La recompra de acciones de BBVA: un guiño a los inversores que no descarta a Sabadell
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La recompra de acciones de BBVA: un guiño a los inversores que no descarta a Sabadell

El empleo de hasta 2.600 millones de euros en la remuneración de sus accionistas no agota el potencial del banco para asumir la compra de su rival si se retomara la negociación

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Es probable que la dirección de BBVA esperara que los inversores brindaran una acogida mucho más calurosa al guiño que les ha ofrecido este viernes, en forma de promesa de una recompra de acciones de hasta un 10% de su capital, lo que representaría una retribución de alrededor de 2.600 millones de euros. Pero el movimiento ha quedado lejos de impresionar a los inversores, a juzgar por las caídas en el entorno del 3% que registraban sus acciones a media sesión.

Entre las entidades financieras ha cundido la sensación de que el veto a sus dividendos impuesto por los reguladores a partir de la crisis del coronavirus les ha dejado sin una palanca fundamental de atracción para los inversores, lo que explicaría en buena parte su lastimoso desempeño bursátil el pasado ejercicio. Así se entiende que a los primeros indicios de una mayor permisividad por parte del BCE, la mayor parte de las entidades se haya lanzado con fruición a ofrecer a sus accionistas jugosas remuneraciones.

La llamativa propuesta de BBVA, sin embargo, no ha sido suficiente para ocultar algunas cifras en sus cuentas que no han terminado de convencer a los inversores. Aunque los beneficios del ejercicio han acabado superando las estimaciones, por una menor necesidad de provisiones, la debilidad de los márgenes refuerza la idea de un entorno de mercado poco favorable y que, en el caso de la entidad que preside Carlos Torres, se ve agravado por un mix geográfico (en plena transformación) que suele dejar su huella a través de un marcado impacto de las divisas.

La mejora del beneficio no ha ocultado la debilidad que se desprende de los márgenes

Con esos ingredientes, y sin perder de vista que las acciones de la entidad acumulan un retorno superior al 75% en apenas cuatro meses, puede entenderse el escepticismo de unos inversores, que parecen esperar pasos de mayor trascendencia en el futuro de la entidad. Movimientos que deben ir encaminados a dar forma a un BBVA más capacitado para afrontar los desafíos a los que aún se enfrenta el sector y que, en el caso de la entidad de origen vasco, suelen plantearse en términos de fusiones o adquisiciones, con España como principal mercado objetivo

Los fundamentos de esta idea parecen claros: la reciente unión de CaixaBank y Bankia hace pertinente para BBVA ganar tamaño en el mercado nacional, si no quiere quedar algo descolgado frente a sus grandes competidores. Además, tras la venta de su negocio en Estados Unidos, el banco presenta una dependencia de los mercados emergentes (principalmente México y Turquía) que muchos analistas consideran excesiva. La posibilidad de obtener cuantiosas sinergias a través, principalmente, de los ajustes de capacidad es, obviamente, otro gran aliciente en un momento en que la rentabilidad se muestran tan esquiva para el sector.

Foto: Carlos Torres, presidente de BBVA. (Reuters)

Desde la ruptura de las negociaciones con Sabadell el pasado noviembre, se había planteado que BBVA podría emplear el exceso de capital obtenido tras la desinversión en Estados Unidos con una recompra de acciones que ahora toma forma. Sería erróneo, sin embargo, asumir que este paso cierra de forma definitiva el camino de la fusión.

Antes de la venta del negocio estadounidense fueron varias las firmas de análisis que advirtieron de que la integración del banco de Carlos Torres y el de Josep Oliu podía encallar en las necesidades de capital a las que podrían enfrentarse,para asumir los gastos de la operación.

El banco aún tendría un exceso de capital 2,5 veces superior al valor de Sabadell

Sin embargo, los elevados ingresos obtenidos con aquella operación (unos 9.700 millones de euros) han dotado a la entidad de una holgura financiera suficiente para acometer una operación de este tipo, incluso después de acometer el anunciado plan de recompra de acciones. Se calcula que tras esa remuneración BBVA aún contaría con más de 5.000 millones de exceso de capital, lo que supone unas 2,5 veces el valor actual de mercado de Banco Sabadell.

Aquella primer aproximación se fue al traste por una serie de desavenencias, en las que las valoraciones de uno y otro banco jugaron un papel esencial. No hay evidencias de que los móvimientos bursátiles registrados desde entonces (ligeras ganancias para BBVA, caídas próximas al 10% para Sabadell) puedan hacer más fácil a día de hoy un acuerdo en este sentido. Es posible que algunas cuestiones clave -como la desinversión de Sabadell en Reino Unido- deban ser resueltan antes de abordar un segundo intento y puede, incluso, que esta operación nunca llegue a retomarse.

Pero si BBVA no vuelve a mover ficha en los próximos meses no se podrá achacar a la recompra anunciada este viernes. Esta retribución no agota el poder financiero de la entidad de Carlos Torres ni mucho menos anula los argumentos a favor de la posible fusión. La poco agradecida acogida que le han brindado brindado los inversores parece una clara evidencia de esto.

Es probable que la dirección de BBVA esperara que los inversores brindaran una acogida mucho más calurosa al guiño que les ha ofrecido este viernes, en forma de promesa de una recompra de acciones de hasta un 10% de su capital, lo que representaría una retribución de alrededor de 2.600 millones de euros. Pero el movimiento ha quedado lejos de impresionar a los inversores, a juzgar por las caídas en el entorno del 3% que registraban sus acciones a media sesión.

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