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Contratos que son cómics: la abogada que resuelve dudas legales con dibujos
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'Design thinking'

Contratos que son cómics: la abogada que resuelve dudas legales con dibujos

La valenciana Marelisa Blanco dice ser consciente del rechazo que provoca el derecho entre la sociedad, por lo que busca convertirlo en algo atractivo y visual. Entre sus clientes, hay desde creadores hasta empresas y bufetes

Foto: Uno de los cómics diseñados por la abogada y dibujante Marelisa Blanco.
Uno de los cómics diseñados por la abogada y dibujante Marelisa Blanco.

¿Y si los contratos de alquiler estuvieran redactados en formato cómic donde en las viñetas se acordaran las condiciones y obligaciones de propietario e inquilino? ¿Y si, en vez de una tediosa guía sobre prevención de riesgos laborales, las empresas facilitasen una revista ilustrada donde se expliquen estas cuestiones? Aunque a priori puede parecer algo inconcebible, esta es precisamente la labor que desempeña Marelisa Blanco, una joven abogada y dibujante valenciana. Esta profesional dice ser consciente del rechazo que provoca el derecho a la población en general, por lo que busca transformarlo en algo más atractivo y visual. Si no entra por el oído, que entre por el ojo.

"Generalmente, la gente da por hecho que acudir a un abogado es sinónimo de una mala experiencia. Piensan que les van a aburrir, que no van a entender nada", relata esta letrada de 32 años especializada en propiedad intelectual. Una imagen a la que no ayuda el lenguaje habitual del mundo jurídico, que peca de demasiado enrevesado y complejo. Desde su firma, Akme, Blanco mezcla el arte con el derecho, dos prácticas concebidas como el agua y el aceite, para explicar conceptos legales de una forma comprensible y entretenida. En sus trabajos no solo evita la jerga legal habitual, sino que se apoya constantemente en recursos visuales como ilustraciones o cómics para explicar determinadas cuestiones. "Engañamos para que no parezca que estás leyendo un contrato, sino una revista", resume.

placeholder Contrato redactado en formato cómic.
Contrato redactado en formato cómic.

Su cartera de clientes es de lo más variada e incluye desde creadores hasta empresas de todos los tamaños. Ha trabajado, incluso, con multinacionales como EDPR, una compañía energética con sede en Madrid que le encargó un cómic sobre 'compliance'. Buscaban concienciar a la plantilla sobre la cultura del cumplimiento y dar a conocer su código ético interno, así que Blanco diseñó una serie de viñetas en que retrataba problemas a los que podía enfrentarse la compañía y cuál sería la forma de resolverlos en base a su propio código. El librito se distribuyó entre todos los empleados, directivos incluidos.

Otro cliente habitual de Blanco son los despachos de abogados. Desde que fundó su firma, los bufetes le contactan para encargarle cómics o guías ilustradas que expliquen de una forma didáctica y sencilla determinadas cuestiones jurídicas que luego ofrecen a sus propios clientes.

Un cómic para explicar el divorcio

Uno de los trabajos más llamativos de Blanco fue un cómic que le encargó una letrada de Ávila. Ella estaba especializada en derecho de familia y llevaba, entre muchos temas, divorcios. En estos procesos, cuando hay hijos de por medio, es habitual que los menores deban ir ante un tribunal para responder algunas preguntas básicas y que se determine la custodia. "La abogada se dio cuenta de que los niños tenían miedo de ir al juzgado porque no se imaginaban cómo sería. Ella quería acercar este proceso a los niños y se le ocurrió la idea del cómic", cuenta.

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Cómic divorcio.

En el libro, una llorosa niña le cuenta a otro que sus padres acaban de divorciarse. Su amigo, que ya ha pasado por eso, le va explicando lo que tendrá que hacer. Los dibujos muestran cómo es el juzgado y presentan a los actores que intervienen en un juicio, como el juez —al que presenta con una capa estilo Batman—, el fiscal, los abogados y el equipo psicosocial (que desarrolla en otro cómic aparte).

