Más liquidez para IAG (-7%): un doloroso regreso al presente
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800 millones en bonos convertibles

Más liquidez para IAG (-7%): un doloroso regreso al presente

Las acciones del grupo sufrieron un descalabro superior al 7% tras anunciar un nuevo movimiento para obtener liquidez con la que hacer frente a los desafíos actuales

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IAG es una compañía que se ha habituado a vivir en el futuro, al menos en términos bursátiles. Y es que solo con una visión muy a largo plazo se pueden explicar las ganancias cercanas al 130% que acumulan en los últimos seis meses las acciones del grupo aéreo, que la semana pasada anunció unas pérdidas durante el primer trimestre de 2021 por valor de 1.067 millones de euros, que se suman a los números rojos de casi 7.000 millones que registró el año anterior.

Un buen tono reciente sobre el parqué que se ve frenado de forma brusca este martes, con caídas que superiores al 7%, después de que la compañía anunciara la emisión de bonos no garantizados con vencimiento en 2028 por un monto total de 800 millones de euros.

Hace tiempo que las expectativas de una recuperación rápida del tráfico aéreo han quedado sepultadas por los persistentes estragos de la pandemia en Europa y tras emitir unas previsiones muy cautas en torno al desarrollo del segundo trimestre, los mejores escenarios pasan por una progresiva recuperación de la actividad a partir de la segunda mitad del año, que difícilmente bastará para evitar otro año de pérdidas milmillonarias.

Sin embargo, el grupo matriz de British Airways e Iberia ha sido capaz de atraer el interés de los inversores en el último medio año -en mayor medida que cualquiera de sus restantes rivales- con un relato que la convierte en una de las previsibles ganadoras del sector cuando la pandemia sea historia y la industria aérea recupere la mayor parte del brío perdido.

JPMorgan da a IAG un potencial de hasta el 30% por sus perspectivas a largo plazo

En un informe publicado hace apenas una semana, antes de la publicación de las cuentas del primer trimestre, los analistas de JPMorgan expresaban una visión muy optimista sobre las perspectivas de IAG, a la que otorgaban una valoración de 2,85 euros (casi un 30% por encima de sus niveles actuales), calificándola como "una atractiva inversión a largo plazo".

"Esperamos que 2021 siga siendo muy desafiante, pero las perspectivas para 2022 en adelante parecen prometedoras a medida que los viajes aéreos globales comienzan a normalizarse", resaltan antes de apuntar una serie de catalizadores a largo plazo para el negocio de IAG, entre los que resaltan su capacidad para generar una rentabilidad superior a sus competidores (esperan un margen ebit entre el 12 y el 15% a partir de 2023); los importantes ahorros de costes estructurales logrados durante la pandemia, que deben permitirle operar a los mismos costes unitarios prepandémicos cuando haya recuperado el 90% del tráfico de 209; y el potencial derivado de la adquisición de Air Europa, dado el "historial muy sólido en adquisiciones" del grupo.

Llegar a ese entorno, no obstante, supondrá anticipar "turbulencias". Y eso es precisamente lo que viven este martes los accionistas de la compañía con la mencionada emisión de bonos, equivalentes a un 6,6% de la capitalización del grupo al cierre del lunes. En un entorno de incertidumbre como el actual, asegurarse un colchón suficiente de liquidez para garantizar la operativa ha sido el objetivo esencial en el que se han centrado las principales aerolíneas europeas. E IAG ha sido una de las más ágiles en este terreno, sin necesidad de recurrir al capital público, como sí ha sido el caso de varios de sus rivales.

La posición financiera de IAG al término del primer trimestre parecía cómoda

Pero precisamente si algo positivo se desprendía de sus cuentas del primer trimestre era que, a pesar de seguir quemando caja a un ritmo de casi 200 millones semanales, el grupo hispano-británico contaba aún con un colchón de liquidez cercano a los 10.500 millones de euros que parecía suficiente para gestionar esas turbulencias, sobre todo ante la perspectiva de que la mejora del ritmo de vacunación en Europa y los primeros pasos dados para restablecer el tráfico aéreo con Estados Unidos deberían favorecer una temporada estival mucho más sólida que lo que se ha mostrado el negocio en los últimos trimestres.

Sin embargo, el grupo ha estimado oportuno seguir asegurándose capital con el que hacer frente a cualquier necesidad que pueda surgir, aún a costa de infligir un nuevo daño a sus inversores actuales, en forma de dilución de sus participaciones. "Con el fin de las restricciones y la recuperación de la demanda, la compañía va a tener que aumentar la capacidad ofertada para poder satisfacer este incremento de la demanda. Esto supone un aumento de la partida de costes", explica Jaime Pallarés, analista de GVC Gaesco, para quien, a pesar de que la compañía parece estar en una posición financiera cómoda, es razonable que la compañía siga haciendo esfuerzos adicionales para reforzar su balance, en previsión de cualquier evento extraordinario.

Para los inversores este movimiento supone el recuerdo de que cualquier apuesta enfocada en un futuro lejano, por muy bien asentada que parezca, debe superar la prueba de los desafíos presentes. Y en el caso de las aerolíneas, y más en concreto de IAG, estos no son reducidos. Atravesarlos con otros 800 millones a su disposición le otorga mayores garantías para llegar al destino deseado, pero a costa de una sensible muesca en las perspectivas de ganancias de sus actuales accionistas.

IAG es una compañía que se ha habituado a vivir en el futuro, al menos en términos bursátiles. Y es que solo con una visión muy a largo plazo se pueden explicar las ganancias cercanas al 130% que acumulan en los últimos seis meses las acciones del grupo aéreo, que la semana pasada anunció unas pérdidas durante el primer trimestre de 2021 por valor de 1.067 millones de euros, que se suman a los números rojos de casi 7.000 millones que registró el año anterior.

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