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Feria de San Isidro | El futuro y otros tiempos
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LAS VENTAS

Feria de San Isidro | El futuro y otros tiempos

Lleno de no hay en billetes en uno de los carteles más rematados de la feria. Tarde casi veraniega, perfecta para el toreo

Foto: El diestro Morante de la Puebla, este miércoles. (EFE/Martín)
El diestro Morante de la Puebla, este miércoles. (EFE/Martín)

Plaza Monumental de Las Ventas, 11 de mayo de 2022.

3ª de la Feria de San Isidro.

Lleno de no hay en billetes en uno de los carteles más rematados de la feria. Tarde casi veraniega, perfecta para el toreo.

Seis toros de La Quinta de entre 520 y 547 kilos. Bien presentados, en el tipo que últimamente da esta ganadería, con toros, de media, por encima de lo lógico para ser Santa Coloma. Bonitos de planta y pinta todos en línea de cárdenos y negros entrepelados. El primero deslucido, segundo y tercero nobles, quinto a más gracias al temple de El Juli, sexto imposible y deslucido.

Foto: El diestro Javier Cortés. (EFE/Martín)

Ovacionado Mario Benítez en el tercio de varas del tercero y segundo día consecutivo de Iván García desmonterándose tras un gran tercio de palos.

Morante de la Puebla, de gris perla sucio y azabache, silencio y silencio.

Julián López El Juli, de azul pavo y oro, oreja y vuelta al ruedo tras dos pinchazos.

Pablo Aguado, de aguamarina y oro, silencio y silencio.

Einstein lo hubiera flipado. He viajado en el tiempo. Ni la mc al cuadrado ni el agujero de gusano están a la altura del Wellinton y un Morante desatado. La luz viaja en el tiempo, es un hecho contrastado por insignes matemáticos. Teóricos y cineastas ausentes este miércoles en Velázquez perdieron la oportunidad de demostrar que es posible desayunar en tu tiempo y merendar el mismo día de hace 200 años. Chequear amaneciendo Nespresso y redes sociales y sentir el siglo de oro al decaer de la tarde es un misterio cuántico que solo el toreo permite. Microondas futurista que te calienta la leche desperezándote el día y jardinera de mulas transportando la figura insigne de San Isidro como final de sobremesa son experiencias metafísicas que nunca verás en el fútbol. Morante, que está celebrando 25 años de alternativa, llena de simbolismos su temporada más plena, su compromiso más firme con el resurgir de la fiesta.

Requirió el maestro Morante humilde y antiguo coche, o a mejor decir un carro de, en teoría, caballos que, para más antigualla, decidió calzar de mulas. Aparcado en Villanueva, a la vista estupefacta de taxis y otros autónomos, congregó mirada atónita de turistas, empleados, curiosos y policías. Traje corto de chófer, ala ancha y rienda firme encaraban Jorge Juan caminito de Las Ventas. En un miedo bajo palio, en una ruta tan clásica que resulta extemporánea, en una estampa posmoderna de huella de carbono cero, en una imagen que ahora casi ya estoy recordando en acelerado blanco y negro de film deteriorado de antaño, viajaba la esperanza del resurgir del toreo al albur de su primera gran tarde de San Isidro.

Hotel de arte y solera y maestro de mil virtudes, estampa de un héroe antiguo, afición de incertidumbres, aplausos de vetustas épocas. Memorable el paseíllo en esas puertas giratorias, doradas y renqueantes que dan personalidad al Wellinton y que entregaron a Morante al calor casi agostado de los principios de mayo. Cara desencajada, fiel muestra de un gran compromiso, bien calada la montera, saluditos en voz baja y pasos como la Yenca, uno para adelante y dos para atrás si le dejaran. Un par de controladores del loco tráfico de Madrid, gafas de sol de la CIA y con chaleco reflectante más que chaleco antibalas, carpeta y bolígrafo en mano y entrecejo en la mirada, apostados a las bridas, me asustaron con la opción de multa y de un cepo absurdo y sanción administrativa a un carro inmatriculado. Pero mi aprensión al funcionario tornó admiración y respeto cuando me di cuenta de que estaban en realidad haciendo hueco para una salida airosa de los toreros al coso. Escoltaron orgullosos ese arte sobre ruedas que pedía en cada giro más adoquines que asfalto. Y en un viaje en el tiempo que apenas duró 10 minutos, encararon ese templo como lo hiciera Joselito hace ya más de 100 años.

Prolegómeno de arte que con Morante a rienda suelta parecían el anuncio de una faena de época. No pudo ser dijo el toro, que es el único que niega con determinación el destino que intenta la voluntad del hombre y marca el designio divino. Dijeron no los de La Quinta, y Morante, con su sello, envió carta al futuro de su próxima comparecencia que no seré yo quien se pierda, me dan igual tantos y tontos pitos.

Aguado chocó con el muro de las caras altas de Saltillo. Esa que no remata el pase, que descompone al toreo, que descoloca el embroque. Y en Madrid eso se pita con especial disciplina. A mí me parece atrevido juzgar la posición del torero, vendido en el segundo pase, sin valorar donde se decidió parar el toro sin casta. Pero en los entornos del siete deben pensar que todo lo que no geometriza es culpa del de dos patas, del que se viste luces. No pudo lucir Aguado lo que ya ha demostrado en este coso y en miles, que es el torero más fino, el lance más lento y puro, la sensibilidad más 'lucible' que el escalafón deseara. Torero que para el tiempo con un lance y una trinchera. A mí se me va a hacer eterno San Isidro hasta su vuelva.

Y en estas irrumpe El Juli. Eterno privilegiado. Muñecas que doman fieras, convicción que domestica. Hoy lo sublime de Julián desplegando la muleta tuvo un eco inesperado en una plaza que a veces parece que piensa si el ole causa el efecto que no buscan de ratificar a una estrella. Ese que a veces regalan para encumbrar a uno nuevo. Hoy, pitos absurdos aparte, sonó ese reconocimiento. Ese torero de vuelta que, atornillándose al ruedo, convence a toro y al granito de las gradas de las Ventas. Cuajadas hoy, gran milagro, de gente que sin prejuicios bien valoran la decencia. Enorme El Juli exhibiendo lo que es la tauromaquia. Hito tras su Puerta del Príncipe si no hubiera errado a espadas. Se dejó la puerta grande en dos pinchazos crueles. Merecía con su historia el colofón del paseo a hombros de quien le quiere.

Tarde grande que ha sembrado ganas para tres semanas. Hambre de que llegue el futuro, regocijo del pasado. Toreros de volver a ver. Y un ambiente de gran gala. No se lo pueden perder.

Plaza Monumental de Las Ventas, 11 de mayo de 2022.

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