presidente, Javier García-Carranza, representante del Banco Santander como primer accionista, con un 22% del capital.

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