Aislados, sin dinero y 50 días sin luz: la miseria de 4.000 personas en la Cañada Real
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EMERGENCIA EN EL MAYOR POBLADO CHABOLISTA

Aislados, sin dinero y 50 días sin luz: la miseria de 4.000 personas en la Cañada Real

Media Cañada Real lleva casi dos meses sin luz por el aumento de cultivos de marihuana. Unos 2.000 perjudicados son menores. El covid-19 está llevando al límite a muchas familias

placeholder Foto: Una de las viviendas sin electricidad de la Cañada Real, en Madrid. (David Brunat)
Una de las viviendas sin electricidad de la Cañada Real, en Madrid. (David Brunat)

Una madre veinteañera pasea por la carretera de la Cañada Real con su hijo de dos meses enrollado en una manta gruesa. Lo ha tenido así toda la noche, mientras ella se helaba en la oscuridad de su chabola. Lleva 50 días seguidos sin luz en su casa de chapa y ladrillo, así que ese niño que ahora duerme ha conocido poco más que el frío y la oscuridad en lo que lleva de vida.

Media Cañada Real lleva casi dos meses sin suministro eléctrico. Es lo único que le faltaba a este poblado chabolista, el más extenso y miserable de nuestro país, para convertirse, ya sin miedo a exagerar, en un pedacito de tercer mundo olvidado en el sur de Madrid.

placeholder El poblado chabolista de la Cañada Real Galiana discurre a lo largo de 14,6 kilómetros. (D. B.)
El poblado chabolista de la Cañada Real Galiana discurre a lo largo de 14,6 kilómetros. (D. B.)

La pandemia ha castigado duramente a los 8.000 habitantes que viven a lo largo de 14,6 kilómetros de cañada. La mitad de ellos son niños y adolescentes. No se puede salir a por chatarra por las restricciones de movilidad, la actividad de los mercadillos está parada, y sin ese dinero no hay forma de llenar el depósito del coche y salir de este gueto para comprar alimentos o buscar trabajo.

Muchas familias cenan agua y pan, pues es imposible calentar nada y aunque pudieran no hay dinero ni para comprar pollo. La falta de electricidad ha recrudecido, más aún, la emergencia económica y social de la cañada, y hoy apenas hay diferencias entre este lugar pegado a Madrid y un poblado chabolista de un país en vías de desarrollo. Hay hambre, insalubridad y más marginación de la ya habitual. Solamente resisten quienes gozan de una prestación social, que por sí sola no alcanza para vivir en familias que fácilmente alcanzan los cinco o seis miembros.

placeholder En casa de Mercedes viven seis personas y están sin apenas ingresos desde marzo. (D. B.)
En casa de Mercedes viven seis personas y están sin apenas ingresos desde marzo. (D. B.)

La luz se fue de la cañada a principios de octubre y nunca más volvió. Muchos días aparece durante dos horas, a veces tres, una vez incluso nueve, y luego desaparece de repente. Las noches son terribles y los niños no pueden hacer nada cuando cae el sol a las 6 de la tarde. Las tasas de absentismo escolar son altísimas en la cañada, y hacer los deberes a la luz de una vela no ayuda precisamente a fomentar el estudio. Muchas madres han optado por no llevar a sus hijos al colegio durante muchos días porque, aseguran, no tienen forma de lavar la ropa, "y yo a mi hijo sucio al colegio no lo mando". Otras veces el niño amanece con tanto frío y la temperatura en la casa es tan gélida que a la madre le da lástima arrancarlo de debajo de la manta.

Las noches son terribles y los niños no pueden hacer nada cuando cae el sol a las seis de la tarde

La mayoría de familias se han hecho en este tiempo con un generador de electricidad para, por lo menos, cocinar y alumbrarse un rato por la noche. Pero de nuevo el problema es el dinero. Se le puede echar gasolina al motor algún día a la semana, pero para más no da. Los días de lluvia y humedad son especialmente duros. Se montan fogatas en los patios y lumbres en el interior de las casas con cualquier cosa susceptible de arder. A lo largo de la carretera, los maderos y los escombros se amontonan a uno y otro lado, entre gallinas que picotean maleza y gatos que desaparecen tras los muros.

placeholder Los escombros se acumulan a ambos lados de la carretera de la Cañada Real. (D. B.)
Los escombros se acumulan a ambos lados de la carretera de la Cañada Real. (D. B.)

Sobrecarga en la red eléctrica

Los habitantes de la Cañada Real han reclamado a Naturgy, responsable del tendido eléctrico, que les devuelva el suministro para evitar una crisis humanitaria. La compañía por ahora no responde y todo el mundo sabe qué ocurre realmente: en el tramo donde se concentran los señores de la droga de la cañada han proliferado estos meses los invernaderos de marihuana. Hay tantos y consumen tantos kilovatios de electricidad que el tendido salta por la sobrecarga.

Naturgy asegura que no ha cerrado el grifo, sino que el suministro apenas resiste un par de horas al día, y no siempre, porque las plantaciones de marihuana no paran de chupar kilovatios. Los vecinos protestan y dicen que para la compañía sería muy fácil cortar la electricidad en el tramo de la droga. "Es facilísimo saber quién planta marihuana, los enganches de luz en esas parcelas tienen unos cables así de gordos", relata uno de los vecinos, que suele hacer apaños eléctricos en su zona.

placeholder Los habitantes de la Cañada Real llevan meses sin poder salir a recoger chatarra. (D. B.)
Los habitantes de la Cañada Real llevan meses sin poder salir a recoger chatarra. (D. B.)

