INESTABILIDAD POLÍTICA

Un lío ‘mundial’: Italia, el euro y los pollos sin cabeza

Proponer a un euroescéptico como ministro de Economía ha hecho revivir los peores temores, pero la decisión del presidente Sergio Mattarela de vetarle aún ha echado más leña al fuego

Foto: Las bolsas europeas se desploman. (EFE)
Las bolsas europeas se desploman. (EFE)

“A ver qué hacen los italianos este verano sin mundial”, pensé hace unos meses, cuando la azurra se quedó fuera del próximo campeonato de Rusia. Porque la inestabilidad política, el desastre parlamentario, resulta tan típico del país transalpino como un buen plato de pasta o su característica elegancia. Pero eso de estar fuera de un mundial de fútbol… “A ver qué hacen”.

Pues de momento, 'liarla parda', que diría aquella. Y no es fácil en un país con tanta tradición de líos políticos. La bravata de proponer a un euroescéptico como ministro de Economía ha hecho revivir los peores temores, pero la decisión del presidente Sergio Mattarela de vetarle aún ha echado más leña al fuego. El fantasma de la ruptura del euro ha vuelto a salir del armario.

“Tendremos que soportar de nuevo sesudos artículos de la prensa anglosajona amenazándonos con la inminente muerte de la moneda común”, lamentaba ayer Josep Prats, gestor de Abante, en su blog en Finect. “Muy cansino”, añade, porque en su opinión no hay ‘caso euro’.

“No lo duden. Gane quien gane, diciendo lo que diga. Llegada la hora de la verdad, a ningún político italiano, por demagogo y populista que sea, se le ocurrirá pedir la vuelta a la lira y renunciar al euro. La prueba de los cajeros automáticos en Grecia fue definitiva”, añade Prats.

Era julio de 2015, cuando el planeta vivía pendiente de Atenas, donde Alexis Tsipras había convocado un referéndum para que el ‘pueblo’ decidiera si aceptaba el plan de rescate de Bruselas. Si salía no y Tsipras actuaba en consecuencia, Grecia saldría del euro. Y los votantes dijeron ‘no’, pero después de haberse pasado el fin de semana haciendo cola en los cajeros, para sacar su dinero por el temor a un corralito.

En España ningún partido candidato a gobernar cuestiona la moneda única, pero añade más ruido a la situación

El resto de la historia ya la conocen: Tsipras acabó aceptando el rescate, tras la dimisión de su incendiario Varoufakis, el inefable y peculiar profesor de Economía, que precisamente ayer volvió a los titulares, avisando de que lo de Italia acabará en referéndum sobre la pertenencia al euro. Ironías de la vida. Porca miseria.

“Qué cansino”, deben estar pensando otros muchos inversores, que en este caso optan por poner pies en polvorosa ante la escalada de tensión. Y a la mayor velocidad. El vertiginoso aumento de la prima de riesgo de Italia lo demuestra. Tanto en los plazos largos como en los más cortos. Y con efectos brutales.

Como muestra, lo del bono italiano a dos años, que hace dos meses cotizaba en negativo y ayer llegó a dispararse hasta niveles cercanos al 3%. Que para los ajenos al mundo financiero igual no parece mucho, pero para muchas carteras ha sido un golpe brutal. Y en el 10 años el salto del 1,8% al 2,9% también ha sido doloroso para muchas carteras. Por ejemplo, de muchos fondos de inversión conservadores, que confiaban en los intereses de la deuda italiana como fuente relativamente segura de la que obtener rentabilidad, con el menor riesgo posible, y que se han visto desarbolados con esta escalada de precios y tensión.

También le toca a España

Y, por si fuera poco, además llegó la moción de censura española. Algo menor en el contexto europeo, porque en España ninguno de los partidos candidato a formar gobierno cuestiona la moneda única, pero que añade más ruido a la situación.

Un calvario para los bancos, que tienen cargados sus balances de bonos de estos países. “Estamos reduciendo posiciones en acciones de bancos, tanto italianos como españoles”, reconocen desde una gestora española. “No parece que vayamos a ver tipos de interés más bajos a corto plazo, porque el BCE no va a salir al rescate. Al menos, no a las primeras de cambio”. Un mensaje, muy en la línea del deslizado en las últimas horas desde el banco central.

Y, por lo menos, no parece probable que lo hagan hasta que se vea una ralentización profunda del crecimiento en el resto de Europa, que pueda incluso acercar la temida recesión a nivel mundial. Pero el pulso está servido. Los bancos centrales creen que ya han hecho todo lo que debían en los últimos años, que ahora es el turno de los políticos de cada país, que siguen sin hacer las reformas necesarias.

Qué cansino todo, debe pensar Draghi. Y, encima, este año sin mundial.

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