marisa gonzález, jefa de gabinete de cifuentes

"Esto no hay Marisa que lo arregle, Cristina": toda una crisis para la 'presidenta bis'

El 'caso máster' tiene otra derivada, la de gestión de un escándalo como esta desde el punto de vista comunicativo, toda una prueba de fuego para la todopoderosa 'dircom' de Cifuentes

Foto: Marisa Gónzález (vestida de oscuro), en el centro de la imagen junto a Cristina Cifuentes. (EC)
Marisa Gónzález (vestida de oscuro), en el centro de la imagen junto a Cristina Cifuentes. (EC)

"Esto no hay Marisa que lo arregle, Cristina". Esta ingeniosa frase la lanzó a Twitter el pasado 21 de marzo la periodista Luz Sanchis, que durante muchos años ha cubierto información política. Define a la perfección el momento y, sobre todo, a los personajes. El 'caso máster' acababa de eclosionar y el escándalo empezaba a ser tan sonoro que vaticinaba toda una crisis política (y de las duras). Un incendio de tales dimensiones que ni la mencionada Marisa podría apagarlo. Porque Marisa es Marisa González Casado, actualmente la todopoderosa jefa de gabinete de Cristina Cifuentes y directora de Comunicación de la Comunidad de Madrid. Para muchos, una de las mejores 'dircom' de España. La mujer que fue durante 16 años la mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón. Hoy, la principal colaboradora de la presidenta regional, una de sus mejores amigas, su estratega.

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Porque el 'caso máster' también se juega en los medios. Y mucho, es la principal batalla. El equipo de comunicación de Cifuentes reconoce que la situación se "ha desbordado", que no han visto nada igual y que a la presidenta la persiguen "cámaras de programas de televisión que no sabíamos ni que existían". Los colaboradores de Cifuentes se enfrentan, sin duda, a la mayor crisis política en la Comunidad de Madrid en lo que llevamos de legislatura, una que puede acabar con la dimisión de la jefa del Ejecutivo autonómico, con la caída de uno de los dirigentes del PP que más futuro y trayectoria tenían. Parece que ya no.

Y como en toda crisis, surgen los análisis de lo que se está haciendo o dejando de hacer, y sobre todo los reproches. Porque a Cifuentes no solo se le acusa de mentir, sino también de no dar explicaciones convincentes, de esconderse, de gestionar mal la información. En un momento clave en el que había que medir muy bien los tiempos, la actitud, el tono del discurso, incluso el lenguaje no verbal. El problema es que el escándalo es de calado, y cómo muy bien reflejó Sanchis "esto no hay Marisa que lo arregle". No obstante, algunas voces dentro del PP quieren hacer una reflexión: ¿Se ha gestionado esta crisis de la mejor manera desde el punto de vista de la comunicación? Para gustos, los colores.

¿Se ha gestionado esta crisis del máster de Cifuentes de la mejor manera desde el punto de vista de la comunicación? Para gustos, los colores

En esta crisis Cifuentes ha apostado por reducir drásticamente sus apariciones públicas. El mismo día que Eldiario.es publicó la primera información [Cifuentes había obtenido un máster con notas falsificadas] la presidenta concedió dos entrevistas por la noche y luego colgó un vídeo en las redes sociales a horas intempestivas. Después llegó la gripe y la Semana Santa, y Cifuentes decidió desaparecer mientras el escándalo cobraba una fuerza inusitada. Reapareció en el comité de su partido para explicar a través del plasma que se querellaba contra los periodistas. La oposición la forzó días después a dar explicaciones en un Pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid, donde ya era inequívoco que estaba perdiendo la iniciativa. Tras el Pleno llegó una rueda de prensa en la que aceptó 19 preguntas.

Cristina Cifuentes, a su llegada a la estación de Santa Justa de Sevilla para la convención nacional del PP. (EFE)
Cristina Cifuentes, a su llegada a la estación de Santa Justa de Sevilla para la convención nacional del PP. (EFE)

La siguiente cita se produjo en Sevilla, donde el PP celebraba su convención nacional. El caso máster lo devoró todo y Cifuentes decidió hacer un par de comparecencias antes los medios para aliviar la presión con una imagen muy extraña que ha quedado para el recuerdo: Cifuentes agachándose entre un grupo de periodistas para dar por terminadas las preguntas y desaparecer. Desde entonces su agenda se ha reducido a lo mínimo, a lo imprescindible. "La estrategia de comunicación es la que ha sido. No todo lo decide Marisa. Cifuentes también opina, y manda, que para eso es la jefa. Son amigas, comparten un proyecto, pero si una de las dos no está de acuerdo con lo que dice la otra, discrepa", señala una fuente autorizada del Gobierno regional, que también quiere hacer su propia reflexión: "¿Y cómo se debe gestionar una crisis como esta? No es nada fácil. No todo el mundo tiene la varita mágica".