Por supuesto, aquí todas las chabolas están enganchadas a la luz porque todo este asentamiento es ilegal. No hay más que ver la telaraña de cables que corren de tejado en tejado hacia las torres de alta tensión. Los vecinos no entienden que si en tiempos de pandemia el Gobierno ha decretado que no se puede cortar la electricidad a una familia en apuros, por qué aquí hay 4.000 personas sin luz desde hace casi dos meses y a nadie parece importarle.

La Policía Nacional ha desmantelado varios invernaderos en la cañada en las últimas semanas, pero ha sido insuficiente para reducir el negocio de la droga. Las plantaciones resisten gracias al uso de grandes generadores. El llamado Pacto Regional por la Cañada Real Galiana, una mesa de actuación entre administraciones y entidades sociales, tampoco ha sido hasta la fecha capaz de resolver esta emergencia social y sigue en conversaciones con la compañía eléctrica para devolver el suministro al sector 6, que ocupa casi la mitad de los 14,6 kilómetros de cañada y alberga a la mitad de sus habitantes.

placeholder Policía montada controla la protesta por el corte de electricidad en la Cañada Real. (EFE)
Policía montada controla la protesta por el corte de electricidad en la Cañada Real. (EFE)

El incremento de invernaderos de la droga es otro de los efectos de la crisis derivada de la pandemia. Al no haber opciones para obtener dinero de forma legal, o por lo menos no delictiva, muchas familias se han echado en brazos de un negocio lucrativo, en un entorno además bien protegido, ya que rara vez la Policía o la Guardia Civil se adentran en el tramo de viviendas donde residen los clanes de la droga, principales responsables de que la cañada sea el mayor agujero de drogodependencia y estigma social de nuestro país.

"Al final saldremos a cortar cables o a protestar de verdad, porque aquí nadie nos escucha", se queja un padre de familia que lleva días sin poder salir de su casa porque no tiene gasoil para la furgoneta. Unos 200 vecinos hicieron una marcha de protesta a finales de octubre para exigir la reactivación del suministro eléctrico y poder vivir en unas condiciones mínimamente dignas. Trataron de cortar el acceso al vertedero de Valdemingómez y se enfrentaron con barricadas a varias unidades de antidisturbios.

placeholder Ludivina, frente a la entrada de su casa, lleva 30 años en la Cañada Real. (D. B.)
Ludivina, frente a la entrada de su casa, lleva 30 años en la Cañada Real. (D. B.)

"El problema es que aquí no puedes acercarte a los que venden droga y decirles que por su culpa estamos cientos de familias sin luz y pasando frío. Pero todos sabemos quiénes son. El ayuntamiento tiene que hacer algo ya porque aquí no aguantamos más. La luz es un derecho para todos, no nos pueden tener como si fuéramos animales", protesta Ludivina, que lleva 30 años viviendo en la cañada y asegura que nunca había pasado una miseria igual.

"La luz es un derecho para todos, no nos pueden tener como si fuéramos animales"

En su parcela viven también su hija y su yerno. Ella ha ido encadenando trabajos de limpiadora en los últimos años. En junio la despidieron de su último empleo en un supermercado y desde entonces ha sido imposible volver a trabajar. "Yo no quiero que me den dinero ni comida. Lo que quiero es trabajar", subraya apelando a su dignidad. Ludivina, que algo ganaba yendo a por chatarra por los pueblos de la zona, tampoco ha vuelto a ingresar un euro en meses. Antonio tiene una hija de ocho años y gran parte de sus ingresos también procedían de la chatarra. "Iba a los pueblos de Guadalajara y siempre encontraba algo. Ahora la policía en cuanto te ve te echa".

La situación es tan extrema que varias familias solicitaron ayuda a la Fundación Madrina, una entidad especializada en ayuda a la maternidad y la infancia que se ha convertido en uno de los principales bancos de alimentos de Madrid durante la pandemia. La fundación ha prometido acercarse cada jueves a entregar alimentos, artículos de higiene para bebés y algunos juguetes mientras dure la emergencia.

Vecinos de la Cañada Real esperan a recoger víveres de la Fundación Madrina. (D. B.)La Fundación Madrina acude los jueves a la Cañada Real a entregar enseres básicos. (D. B.)

"Lo que vemos aquí es propio del tercer mundo. No entendemos como las administraciones no han sido capaces de resolver este problema en dos meses", indica Conrado Giménez, presidente de la fundación. "Estamos yendo familia por familia conociendo sus necesidades, viendo si podemos ayudarles a solicitar el Ingreso Mínimo Vital o si les ayudamos a encontrar un trabajo. Tenemos también pisos en pueblos donde estamos realojando a familias que se encuentran en situación de calle porque ya no pueden pagar el alquiler y están a cargo del Samur Social".

"Un trabajito es lo que me hace falta. Pero es abrir la boca en una entrevista de trabajo, que vean que eres gitano y te dicen 'ya te llamaremos'. Y si dices que vives en la cañada ya directamente te echan a patadas", suspira un joven en el patio de su parcela, donde aguanta como puede junto a su madre, sus hermanas y varios niños pequeños. Si ya históricamente la Cañada Real ha sido un punto de marginación, falta de oportunidades y delincuencia, la crisis del covid-19 está ahogando a aquellos que sí sobrevivían dentro de la legalidad. Y sobre todo está castigando a los niños, cuya pequeña ventana hacia un futuro digno se estrecha hasta convertirse en una rendija por la que apenas pasa la luz. Sin unas mínimas condiciones de vida en sus hogares, es casi imposible que un niño de la Cañada Real complete con éxito su formación escolar y pueda escapar de esta espiral de pobreza y marginación.

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