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Feria de San Isidro | Lucha de gigantes
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LAS VENTAS

Feria de San Isidro | Lucha de gigantes

El toro venciendo al virus será la mejor noticia. Ese gigante vencedor sobre el invisible enemigo. La Fiesta triunfando sobre lo vacuo, la muerte mostrando la vida y el arte de nuevo aflorando, consolidarán un mundo real cada vez más necesario

Foto: El diestro Javier Cortés. (EFE/Martín)
El diestro Javier Cortés. (EFE/Martín)

Plaza Monumental de Las Ventas, 10 de mayo de 2022.

3ª de la Feria de San Isidro.

Apenas media plaza, mucho más cuajada la sombra que el sol, en tarde primaveral y agradable, sin viento.

Seis toros de El Pilar y Moisés Fraile de entre 442 y 599 kilos. Muy serios, grandes en general, altos y ofensivos por delante. Variados de pinta, presencia y comportamiento. Primero bravo, un toro importante. Tercero encastado con formas de manso. Cuarto fijo y con más nobleza que el resto, le falto un punto de transmisión. Quinto por debajo en presentación de sus hermanos. Sexto con buen fondo, fue a menos.

Foto: El diestro Álvaro Lorenzo con su segundo toro en el primer festejo taurino de la Feria de San Isidro, en Las Ventas (Madrid). (EFE/Fernando Alvarado) Opinión

Destacó Iván García con los palos que saludó montera en mano.

Javier Cortés de catafalco y oro con remates blancos, oreja tras aviso y silencio.

Tomás Campos de grana y oro, silencio y silencio tras aviso.

Francisco José Espada de añil clarito y plata, ovación que saluda desde el tercio tras aviso y silencio tras dos avisos.

Hubo festejos antaño que probaron el poder de enfrentamiento del toro con otros seres irracionales. Unos salieron por patas, otros ni huir pudieron. Peleas de toros y tigres se anunciaban en los circos, tampoco hace tantos años, y duraban un suspiro. La constitución y el genio, el diseño y el tamaño, en el que derivó nuestro uro primigenio, convirtieron en un arma de sorprendente eficacia al vegetariano iracundo, nunca se entendió el motivo, que campaba por Iberia. Ese rey de la pradera, con la testuz por bandera, marcaba a todo vecino la distancia a mantener en relación con su humor de raíz más que irascible. Era mucha la distancia y era, y es, mucho el carácter. Sometido a la reducción de sus espacios vitales, su nivel de reacción adquiere niveles épicos. Y son legendarios los triunfos de toros en enfrentamientos con las fieras más corrupias que la logística humana le pudo poner por delante en espacios reducidos. Perpetrados con ingenio en coliseos enormes con accesos restringidos que exigieran, previo pago, una entrada por delante y dieran sentido económico a ese combate-espectáculo, a esa lucha de gigantes.

No ha habido animal que venza en un frente a frente equitativo a este prodigio de genio, a este ser descomunal en fuerza, tamaño y carácter que ha mantenido con el misterio de su comportamiento agresivo, la atención y la admiración de toda la raza humana —no importa la latitud— desde los primeros tiempos y tribus, hasta llegar hasta hoy. Solo hombres elegidos, preparados desde niños para tan difícil misión, aceptan el reto altivo de fijar sus territorios en los entornos del toro y doblegan su bravura para demostrar el hecho de que, enarbolando el desprecio pleno hacia su propia vida, pueden maximizar la consciencia de lo que realmente sueñan.

Un virus empecinado en separar a la gente ha sembrado sin cornadas el pánico más absoluto

Pero esta verdad histórica, de raíz antropológica, tronco social y ramificaciones culturales, ha sufrido una agresión como la que nunca se esperaba. Un bicho de pocas micras y sin armas afiladas ha amenazado estos años con vencer al toro bravo. Un virus empecinado en separar a la gente ha sembrado sin cornadas el pánico más absoluto entre las artes escénicas. Esas a las que acudimos para nutrir nuestra alma en un foro compartido que necesariamente se retroalimenta de la percepción colectiva. De la contemplación global y de la vibración contagiosa que lo aleja del deporte, lo superfluo, y lo convierte en especial.

Un miniser acelular, un 'malware' biológico, una proteína errónea buscando donde aparcar, casi acaba con ese dios admirado que es el toro desde que lo llamamos Apis. Casi que arrastra hasta el mito de lo extinto, al no poder verlo más, al enérgico animal y a la escena de su lucha que tantos siglos congregó la exhibición de nuestras fuerzas, la supremacía de nuestros talentos y lo infinito de nuestra disposición y capacidad de demostrarlas.

Dos temporadas sin toros

Un virus ha llevado más toros al matadero que cualquier torero en años. Dos temporadas sin toros. Dos ferias de San Isidro, basadas en recordatorios en la tele y en los foros, sembraban de serias dudas la viabilidad de esta feria. Ese corte en la costumbre de visitar Las Ventas, en tiempos que son difíciles para acreditar el gusto por la verdad, aunque duela, me tenía acojonado. La gente se vende al tenis, al futbol más orquestado, a la bici o a la playa, o al sofá y al videojuego. Dos años sin San Isidro podrían haber sido suficientes para convertirlo en historia. En esa que cuando se revisa se juzga con perspectiva de panfleto identitario. Unos a favor y otros en contra, aunque ni sepan en el fondo de qué cuernos estaban hablando.

Pero no ha sido ese el caso. La feria ha vuelto con fuerza. Hasta Sevilla ha ayudado. Hay muchas ganas de toros. Hay más abonos vendidos. Hay ilusión por Morante, respeto por Talavante, devoción por Pablo Aguado, admiración por El Juli, curiosidad por Manzanares y empatía con Ureña. Hay deseo de ver toros y de ver su poderío. Sean de Escolar o Victorino, de Victoriano o Jandilla, sentarse y ver ese animal en su lucha por la vida congregará cientos de miles los próximos treinta días.

Este martes ha sido buena muestra, se ha iniciado ese camino. Tremendos toros de Fraile. Genio, poder y embestidas enfrentando determinación y aguante. Firme Cortés en el primero que te llevaba por delante si no veía muleta. Pulcro Campos, en su sitio, aunque la espada le cuesta. Y sólido y formal Espada en un reto delirante. El de triunfar sin torear mucho. El de jugarte a una carta, con esos tremendos pitones, poder salir adelante.

El toro venciendo al virus será la mejor noticia. Ese gigante vencedor sobre el invisible enemigo. La Fiesta triunfando sobre lo vacuo, la muerte mostrando la vida y el arte de nuevo aflorando, consolidarán un mundo real cada vez más necesario, como cada vez resulta su propia naturaleza, más inexplicable a la simpleza consumista y al buenismo organizado. Confío en que la combinación de la vuelta tras dos años y los carteles bien hechos, de las ganas, la pasión de muchos más que unos pocos, le den otro nuevo impulso a este reducto de sentimiento que tantos llevamos dentro. Y que tanto deseamos expresarlo.

Plaza Monumental de Las Ventas, 10 de mayo de 2022.

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