Seguramente la respuesta no la tenga ni la que califican como la mejor experta en comunicación política de España (lleva a sus espaldas 13 procesos electorales), la misma a la que Pedro Sánchez (sí, el secretario general de los socialistas) tentó con una oferta. En su dilatado currículo, haber encauzado con éxito los objetivos políticos del ala menos conservadora del Partido Popular, es decir, 'vender' a Ruiz-Gallardón como un político centrado, algo que en un principio costaba esperarse del yerno de José Utrera Molina, ex ministro franquista. Con Cifuentes pasó lo mismo. Aupó a la delegada del Gobierno de Madrid y la convirtió en una de la dirigentes con mejor prensa y futuro del PP, a la agnóstica y republicana Cifuentes.

El problema es que ahora no se trata de vender un proyecto político, de crear una figura pública, sino de intentar lavar los trapos personales de la presidenta de la Comunidad de Madrid, una tarea harto imposible si finalmente se confirma que falseó su expediente y mintió. Lo que sí destacan muchos es que Cifuentes tiene la mejor herramienta para intentar salir airosa de todo esto (si finalmente lo consigue): Marisa González Casado, la 'presidenta bis' como la llaman. La segunda mujer con más poder en el Gobierno regional (para algunos, la primera).

Marisa empezó en esto en 1989, cuando fue nombrada jefa de prensa del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid, cargo en el que estuvo hasta 1991 y periodo en el que conoció a un jovencísimo Gallardón. Se fraguó entonces una dupla que continuó en el Senado, donde la joven promesa del PP fue portavoz y Marisa responsable de prensa del grupo popular entre 1991 y 1995. El binomio se consolidó y despuntó en los siguientes ocho años cuando Ruiz-Gallardón se hizo con la presidencia de la Comunidad y nombró a su estrecha colaboradora directora general de Medios de Comunicación (1995-2003), años de mayoría absoluta del PP.

Marisa González y Cristina Cifuentes.
Marisa González y Cristina Cifuentes.

Luego llegó la etapa del Ayuntamiento de Madrid (2003-2011), él como alcalde y ella como todopoderosa jefa de prensa. Hasta que un 21 de diciembre de 2011 su exjefe ascendió al ministerio de Justicia y prescindió de ella (esta es otra larga historia). Curiosamente, fue romper el 'matrimonio profesional' y el político se transformó de la noche a la mañana en el rostro más ultraconservador del Gobierno de Rajoy, tanto que tuvo que renunciar por defender una ley del aborto demasiado a la derecha.

Pero Marisa encontró una nueva compañera de viajes, a la que ya conocía de su etapa en la Asamblea de Madrid. En enero de 2012 Cifuentes la recuperó para que fuera su 'dircom' en la Delegación del Gobierno y empezar así una nueva asociación, la de 'Telma y Louise' como se las llegó a conocer. Marisa moldeó a una figura relativamente poco conocida (muy enfrentada a Esperanza Aguirre y el PP de Madrid) y la hizo subir como la espuma. Es cierto que Cifuentes ya era asidua en algunas tertulias y empezaba a explotar las redes sociales, pero su llegada a la sede de la calle Miguel Ángel (y el acierto en el fichaje de sus colaboradores) sirvió para que el gran público conociera al nuevo personaje político que se estaba fraguando: la nueva figura del PP que se declaraba republicana, defensora del matrimonio homosexual, agnóstica y el nuevo verbo progresista de los populares. Una etapa, no obstante, personalmente muy difícil (por su accidente de tráfico) y políticamente convulsa por el nacimiento del 15-M y las mediáticas protestas frente al Congreso.

Obviamente, Marisa, madrileña, separada y madre de tres hijos, amante de los perros, acompañó a su amiga Cristina cuando Mariano Rajoy la eligió para sustituir a Ignacio González en la Comunidad de Madrid. La 'dircom' volvía así a la puerta del Sol, donde ya había trabajado con Gallardón. El 'caso máster' en sin duda una prueba de fuego. "Una tormenta perfecta" como la definen en el PP. ¿Cómo gestionar una crisis así en la que las pruebas son contundentes pero la 'acusada' mantiene su inocencia? La estrategia ha pasado por distintas fases.

La primera, echar la culpa a la universidad, al caos interno, a "la putada" que ha supuesto que el director del máster falsificara un acta "que nadie le había pedido". La segunda, extender la sospecha a otros dirigentes políticos de todas las formaciones políticas. De repente han aparecido currículos falsos y trucados en políticos del PSOE, de Podemos y de Ciudadanos. Y cómo no, recordar 'el caso Errejón' y su no asistencia a clase cobrando por ello. Luego han venido más gestos, como la renuncia por carta del máster y la recuperación, poco a poco, de la agenda política de la presidenta. Y la tercera, insistir en que la judicialización del caso beneficia a Cifuentes, "ya que ayudará a conocer la verdad". Una verdad que puede convertirse en un arma de doble filo, en la tumba política de Cifuentes. Para muchos dentro del PP ya está sentenciada. Y eso, "no hay Marisa que lo arregle".

Madrid

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