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Cómic juzgados niños.

Ahora bien, las viñetas no retratan cualquier sala o profesional. "Replicamos los tribunales de Ávila, que es donde ejerce la letrada que nos encargó el libro. Nos mandó fotos de la Sala y nos describió físicamente a la fiscal y a la jueza. Quisimos ser muy fieles a la realidad para que a los niños les resultara muy familiar después y se sintieran cómodos", describe.

Las viñetas no retratan únicamente el paso ante los jueces, sino que también describe el proceso previo, el preparatorio. Al fin y al cabo, agrega Blanco, se trata de procesos complejos en los que, muchas veces, los padres presionan a los niños y les dicen lo que tienen que hacer. "Quisimos lanzar el mensaje de que deben profundizar en sus sentimientos y decidir con el corazón. No pensar en qué es lo que quiere papá o mamá, sino en lo que quieren ellos", puntualiza.

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Cómic juzgados corazón.

Desde el punto de vista de la elaboración, el reto estuvo en hacer una estética que fuese a la vez atractiva y relajante que hiciese olvidar al menor el estrés de tener que pasar por un tribunal. Para ello, Blanco se inspiró en dibujos animados como Hora de Aventuras y The Old House para que los lectores conectaran con más facilidad. "Hicimos a los personajes muy alargados y flexibles, como espaguetis. También utilizamos la misma paleta de colores, tonos pastel claros para transmitir tranquilidad", describe. Una vez terminado, hicieron un proceso de validación con niños de entre 13 y 16 años y se aseguraron de que se entendiera tanto el guion como el mensaje que querían lanzar.

De 'hobby' infantil a una profesión

Licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia, a Marelisa siempre le gustó dibujar. "De pequeña, mi hermana y yo jugábamos a inventarnos historias y plasmarlas en viñetas", evoca. La pasión por la ilustración se mantuvo, aunque como un 'hobby', durante los años de universidad y una vez ya colegiada. Su gusto por la cultura pop y los cómics le llevaron a especializarse en el ámbito de la propiedad intelectual y en 2016 comenzó a ejercer como abogada autónoma, colaborando con distintos despachos dando asesoramiento a creadores y dibujantes.

Foto: Portada del cómic inserto en la demanda presentada en Texas.

La decisión de montar una firma que mezclara el dibujo con el derecho no vino de la noche a la mañana. "Era una idea que llevaba tiempo rondándome en la cabeza. Al asesorar a mis clientes me daba cuenta de que les costaba mucho entender los términos jurídicos. De hecho, en el primer contrato que hice, el dibujante me dijo que lo firmaba porque se fiaba de mí, pero no entendía nada", relata.

Sus pretensiones se materializaron por primera vez en 2017, cuando Blanco participó en Inktover, un encuentro mundial impulsado por el ilustrador del 'New York Times' Jake Parker. Consiste en un desafío artístico de un mes en el que los participantes deben crear cada día un dibujo a tinta y publicarlo. "Decidí hacerlo sobre propiedad intelectual y derechos de autor de los dibujantes", describe. Cada día contaba alguna cuestión relacionada con el tema, como qué límites existen, qué derechos pueden cederse a terceros, con qué duración o que qué pasa si no proteges una obra. "Tuvo mucho éxito. Comprendí que se podía acercar el derecho a los dibujantes y superar ese prejuicio inicial de que lo legal es algo frío alejado de la creatividad", rememora.

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Junto con su pareja, programador, y su hermana, diseñadora gráfica, comenzaron a montar la que es hoy su firma: Akme. Durante el proceso, Blanco cuenta que detectaron una doble barrera en el mercado. Por un lado, los clientes, que recelaban de una letrada que decía ser al mismo tiempo dibujante y trabajaba en sudadera. "Se tiene esa imagen peliculera de cómo tiene que ser un abogado. Yo quería romper con esa estética y al principio costó, porque parece que no eres tan válido si no cumples con esos códigos", lamenta. La desconfianza se tornó en entusiasmo cuando llegaron los primeros proyectos con clientes (siempre dibujantes), que vieron en Marelisa una aliada que les hablaba en su idioma.

