la industria se reinventa

Celulosa sostenible 'made in Spain'

El proceso de elaboración del papel ha conseguido alcanzar altas cotas de sostenibilidad en los últimos años, siendo, además, generador de empleo en las zonas rurales

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A pesar de que la digitalización es una rotunda realidad que paulatinamente está convirtiendo en formato electrónico toda la documentación oficial, los folletos publicitarios, los periódicos y los libros, el papel continúa formando parte de nuestra vida. Más aún con el comercio electrónico: los paquetes necesitan un cartón donde ir embalados. La industria de la celulosa surte de materia prima a una ingente cantidad de sectores que fabrican elementos tan dispares como papel pintado de pared, papel tisú —utilizado para elaborar pañuelos o papel higiénico—, folios para impresión, papel de fumar e incluso sirve para construir encimeras de cocina, tejidos para ropa que sustituyen al algodón y otros materiales capaces de sustituir a los plásticos.

Mientras en el norte de Europa se produce celulosa de fibra larga, en España se trabaja con la variedad corta. La primera se extrae a partir de coníferas como el pino o el abeto, especies mucho más abundantes en aquellas latitudes, y se caracteriza por ser un material con una mayor dureza. Sin embargo, para confeccionar otros productos más delicados, se requiere celulosa de fibra corta, procedente de frondosas como el abedul y el eucalipto. Precisamente, el noroeste español posee un clima propicio para el cultivo de esta última especie, algo que no es posible en los países nórdicos.

La industria de la celulosa sirve para fabricar desde papel pintado de pared y folios de impresión hasta encimeras de cocina o tejido para ropa

Esta ventaja climática permite que una gran parte del papel de calidad utilizado a diario por cualquier español proceda en su origen de plantaciones sostenibles de Galicia y Asturias. Se trata de un proceso sostenible que poco tiene que ver con el valor negativo que antiguamente acompañaba a su fabricación. Actualmente, desde que el árbol es plantado hasta que el papel llega a las casas —o la industria correspondiente—, todos los materiales, residuos, componentes y energía son reutilizados contribuyendo a la economía circular y fomentando la generación de empleo en las zonas rurales.

¿Cómo se fabrica el papel?

Desde Ence, empresa española productora de celulosa, explican que todo comienza en sus 'biofábricas' de Lourizán en Pontevedra (Galicia) y Navia (Asturias), donde tratan madera comprada siempre en la proximidad de las plantas: “De entrada, con esto conseguimos minimizar la huella de carbono, porque evitamos el transporte innecesario, ya que nunca trabajamos con productores que estén fuera de un radio de 100 kilómetros”, apuntan fuentes de la compañía. Además, esta madera debe ser siempre cultivada y gestionada de forma sostenible, y para ello, “prácticamente la totalidad de nuestros proveedores cuentan con las certificaciones FSC [siglas en inglés de consejo de administración forestal] y PEFC [Programa para el Reconocimiento de Certificación Forestal]”, según especifican.

Una vez que la madera llega a la planta, las piezas se descortezan y se retiran las hojas y las ramas. Todo este material sirve como biocombustible para generar la energía que la propia fabricación de la celulosa requiere. Una vez quedan limpias, las piezas se trocean hasta convertirse en astillas y ser introducidas en grandes recipientes llamados digestores. “Estos depósitos se calientan con el biocombustible antes mencionado y se añade un compuesto químico que, posteriormente, también se recupera”. Los responsables de la papelera revelan que “esta fase sirve para separar la lignina”, que es el componente natural que mantiene unidas las fibras de celulosa de la madera.

La lignina, junto con los compuestos derivados de la cocción, también es “un excelente combustible natural" que se aprovecha para conseguir vapor a alta presión y obtener más energía para llevar a cabo la transformación. Desde Ence, llaman la atención sobre el hecho de que toda la electricidad generada durante el proceso —y que sobra una vez ha concluido el mismo— se inyecta en la red eléctrica para que no se pierda: “Aquí se recupera todo y no se genera ningún residuo. De hecho, nuestra fábrica de Pontevedra ha obtenido recientemente el certificado de Aenor de residuo cero”.

Biofábrica de Ence en Pontevedra.
Biofábrica de Ence en Pontevedra.

Tradicionalmente, una de las fases más criticadas en la fabricación de papel ha sido el proceso de blanqueo, ya que en muchos casos implica la utilización de cloro. Ence ha conseguido utilizar exclusivamente agua oxigenada en su fábrica de Pontevedra. "En Europa, tan solo existen un par de plantas que utilicen este método de blanqueo, y una de ellas es la nuestra”, reivindican.

Cuando la pasta ya es lo más pura posible y se ha conseguido blanquear, la última fase es el secado. Posteriormente, la celulosa es cortada en láminas y es empaquetada para su distribución. “Una vez llega al cliente, será este quien decida qué tipo de papel confeccionará, ya que existen múltiples usos de la materia prima”, señala la compañía.

Generación de empleo

Ence ha recibido el reconocimiento de los países nórdicos a través de la ecoetiqueta Nordic Swan, y ha puesto a disposición de la ciudadanía todos los indicadores de su fábrica de Lourizán en esta página web, con el fin de hacer más transparente su gestión medioambiental. “Para nosotros, el mejor medidor de que las cosas se están haciendo bien es la convivencia con el entorno: alrededor de la biofábrica no solo se marisquea a diario, sino que además existen cinco playas con bandera azul”, indican fuentes de la papelera.

Los tiempos han cambiado y el proceso que conlleva la fabricación de la celulosa y el papel se ha reinventado. Ahora no solo convive con el papel reciclado, el formato digital y otra suerte de materiales, también fomenta la economía circular local. “A todo ello, habría que sumar otro valor añadido —concluyen desde Ence—, y este es la generación de empleo”. Según los datos del último estudio realizado por la empresa gallega, la planta de Pontevedra genera más de 5.100 empleos, la mayor parte de ellos procedente de los acuerdos con los productores regionales.

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