Por qué plantar millones de árboles no es la solución al cambio climático
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Por qué plantar millones de árboles no es la solución al cambio climático

Plantar árboles se está promocionando como una solución sencilla y económica para minimizar los efectos del cambio climático. Pero hay una serie de grandes obstáculos

placeholder Foto: Proyecto de reforestación en el Amazonas. Reuters
Proyecto de reforestación en el Amazonas. Reuters

En comparación con lo que supondría la reducción de los combustibles fósiles, la plantación masiva de árboles (que, a través de la fotosíntesis, extraen el gas del aire), esperando que las emisiones de gases se reduzcan por sí solas, no es suficiente para bajar el termostato de la Tierra. Esta “solución” jugaría un pequeño papel en la lucha contra la crisis climática.

Las plantaciones masivas de árboles que están iniciándose en todo el mundo sueñan con ayudar a compensar las emisiones actuales y también eliminar las emisiones de CO₂ que han permanecido en la atmósfera durante décadas o más que están calentando el clima de la Tierra a niveles que nunca antes habíamos experimentado. Como consecuencia, las grandes capas de hielo se están derritiendo a ritmos alarmantes, lo que contribuye al aumento del nivel del mar y a que fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes y las sequías sean cada vez, más graves.

Sería imposible plantar suficientes árboles para absorber el CO₂ en la atmósfera causado por la quema de combustibles fósiles

Pero estas ideas tienen un optimismo irreal. La reforestación se considera una forma de ayudar a enfriar el clima, absorbiendo el exceso de carbono de la atmósfera; pero no siempre es tan sencillo. No se trata de plantar árboles y olvidarnos de que existe un enorme problema en nuestro planeta.

Demasiada responsabilidad para los árboles

Si bien es cierto que bosques como los que encontramos en la selva amazónica, son algunos de los mayores sumideros de carbono, compensar nuestras enormes emisiones de esta forma no es suficiente. De hecho, en algunos casos puede ser hasta contraproducente.

El cambio climático ha provocado un aumento de los incendios forestales en todo el mundo. Plantar árboles incorrectamente, o incluso ignorarlos durante sus primeros años de crecimiento, puede ayudar a propagar los incendios forestales, lo que conllevará a una mayor quema y desaparición de árboles y contribuirá aún más a la cantidad de dióxido de carbono que se deposita en la atmósfera.

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La cantidad de CO? que emitimos a la atmósfera es muy superior a la que todos los árboles del planeta pueden absorber. Reuters

Respecto a la plantación de árboles en lugares incorrectos, podríamos exponer el ejemplo de añadir multitud de árboles a zonas tradicionalmente cubiertas de nieve. Si hiciéramos esto, aumentaría la absorción de la radiación solar y, por tanto, provocaríamos un incremento del calentamiento. Lo contrario de lo que se desearía conseguir.

Y sobre lo que hemos reflexionado al principio. Hay que tener en cuenta que sería imposible plantar suficientes árboles para absorber la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera causada por la quema de combustibles fósiles del ser humano. Nunca habrá tantos árboles como para compensar nuestras emisiones. Así que proyectos como los que lanzó el Foro Económico Mundial en enero de 2020 bautizado como “Un Trillón de Árboles”, un movimiento global para cultivar, restaurar y conservar árboles en todo el planeta o la Campaña del trillón de árboles de Plant-for-the-Planet, muestran, en realidad, un exceso de entusiasmo ante esta herramienta tan natural y fácil de poner en práctica en todo el globo terrestre.

Foto: La reforestación es una de las medidas más apoyadas para la retirada de CO2 atmosférico. Unsplash/@mkunsplash84

Lo peor de todo es que el ritmo del cambio climático se está acelerando hacia una zona roja, dicen los científicos. Durante los últimos 200 años, las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre, incluidos el CO₂ y el metano, han elevado la temperatura media del planeta en aproximadamente 1 ºC.

Y los árboles no pueden con todo. Los bosques absorben 16.000 millones de toneladas métricas de CO2 al año, aproximadamente, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change. Pero la actividad humana puede convertir a los bosques en fuentes de carbono. ¿De qué forma? Gracias a la tala indiscriminada de tierras, los incendios forestales y la quema de productos de madera; convirtiéndose los mismos bosques en emisores de aproximadamente 8.100 millones de toneladas de gas a la atmósfera. La deforestación y la degradación forestal están transformando este equilibrio con el que contábamos avalado por nuestra madre naturaleza.

¿Cómo salvar la situación?

La única solución viable es avanzar hacia la energía verde. Además, la protección ambiental y la restauración ecológica -no olvidemos que los árboles no solo almacenan carbono, sino que ayudan a proporcionar aire limpio, previenen la erosión del suelo, dan sombra y nos aportan una enorme sensación de bienestar-, pueden acompañar a la reforestación para ayudar en la lucha contra el cambio climático y aportar muchos otros beneficios como, por ejemplo, una mejor calidad del agua.

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