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Un fuerte olor a gas alertó a los sacerdotes: la tarde más amarga de los kikos
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EXPLOSIÓN en LA CALLE TOLEDO

Un fuerte olor a gas alertó a los sacerdotes: la tarde más amarga de los kikos

La explosión se cobró la vida de cuatro personas que podrían haber sido más. El suceso provocó el desplazamiento de las autoridades a la céntrica vía madrileña

Foto: Foto: EFE.
Foto: EFE.

Rubén Pérez había cumplido seis meses como sacerdote. Se ordenó el 16 de junio de 2020. Vivía junto a otros cuatro compañeros curas del Camino Neocatecumenal en la residencia situada en el número 98 de la madrileña calle Toledo. La casa ocupaba las dos últimas plantas del edificio perteneciente a la parroquia de la Virgen de la Paloma. El resto de pisos estaba destinado a otras finalidades como catequesis, conferencias o tareas relacionadas con la labor de una iglesia en la que hay un buen número de miembros de los kikos, probablemente los feligreses más involucrados en actividades eclesiales.

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Este miércoles por la mañana, un fuerte olor a gas inundó las viviendas de los sacerdotes. Rubén llamó entonces a David Santos, uno de los miembros de la comunidad neocatecumenal que frecuentan la parroquia, que de vez en cuando ayuda en tareas relacionadas con la corriente de luz, ya que es electricista. Este padre de cuatro hijos, de 35 años, acudió a la llamada del cura y se puso a inspeccionar. El edificio no dispone de una gran caldera para abastecer todo el inmueble, sino que existen pequeñas calderas para cada uno de los pisos que conforman la instalación. Por eso, cuando llegó, Rubén y David se desplazaron hasta el cuarto de máquinas de la planta de la que parece que provenía el olor para intentar reparar el posible escape.

Sin embargo, de repente, todo voló por los aires. Rubén sintió fuertes quemaduras en el estómago y las piernas. Aun así, pudo salir por su propio pie de la montaña de escombros en que se había convertido todo el lugar. No fue capaz de articular palabra, pero consiguió salir. El fuerte ruido que provocó la explosión alertó a todos los vecinos. No fueron pocos los cristales de los edificios anexos que estallaron por la onda expansiva que provocó el estallido. En pocos segundos, Emergencias y la Policía Nacional recibieron decenas de llamadas. Eran las 14:56.

Agentes del instituto armado y miembros del Samur y de los Bomberos se personaron en el lugar en pocos minutos. Los servicios de Emergencias encontraron a Rubén, le sedaron y lo trasladaron al Hospital de La Paz, donde ayer tuvieron que operarle de urgencias, pero su situación fue calificada como muy grave y en la madrugada de este jueves se confirmó su fallecimiento, lo que elevó a cuatro las víctimas mortales. Antes de él, dos personas que pasaban por allí recibieron el impacto de la explosión directamente y fueron inicialmente atendidos, pero los servicios de Emergencias no pudieron hacer nada por salvar sus vidas. A las 19.00, encontraron el cuerpo de David, la tercera víctima mortal.

La detonación provocó que otra decena de personas resultara herida de diversa consideración y enterró bajo los escombros a David, que repentinamente, tras el estruendo, dejó de estar al lado de Rubén. La explosión de gas destrozó los pisos más altos del edificio, donde había varios sacerdotes. No afectó al colegio de al lado, donde únicamente cayeron cascotes. Pero destrozó los cristales de los bloques que rodeaban el inmueble dañado, que se quedó con deterioros estructurales severos. Más de 200 efectivos de la Policía Nacional, la Policía Municipal, los Bomberos, Protección Civil y Emergencias se personaron en la zona, la acordonaron, atendieron a todos los heridos y trataron de asegurar el lugar.

No fue sencillo, pues había fuego y bolsas de gas que seguían atrapadas y podían generar nuevas explosiones. De hecho, los Bomberos y la Policía evacuaron varios edificios colindantes. Entre ellos, el colegio La Salle, que no sufrió ningún daño personal, pues los niños no habían salido al patio, que fue donde cayeron todos los escombros. Los técnicos municipales inspeccionaron luego la instalación escolar, una tarea que durará toda la semana y provocará que los alumnos sigan estos días con clases 'online'. También fue desalojada la residencia de ancianos que hay junto al inmueble afectado, donde había un grupo de personas confinadas por coronavirus.

placeholder Los operarios trabajan durante la noche. (EFE)
Los operarios trabajan durante la noche. (EFE)

El desalojo tuvo que tener en cuenta la situación de estos ancianos, que fueron reubicados en una zona aislada hasta que las autoridades les encontraron un nuevo lugar donde ir de forma provisional hasta que estuviera asegurada su integridad en la residencia, que hasta anoche seguía siendo inspeccionada por los técnicos. Hasta que no se aseguró la zona, no pudieron acceder tampoco los policías especializados en desactivación de explosivos (Tedax), en localización de personas (guías caninos) o en criminalística (Policía Científica) para tratar de determinar el origen de la explosión, que fue señalado en todo momento por las autoridades políticas hacia el gas, pero que la Jefatura Superior no confirmó en ningún momento a falta de realizar la investigación correspondiente. La demolición controlada de las plantas superiores del edificio siniestrado comenzarán este mismo jueves a primera hora.

"Un día aciago otra vez..."

La fuerza de la explosión y su ubicación en el centro de la capital permitieron que las autoridades de todos los niveles se desplazaran rápidamente al lugar de los hechos en los momentos posteriores a la explosión. Uno de los primeros en llegar fue el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que valoró la situación y dio las condolencias a los familiares de las víctimas. Como la mayoría de los presentes, el primer edil destacó que podría haberse dado una "tragedia gigantesca", teniendo en cuenta la cercanía de un colegio y de una residencia.

"Un día aciago otra vez... La verdad es que la ciudad de Madrid y la comunidad últimamente están pasando episodios muy duros", aseguró la presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso, tras reunirse con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en una base operativa que se improvisó en la zona para poner en contacto a las distintas administraciones.

La líder del Ejecutivo regional puso a disposición del ayuntamiento los recursos autonómicos, además del Summa 112 (Servicio de Urgencia Médica), que actuó ante el suceso, pero sobre todo puso el foco en que todo podría haber sido peor: "Hay que ver la parte positiva, que es que los alumnos del colegio La Salle, un colegio concertado, no habían estado hoy en el patio por el tema de la nieve". Este miércoles, era el día en que la educación volvía a la presencialidad tras Filomena.

"Es una nueva imagen de desolación y de destrozos. Si pensábamos que este año no podía ir a peor, pues sí que ha ido a peor", reiteró el vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado, que también se trasladó al barrio afectado. Al igual que la presidenta, hizo hincapié en que fue algo "terrorífico, pero podía haber sido peor". "Ha sido milagroso que no haya habido muchos más fallecimientos", enfatizó el también portavoz de la CAM.

Rubén Pérez había cumplido seis meses como sacerdote. Se ordenó el 16 de junio de 2020. Vivía junto a otros cuatro compañeros curas del Camino Neocatecumenal en la residencia situada en el número 98 de la madrileña calle Toledo. La casa ocupaba las dos últimas plantas del edificio perteneciente a la parroquia de la Virgen de la Paloma. El resto de pisos estaba destinado a otras finalidades como catequesis, conferencias o tareas relacionadas con la labor de una iglesia en la que hay un buen número de miembros de los kikos, probablemente los feligreses más involucrados en actividades eclesiales.

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