La segunda barrera fueron los propios letrados. "No veían mi trabajo como algo serio. Decían que infantilizaba el derecho", rememora. Asimismo, el ego tan habitual en el colectivo llevaba a muchos a pensar que fuese un servicio realmente útil. "Les costaba verlo porque sería admitir que necesitaban ayuda para explicar ciertas cuestiones jurídicas a sus clientes", indica Blanco. Pero de nuevo, los recelos desaparecieron a medida que fueron surgiendo proyectos y los despachos son ahora unos de sus principales clientes.

Conejitos explicando 'software'

El primer encargo que recibió Blanco de una firma fue en 2018. Los clientes principales del bufete eran desarrolladores de 'software', así que querían un cómic que explicara los aspectos legales de estas creaciones. La dibujante jurídica creó un cómic de 36 páginas en el que un equipo de conejos y otros animales relatan desde qué se puede incluir en un contrato hasta qué tipo de licencias existen.

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Crazy rabbits

"Tardamos unos tres o cuatro meses en hacerlo. En este caso, como era un tema muy técnico, el desafío estuvo en la narrativa. Estuvimos más de un mes con la preparatoria, haciendo los guiones, depurando la parte jurídica para que todo fuese correcto y montando una narrativa lógica de la historia. Que no fuera solo soltar una brasa legal", comenta.

Otro proyecto de Blanco fue una guía ilustrada para tutores legales; es decir, aquellas personas que tienen asignada la tutela de un tercero porque se considera que no puede valerse por sí mismo (por ejemplo, menores cuyos padres no puedan ejercer la patria potestad o personas declaradas incapaces por un juez, entre otros). En el documento se explica desde qué significa ser nombrado tutor hasta qué obligaciones se tienen.

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Crazy rabbits

Asimismo, la abogada también colaboró en dar a conocer la 'Lista Viernes', una iniciativa impulsada en 2019 por varios abogados expertos en protección de datos para impedir que los partidos políticos pudiesen recabar datos personales sobre la ideología de los ciudadanos y hacer perfilados para mandar spam electoral (algo que tras la aprobación de la ley de protección de datos en 2018). Inscribirse en la 'Lista Viernes', en cambio, es una garantía para no recibir esa publicidad. "Hicimos un vídeo promocional y un cómic para que aclarar lo quee decía la ley y qué era esa lista, quién estaba detrás y qué mensaje defendían", evoca.

En la actualidad, el negocio de la letrada y dibujante parece ir viento en popa. Además de las innumerables iniciativas en las está metida actualmente, también cuenta con varios encargos ya cerrados para el medio y largo plazo. Uno de ellos, revela, es la elaboración de un cómic sobre propiedad intelectual que se publicará el año que viene. Un éxito que Blanco no termina todavía de creerse, confiesa, ya que nunca pudo imaginar poder ganarse la vida "con lo empezó siendo un juego de niñas".

¿Y si los contratos de alquiler estuvieran redactados en formato cómic donde en las viñetas se acordaran las condiciones y obligaciones de propietario e inquilino? ¿Y si, en vez de una tediosa guía sobre prevención de riesgos laborales, las empresas facilitasen una revista ilustrada donde se expliquen estas cuestiones? Aunque a priori puede parecer algo inconcebible, esta es precisamente la labor que desempeña Marelisa Blanco, una joven abogada y dibujante valenciana. Esta profesional dice ser consciente del rechazo que provoca el derecho a la población en general, por lo que busca transformarlo en algo más atractivo y visual. Si no entra por el oído, que entre por el ojo.

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