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Batacazo en Indra: vencer sin convencer... y sin ni siquiera pretenderlo
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Caídas de hasta el 20%

Batacazo en Indra: vencer sin convencer... y sin ni siquiera pretenderlo

La compañía se hunde en bolsa tras una maniobra de la SEPI y sus aliados para reventar la oposición a unos planes que siguen generando recelos entre los inversores

Foto: Imagen: EC.
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Las luchas de poder son una constante en los mercados financieros. Y para los accionistas de Indra no representan, ni mucho menos, una novedad. Pero sobre el parqué cunde la sensación de que el movimiento orquestado por el Gobierno para hacerse con el control de la compañía, con la connivencia de Amber y SAPA, representa un antes y un después en la historia del grupo industrial.

En solo una mañana, más de 4,6 millones de títulos de Indra han cambiado de manos, sextuplicando la media reciente de negociación de la compañía. La valoración de la compañía, que ya el jueves retrocedió un 3,7%, se hundió este viernes cerca de un 15%, tras llegar a caer casi un 20% (tocando así sus niveles más bajos en un año), mientras se acumulan los recortes de recomendación por parte de las distintas casas de análisis (Gaesco, Oddo, Mirabaud, Kepler…).

Los sucesos de la junta de accionistas del jueves, en los que la SEPI y sus aliados descabezaron a sus opositores en el consejo al más puro estilo 'Juego de tronos' (como señala en una nota a clientes el analista de Mirabaud Manuel Lorente), representan la continuación de una secuencia iniciada en la primavera de 2021, con el reemplazo de Fernando Abril-Martorell por el afín al Gobierno Marc Murtra y que han tenido como hitos destacados la salida de Cristina Mataix, una de las dos consejeras delegadas del grupo; el refuerzo de la SEPI como accionista mayoritario; la entrada de SAPA y Amber en el capital, y, ahora, la destitución de una serie de consejeros independientes que se habían mostrado poco complacientes con las pretenciones del máximo accionista. El resultado final es una compañía sometida de forma creciente a los designios de un único accionista, cuyas prioridades cabe entender que no se rigen por criterios puramente económicos.

Cabe entender que las prioridades de los dueños de Indra no se rigen por criterios económicos

Las injerencias políticas no son, por tanto, una novedad en el relato de Indra. Y, en cierto modo, puede entenderse que así sea, al tratarse de una compañía que opera en ámbitos tan sensibles como la Defensa, lo que justifica la histórica presencia de la SEPI en su capital (del mismo modo que los gobiernos de Italia y Francia mantienen posiciones destacadas en el capital de Leonardo y Thales, respectivamente). El esperado incremento del gasto en Defensa por parte de los gobiernos europeos en los próximos años no hace sino acrecentar la importancia de este tipo de actores.

Todo esto implica que cualquier inversor que haya decidido apostar por Indra en los últimos años lo ha hecho a sabiendas de estar sometido a un riesgo evidente (y, hasta cierto punto, legítimo) de intervencionismo gubernamental.

Foto: Marc Murtra, CEO de Indra. (Getty/Europa Press/David Zorrakino)

Pero las maniobras más recientes se han desarrollado bajo unos modos sorprendentes y poco decorosos que no hacen sino avivar los interrogantes sobre las intenciones que los sustentan. No deja de resultar llamativo que el presidente de la CNMV, Rodrigo Buenaventura, haya calificado como “preocupante” lo sucedido en la junta del jueves, mientras algunas voces en el mercado reclaman que el organismo regulador estudie si ha habido algún tipo de concertación entre accionistas que pudiera hacer obligatorio que la SEPI lanzara una opa sobre el total de las acciones de Indra.

En el lapso de poco más de un año, Indra ha dejado de ser una empresa regida con unos criterios profesionales que habían ayudado a dejar atrás un turbulento pasado a ser un grupo pilotado por una serie de personas de limitada experiencia en el negocio y, aparentemente, con una alineación de intereses total con el máximo accionista, que deja en posición vulnerable a cualquier inversor que discrepe de los mismos (el fondo noruego Norges, sin ir más lejos, que se opuso en la junta a las maniobras de la SEPI). Y no deja de resultar igualmente llamativa la total alineación de un fondo como Amber con los planes del Ejecutivo, al que ha prestado un valioso apoyo cuya motivación permanece entre las incógnitas más oscuras de este culebrón. Huelga decir que, entremedias, el grupo ha pisoteado los estándares de gobernanza más esenciales, insertos en los criterios ESG que rigen con cada vez más fuerza en el mundo de la inversión.

En este culebrón, la empresa ha pisoteado los estándares de gobernanza más esenciales

Aunque la SEPI no ha sido explícita sobre sus intenciones al desarrollar todos estos movimientos, existen suficientes indicios para imaginar que, una vez eliminado cualquier freno, la sociedad dependiente del Ministerio de Hacienda situará a Indra al frente de un movimiento de consolidación en el sector, en el que los nombres de ITP y Navantia figuran marcados en rojo, a pesar de los recelos que siempre ha mostrado el mercado ante esta posibilidad.

Las tendencias del negocio y las perspectivas de la industria habían hecho de Indra una de las apuestas predilectas de los inversores en el parqué español en los últimos tiempos, incluso a pesar de las primeras señales de un creciente intervencionismo público. Pero, a medida que el Gobierno ha ido quitándose de en medio cualquier freno a sus planes, la confianza de los inversores se ha ido agrietando. Hoy, el porcentaje de recomendaciones de compra sobre las acciones de Indra ha caído a sus niveles más bajos desde finales de 2018 y, como observa Manuel Lorente (Mirabaud), la cuestión no es ya a cuánto pueden llegar las caídas, sino cuánto le costará a la compañía recuperar el crédito perdido en los mercados.

“Vencerán, pero no convencerán”, advirtió el jueves Alberto Terol, uno de los consejeros destituidos por la SEPI y sus aliados. En lo que se refiere al mercado, la misión se antoja complicada. Aunque, vistas las formas empleadas, tampoco parece que sea la prioridad de quienes ya pueden llevar, sin distracciones, las riendas de Indra por los caminos que más les apetezca.

Las luchas de poder son una constante en los mercados financieros. Y para los accionistas de Indra no representan, ni mucho menos, una novedad. Pero sobre el parqué cunde la sensación de que el movimiento orquestado por el Gobierno para hacerse con el control de la compañía, con la connivencia de Amber y SAPA, representa un antes y un después en la historia del grupo industrial.

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