¡Abajo la democracia! ¡Arriba las bolsas!: la reacción del mercado al asalto al Capitolio
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Los inversores ignoran la tensión

¡Abajo la democracia! ¡Arriba las bolsas!: la reacción del mercado al asalto al Capitolio

En la tarde noche de este miércoles, mientras el propio sistema democrático de la mayor potencia del mundo se veía amenazado, Wall Street avanzaba impasible hacia niveles récord

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Montaje: EC

Con frecuencia, los mercados ponen muy difícil la interpretación de sus reacciones. Esta no parece una de esas ocasiones, por más que la aparente indiferencia de los inversores pueda causar estupefacción vista desde fuera.

En la tarde noche de este miércoles, mientras el propio sistema democrático de la mayor potencia del mundo se veía amenazado por el asalto al Capitolio de los partidarios de Donald Trump, Wall Street avanzaba impasible hacia niveles récord. Un optimismo prolongado este jueves por las bolsas asiáticas y, aunque de forma más modesta, por las europeas.

No es esta, ni mucho menos, la primera ocasión en que se acusa a los mercados —que es lo mismo que apuntar a millones de inversores en todo el mundo— de dar la espalda a las realidades sociales y las cuestiones morales. El dinero apostado en los mercados financieros internacionales tiene, sin duda, como principal objetivo generar rendimientos, un fin que permite relegar a un segundo plano cuestiones de impacto social si se entiende que no alteran la perspectiva de ganancias. Por muy al alza que se encuentren los factores de responsabilidad social en el mundo de la inversión están aún muy lejos de resultar determinantes.

Nadie apostaría su dinero a Wall Street si temiera un periodo prolongado de tensión

En cualquier caso, no cabe engañarse sobre la capacidad del dinero de abstraerse de ciertas amenazas sociales. Nadie en sus cabales apostaría su dinero en la economía estadounidense si pensara que el país se dirige hacia un periodo prolongado de turbulencias, con perspectivas de desgarrar su sociedad. Esto significa, necesariamente, que, si los inversores protagonizaron este miércoles —y apuntan a hacerlo de nuevo este jueves— un ejercicio de confianza en la renta variable estadounidense, es porque entendieron que los alarmantes sucesos de Washington no son más que los estertores —por muy ruidosos que resulten— de una etapa que concluye, la del trumpismo, tras su incontestable derrota electoral.

Una derrota agigantada por los resultados de las elecciones al Senado en Georgia, que han acabado entregando también el control de esta Cámara al Partido Demócrata. Y ahí reside una de las razones del optimismo con el que han encarado estas últimas jornadas los inversores tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

El relato de la "ola azul" demócrata, que ya imperó en las semanas previas a las elecciones del pasado 3 de noviembre, vuelve a emerger para ofrecer unas perspectivas que agradan al mercado: un mandato de Joe Biden con el poder suficiente para sacar adelante sus proyectos de estímulos y expansión fiscal, pero con un margen limitado que le impedirá llevar sus planes en materia de impuestos o regulación al extremo.

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"La mayoría de los demócratas es la más estrecha posible, y los senadores demócratas más centristas y testarudos probablemente diluirán la agenda de Biden donde se requiere la aprobación del Senado. Por ejemplo, no es seguro que las subidas del impuesto de sociedades previstas para financiar más gasto público se lleven a cabo según lo planeado", explica David A. Meier, economista de Julius Baer.

El auge de las expectativas de inflación que lleva aparejado ese escenario refuerza las perspectivas de algunos sectores como el financiero, ansiosos por recuperar el terreno perdido en los últimos tiempos.

La promesa de Donald Trump, emitida esta misma mañana, de que facilitará una transición ordenada parece reforzar la confianza del mercado de que las imágenes vistas este miércoles no irán a mayores. Pero conviene no perder de vista que el asalto del Capitolio es la manifestación de unas actitudes arraigadas durante años y exacerbadas por la extendida opinión de que ha existido fraude en las elecciones. Y que, aún sin Trump en la Casa Blanca, podrían seguir revelándose en forma de episodios de tensión que acabarían, inevitablemente, haciendo mella en la imagen de Estados Unidos y en la confianza de los inversores.

El episodio podría alentar al Partio Republicano a romper lazos con el trumpismo

Sin embargo, también podría verse como el acicate para que el Partido Republicano trate de romper lazos con su pasado más inmediato y busque en los próximos años una senda alejada de las formas más populistas y controvertidas que han caracterizado el mandato de Trump.

Si los inversores se muestran dispuestos a dar validez a esta posibilidad y a ignorar aquellos riesgos es, en gran medida, porque se encuentran a día de hoy ampliamente confortados bajo el escudo protector que sigue ofreciendo la avalancha de liquidez derramada sobre el mercado por parte de los bancos centrales. Una red de seguridad que justifica que, a falta de convulsiones realmente efectivas, el mercado se muestre, como señalan en Bankinter, "predispuesto a interpretar positivamente casi todo lo que ocurra".

Foto: Choque entre manifestantes y policía en las puertas del Capitolio. (Reuters) Opinión
El Capitolio en llamas
Rubén Amón

Se trata de la misma complacencia que ha llevado a ignorar episodios de violencia comparables (hasta cierto punto) como los asociados al movimiento Black Lives Matter o, en otro orden de cosas, el reciente empeoramiento de las condiciones sanitarias a nivel global. Una complacencia que conlleva, ciertamente, el riesgo de un ajuste brusco si los peligros se revelaran más serios de lo que se asume.

Episodios de violencia como los vividos este miércoles en la capital estadounidense resultan inevitablemente sobrecogedores y preocupantes para cualquiera que los observe como una grave manifestación de un creciente sentimiento antisistema, con capacidad para desestabilizar la convivencia política y social de la mayor potencia del mundo. Para los inversores, en cambio, difícilmente se convertirán en un motivo de inquietud mientras no demuestren de forma mucho más evidente ese potencial para generar problemas serios.

Con frecuencia, los mercados ponen muy difícil la interpretación de sus reacciones. Esta no parece una de esas ocasiones, por más que la aparente indiferencia de los inversores pueda causar estupefacción vista desde fuera.

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