El diseño del nuevo BBVA: ¿es suficiente un ajuste de 3.000 empleados?
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El diseño del nuevo BBVA: ¿es suficiente un ajuste de 3.000 empleados?

BBVA tiene ante sí la oportunidad de acelerar su transformación y empezar a plasmar en sus números las ventajas de la apuesta tecnológica que viene desplegando desde hace años

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BBVA se prepara para poner cifras a su ajuste. El próximo viernes 16 de abril es la fecha elegida para el primer encuentro entre la dirección del banco y los sindicatos para comenzar las negociaciones de lo que se ha planteado como una restructuración de calado, que podría suponer una reducción de plantilla y oficinas a ritmos muy superiores a los vistos en los últimos años.

A falta de números oficiales, las primeras informaciones, publicadas por 'Expansión', cifraban en unos 3.000 puestos de trabajo el recorte a ejecutar por el grupo, mientras que el número de oficinas a cerrar podría elevarse a 600, según fuentes consultadas por este periódico. Esto supondría la marcha de más del 10% de sus empleados y la clausura de casi una de cada cuatro sucursales, números que evidenciarían la clara voluntad de acelerar la transformación del grupo, aprovechando el margen de capital con que cuenta el grupo, tras la reciente venta de su filial estadounidense.

Foto: Carlos Torres, presidente de BBVA. (EFE)

El momento parece propicio, y no solo por la señalada capacidad financiera para absorber un coste de restructuración, que las distintas firmas de análisis estiman que podría ubicarse en el entorno de los 1.000 millones de euros (y hasta 1.600 millones, según los cálculos de Alantra, que estima una serie de ajustes adicionales). La crisis del coronavirus ha supuesto un claro impulso al negocio digital de las entidades, y ese es un terreno en el que precisamente BBVA ha presumido de estar a la vanguardia: en su última presentación de resultados, la entidad que preside Carlos Torres anunció que el número de clientes digitales había alcanzado los 37 millones (un 63% del total), tras crecer un 16% en 2020, y que casi dos tercios de sus ventas unitarias se ejecutan por canales digitales.

Los fondos de la venta en EEUU facilitan un ajuste a un ritmo superior al habitual

Y esta es una tendencia que inevitablemente parece destinada a seguir avanzando, lo que lleva a algunos analistas del sector financiero a estimar que hoy en día y a pesar del fuerte ajuste ejecutado en los últimos años aún son prescindibles hasta el 40% de las oficinas bancarias en España.

Partiendo de estas bases, un ajuste como el planteado para BBVA puede verse como un movimiento contundente, pero ni mucho menos parece excesivo. A cierre del pasado ejercicio, la entidad registraba unos 29.330 empleados en España y 2.482 sucursales, unas cifras que arrojan una ratio de casi 12 trabajadores por oficina, una proporción que excede en mucho las que muestran sus principales rivales en España, Santander y CaixaBank (tanto en solitario como incluidas ya las cifras de Bankia).

Foto: Oficina de BBVA en Bilbao. (EFE)

Esta, obviamente, es una comparativa inexacta, ya que la cifra de trabajadores del banco con sede en Bilbao, al igual que la de sus competidores, incluye a personal destinado en filiales que no forman parte del negocio específico bancario (se estima que la plantilla actual del negocio bancario de BBVA España comprendería unas 23.300 personas), pero puede dar una idea de cómo el banco de Torres Vila ha sido hasta la fecha menos ágil que sus rivales a la hora de adaptarse a la nueva realidad bancaria. De hecho, la plantilla actual del banco en territorio español (tras absorber Unnim y CatalunyaCaixa) es hoy ligeramente superior a la que registraba al inicio de la crisis financiera en 2008. Mientras tanto, Santander, que en este lapso incorporó al equipo de Popular, ha rebajado su plantilla total en España en cerca de 3.000 efectivos, alrededor del 10% de su masa laboral hace 12 años.

Si la reestructuración de BBVA se ajustara a los términos planteados, con una ratio mucho mayor de cierre de oficinas que de reducción de plantilla, la media de trabajadores por sucursal aún se elevaría sustancialmente. Y hasta cierto punto es lógico que así sea, si se asume que el negocio bancario cada vez se desplaza en mayor medida hacia los canales digitales. Por eso, tal vez resulte más elocuente la relación entre el número de empleados y el margen neto del negocio en España, una medida en la que el banco azul también sale perdiendo respecto a sus rivales, incluso asumiendo ya la salida del 10% de la plantilla. Ni siquiera duplicar ese ajuste pondría el banco a la par con Santander. No es de extrañar que entre los bancos del Ibex solo Bankia presentara a cierre de 2020 una ratio de eficiencia peor que la de BBVA.

Tras incorporar Unnim y CX, la plantilla de BBVA hoy es casi idéntica a la de 2008

BBVA tiene ante sí la oportunidad de impulsar su adaptación a los nuevos tiempos del sector, dando un empuje a la reestructuración de un sector que lleva muchos años tratando de taponar sus heridas con medidas que hasta ahora siempre han acabado mostrándose como remiendos temporales y nunca como soluciones definitivas. Es probable que en el paso que ahora se dispone a dar tampoco pueda verse la última estación de la transformación radical que viene experimentando su negocio, como el del conjunto de la banca. Pero sí puede suponer un paso significativo que sitúe el banco en una posición adelantada para afrontar los desafíos del futuro bancario y que muestre al fin en sus cifras de rentabilidad las ventajas de la apuesta tecnológica que lleva años desplegando.

Un paso que, evidentemente, conllevará, una vez más, un doloroso coste en forma de pérdidas laborales, que se sumarán a las de otros procesos de ajuste en marcha (CaixaBank planteará hasta 8.500 despidos tras su integración con Bankia) para agravar la negativa deriva en este sentido de un negocio que un día fue uno de los grandes motores de empleo de calidad en España y que hoy supone una brecha que no deja de supurar.

BBVA se prepara para poner cifras a su ajuste. El próximo viernes 16 de abril es la fecha elegida para el primer encuentro entre la dirección del banco y los sindicatos para comenzar las negociaciones de lo que se ha planteado como una restructuración de calado, que podría suponer una reducción de plantilla y oficinas a ritmos muy superiores a los vistos en los últimos años.

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