sus consecuencias aún se notan

...Y parece que aún fue ayer: cinco años de la quiebra de Lehman Brothers

En la noche del 14 al 15 de septiembre de 2008, Lehman pasó a la historia. De forma literal, porque su quiebra dio a la crisis una dimensión monumental

Foto: ...Y parece que aún fue ayer: cinco años de la quiebra de Lehman Brothers

En la noche del 14 al 15 de septiembre de 2008, las autoridades estadounidenses firmaron el acta de defunción de Lehman Brothers. El cuarto mayor banco de inversión de Wall Street, una firma señera con 158 años a sus espaldas, era historia. Y su muerte, su quiebra, pasó a la historia, porque fue el epitafio a un fin de semana que ha quedado grabado a fuego en la memoria financiera. Su caída concedió definitivamente a la crisis una dimensión monumental; el colapso financiero que precipitó y su inmediato contagio a la economía real provocaron que pudiera hablarse ya de la Gran Recesión, un término heredado de la Gran Depresión posterior al crac de 1929. Con justicia, puesto que el final de la entidad presidida por Richard Fuld cebó la mayor crisis económica y financiera en ocho décadas. 

La onda expansiva fue inmediata. De la noche del viernes a la mañana del lunes, los mercados financieros vieron cómo uno de los principales eslabones del mercado financiero se volatilizaba. Ya no estaba al otro lado. Y eso, en un mundo en el que los vasos comunicantes entre las entidades financieras son los que mantienen el sistema en pie -unas son contrapartidas de otras, o financiadoras de otras, o tienen líneas de crédito cruzadas-, provocó un cortocircuito absoluto. Por eso no extrañó que, horas después de la quiebra de Lehman, la mayor aseguradora del mundo, AIG, levantara la mano para reconocer que no podía más; que o le mantenían con vida con un chute de dinero, o caía igualmente. Y ahí sí, en ese momento, las mismas autoridades que no habían acudido en auxilio de Lehman, suministraron 85.000 millones de dólares a AIG. Alegaron en su defensa que la aseguradora sí constituía un "riesgo sistémico"; es decir, que su ruina podía conducir a la de todo el sistema financiero. No sólo en EEUU, sino en todo el mundo. 

El misterio sigue en pie

¿Por qué AIG sí era una entidad "too big to fail" -"demasiado grande para caer"- y Lehman no? ¿Por qué no es impidió la quiebra de Lehman? Son las preguntas sin respuesta, las que, justo cinco años después, continúan alimentando el misterio. Hay dos versiones principales. La primera alude a la intención de las autoridades de querer escarmentar a uno de los grandes de Wall Street para lanzar un aviso al resto y presentarse ante la opinión pública, apenas tres meses antes de las elecciones de 2008, con el discurso de que no estaban dispuestos a salvar con el dinero de los contribuyentes a quien lo había hecho mal en el pasado; puro dilema de azar moral. De algún modo, fue la posición oficial, aunque AIG no tardó demasiado en desmontarla porque en su caso sí acudió dinero público al rescate. 

En cuanto a la segunda, contiene más dosis de leyenda. Tiene que ver con los protagonistas. Con nombres y apellidos. En concreto, con Fuld y con la persona que entonces ocupaba la secretaría del Tesoro en EEUU, Henry Paulson, que antes de acceder al cargo había sido consejero delegado de Goldman Sachs. O lo que es lo mismo, una de las entidades rivales de Lehman. Y esa leyenda cuenta que el orgullo de Fuld y la animadversión que Paulson sentían por él impidieron que acercaran sus posturas y alcanzaran un acuerdo que evitara la quiebra. Esas sospechas mencionan que Paulson no se volcó ni ofreció suficientes garantías para que prosperaran las postreras negociaciones que durante ese mismo fin de semana se llevaron a cabo con Barclays y Korea Development Bank para ver si alguna de las dos entidades compraba Lehman. Hubo más suerte con Merrill Lynch, otra de las firmas legendarias de Wall Street, que también entró en ese fin de semana en estado terminal y que el lunes volvió al mercado comprada ya por Bank of America. 

Duro contagio

Si el terremoto Lehman provocó sacudidas en las finanzas mundiales, las réplicas en la economía real resultaron igualmente tremendas, rápidas y globales. Con el sector financiero al borde del colapso, la actividad se paralizó. En el último trimestre de 2008, la economía estadounidense se contrajo a una tasa trimestral anualizada del 8,3%, la mayor en medio siglo, y en el primero de 2009 la Eurozona se contrajo un 2,8% intertrimestral y España, un 1,7%, en ambos casos registros sin precedentes. En cuanto al desempleo, comenzó a acelerarse en Estados Unidos hasta alcanzar el 10% en el transcurso de 2009, la mayor tasa desde 1983; también creció en la Eurozona, en un proceso que se ha visto prolongado por la crisis de la deuda soberana desde 2010. 

Como antídoto contra estos impactos, los bancos centrales respondieron con la mayor descarga de munición monetaria de la historia. Y por distintas vías: colocando los tipos de interés cerca del 0% y comprando directamente deuda pública y privada en los mercados para reforzar la liquidez del sistema y mantener bajos los costes de financiación. A su vez, los Estados, en su afán por sostener sus sistemas financieros y por contrarrestar los efectos contractivos en la economía real, tiraron de gasto público para salir al paso de los problemas. 

Una crisis de mil cabezas que sigue viva 

Estos paliatitvos surtieron efecto. La economía mundial pareció reaccionar en la segunda mitad de 2009. Pero no hubo que esperar mucho para comprobar que el shock de Lehman iba a tener múltiples derivaciones. Como, por ejemplo, la transmisión de los problemas de deuda del sector privado al sector público. Ya no se temía que quebraran los bancos; el nuevo temor era que quebraran los países. 

La mejor muestra de que, cinco años después, los ecos del derrumbe de Lehman siguen escuchándose es que los bancos centrales continúan aplicando los estímulos monetarios más potentes de la historia. Es más, en los últimos meses han confirmado que tienen previsto mantener los tipos de interés en mínimos históricos todo el tiempo que sea necesario, una evidencia inequívoca de que hasta qué punto fue el daño posterior a la quiebra de Lehman. La lenta recuperación de la economía y del mercado laboral en Estados Unidos, Reino Unido o la Eurozona les ha impedido desactivar sus medidas anticrisis a la espera de que la reactivación se afiance. Lehman quebró hace cinco años... pero parece que fue ayer. Es lo que tiene que la alargada sombra de su caída aún planee sobre la economía mundial.

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