La desconexión del BCE y los mercados: una ruptura que agrava el riesgo de la inflación
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Un mensaje confuso

La desconexión del BCE y los mercados: una ruptura que agrava el riesgo de la inflación

Aunque Lagarde intentó este jueves confirmar su compromiso con los estímulos, la reacción de los inversores evidencia que este mensaje no termina de calar

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Las dos almas del BCE se dejaron sentir al mismo tiempo este jueves, en Fráncfort, llevando la confusión de los mercados a límites extremos. El mensaje lanzado por la presidenta del banco central, Christine Lagarde, dejó pistas que apuntaban hacia las más diversas direcciones, amparando que, donde algunos expertos leían el firme compromiso de la institución con las políticas de estímulo monetario, otros percibían las señales de un cambio de guion ante la persistencia de las presiones inflacionarias.

“Inflación, inflación e inflación”, fue el resumen que hizo Lagarde de lo que había marcado la reunión del Consejo de Gobierno del BCE. Y no podía ser de otra manera en un momento en que el agudo avance de los precios se ha convertido en uno de los factores más determinantes de las perspectivas económicas de la región, arrojando un manto de dudas sobre lo que hasta hace poco no era más que confianza en una sólida recuperación.

El mismo día en que los índices de precios de España y Alemania alcanzaron sus niveles más elevados de las últimas tres décadas, Lagarde intentó convencer a los mercados de que la situación responde esencialmente a factores transitorios y que, por ende, no existen razones para un endurecimiento prematuro de la política monetaria, como el que parece asumir actualmente el mercado. A juzgar por el sensible repunte del euro y las agitadas ventas de deuda soberana que siguieron a su mensaje, no se puede decir que tuviera éxito.

Foto: La vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño. (EFE)

Entre los inversores, hace ya semanas que se ha incrustado la sensación de que el actual repunte de los precios se apoya en factores que pueden convertirlo en un elemento estructural —desde los desequilibrios del mercado energético a causa de la transición verde a los efectos de la desglobalización, pasando por cuestiones demográficas o el giro hacia políticas igualitarias y sociales que se abre paso a nivel internacional—, y esta sensación difícilmente se disipará con las ambigüedades que enmarcaron el discurso de Lagarde.

Porque al mismo tiempo que trataba de remarcar el compromiso del banco central con los estímulos, se presentó con un comunicado mucho menos contundente en algunas de estas cuestiones (lo que puede entenderse como una señal de discrepancias internas), anticipó el fin del actual programa de compra de deuda contra la crisis (el PEPP) el próximo marzo, sin indicios de cualquier movimiento compensatorio, y rehusó señalar si los inversores se estaban adelantando en su previsión de una subida de los tipos de interés durante el próximo año. “No me corresponde a mí decirlo”, exclamó.

En esas circunstancias, Carsten Brzeski, responsable de Macro Global de ING, llegó a entender que “el BCE claramente está retractándose de su visión totalmente convencida de que la inflación es transitoria”. Según esta perspectiva, el BCE, en paralelo al resto de bancos centrales internacionales, estaría reconsiderando la visión de que ir por detrás de la curva es menos peligroso que hacer un endurecimiento prematuro de las condiciones monetarias. “El BCE no quiere realmente terminar en una situación en que tenga que reconocer que se equivocó en que la inflación sería transitoria y tenga luego que reaccionar con rapidez y con toda su fuerza”, apunta Brzeski. Si este cambio de sesgo se reflejara de forma efectiva en la política monetaria del banco central de la eurozona en los próximos meses, los efectos podrían ser muy relevantes (especialmente para los países más dependientes del respaldo monetario, como es el caso de España o Italia).

Un cambio de sesgo del BCE pondría en una posición comprometida a España o Italia

Pero aún parece haber razones para esperar que, en efecto, la inflación actual en Europa, aunque más persistente de lo estimado inicialmente, acabe resultando transitoria, sin efectos preocupantes a largo plazo. Al fin y al cabo, como observan en Capital Economics, los últimos datos del mercado laboral en la región ofrecen indicios de un retorno de la fuerza laboral ‘perdida’ durante la pandemia, lo que debería ayudar a contener las subidas salariales.

Asimismo, aunque pueda llegar a su término el PEPP, son mayoría las firmas de análisis que prevén que, en su lugar, el BCE anunciará un incremento de las cantidades destinadas a su plan de compras original, el APP, hasta el entorno de los 40.000 millones de euros al mes, el doble de lo actual.

Lo más preocupante, sin embargo, es la sensación de que el BCE ha ido perdiendo la conexión de unos mercados que ya no creen en sus mensajes esenciales y se han acostumbrado a interpretar señales ocultas que vendrían a contradecirlo. El de la inflación tradicionalmente se ha entendido como un problema, principalmente de expectativas. Cuanto más seguros estén los agentes económicos de que la presión de la inflación no será duradera, más incentivos tendrán para soportarlos sin reclamar subidas de precios o de salarios. La pérdida de fe que empieza a reflejar el mercado en las intenciones de Lagarde y compañía supone una noticia tan preocupante al menos como los propios datos de inflación.

Las dos almas del BCE se dejaron sentir al mismo tiempo este jueves, en Fráncfort, llevando la confusión de los mercados a límites extremos. El mensaje lanzado por la presidenta del banco central, Christine Lagarde, dejó pistas que apuntaban hacia las más diversas direcciones, amparando que, donde algunos expertos leían el firme compromiso de la institución con las políticas de estímulo monetario, otros percibían las señales de un cambio de guion ante la persistencia de las presiones inflacionarias.

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