Hijos de J. Barreras y Factorías Vulcano

El hundimiento de dos gigantes agita el fantasma de otra crisis del naval gallego

Dos de los más importantes actores del sector naval de Galicia están en serios problemas, mientras los malos recuerdos de la crisis de los años 80 acechan de nuevo en la región

Foto: Vista general del astillero Barreras en Vigo. (EFE)
Vista general del astillero Barreras en Vigo. (EFE)

Un gigante del sector naval gallego se hunde y el otro presenta una importante vía de agua. El fantasma de la crisis del sector, que causó estragos en la década de los ochenta, vuelve a sobrevolar la fabricación naval de Galicia, que se las prometía felices hace un par de años con su importante cartera de pedidos. Factorías Vulcano afronta su proceso de liquidación en el año de su centenario, con una deuda de 209 millones de euros. El administrador judicial presentó el plan de liquidación al juez este lunes, solo cuatro días antes de que solicitara preconcurso de acreedores el no menos histórico Hijos de J. Barreras, en situación crítica. De acompañar a Vulcano en su caída, las consecuencias para el sector serían desastrosas.

Las posibilidades de rescatar a Vulcano son prácticamente nulas. Sus trabajadores emprendieron este martes una "peregrinación" desde la fábrica viguesa a Santiago para solicitar la mediación del Gobierno gallego, pero la Xunta parece decidida a dejar caer a un astillero que ha consumido cuantiosos recursos públicos. Arrastrado por una mala gestión que le ha enfrentado a dos concursos de acreedores en los últimos 20 años, ahora Vulcano está inmerso en una tercera crisis de la que no es capaz de salir, lo que conduce de forma inexorable a la liquidación definitiva. Tampoco se vislumbra la aparición de ningún inversor que apueste por recuperar una factoría que llegó a alcanzar el millar de trabajadores, pero que en la actualidad mantiene a apenas 70. Su cierre tendrá efectos muy negativos en el sector, al perder la industria auxiliar uno de sus principales clientes.

El otro gran cliente de las auxiliares está a cuatro meses de la suspensión de pagos. Es Barreras, el mayor astillero privado de España, y ha vivido una semana convulsa, que se inició con el despido de su presidente, José García Costas, y se cerró con el preconcurso. Pemex, accionista mayoritario, ha tomado el control, y una de sus primeras decisiones ha sido solicitar el preconcurso para poner orden en el caos de la gestión de Costas antes de febrero. Es un paso previo a su desinversión, porque la compra del 51% en 2013 de Barreras ha sido criticada por el propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. De hecho, los tres directivos de la petrolera que negociaron la compra del 51% de las acciones con Costas y con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, están siendo investigados por corrupción.

Pero la gota que ha colmado el vaso es el desastre del buque que el astillero gallego construye para The Ritz-Carlton. El barco tenía un presupuesto de 240 millones, pero ha consumido mucho más, hasta 100 millones por encima de lo previsto, según diversas fuentes, y acumula un retraso que ha obligado a posponer el viaje inaugural. Ante las dudas que le generaba la obra, The Ritz-Carlton activó una auditoría y sorprendió a una veintena de trabajadores portugueses del turno de noche durmiendo o ejerciendo actividades ajenas a sus obligaciones, como pescar o ver películas en el teléfono móvil.

Los informes del cliente y los encargados por Pemex descubrieron situaciones peores, como el desvío de 50 millones de euros procedentes de otros pedidos a la construcción del crucero de lujo. En concreto, 30 millones adelantados por la naviera Armas para la construcción de un ferri y otros 20 millones abonados por Havila Kystruten para dos cruceros que finalmente no se construirán en Barreras. Fue la solución que encontró la directiva de García Costas para no detener la obra, una huida hacia adelante tras consumir los primeros 126 millones adelantados por The Ritz-Carlton.

La construcción del crucero se inició en enero del 2018, con una fecha de entrega prevista para noviembre de este año. El viaje inaugural se aplazó al 13 de junio de 2020, pero tampoco se cumplirá ese plazo, porque la obra está prácticamente parada. La nueva directiva de Barreras, ahora presidida por Víctor Manuel Navarro Cervantes, hombre de la confianza del director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza, ya ha informado de que se enfrenta a "problemas relacionados con la entrega y el coste del proyecto", por lo que el retraso será importante y esos plazos se descartan.

Aunque la centenaria factoría naval viguesa tiene una importante cartera de pedidos, se encuentra sin tesorería y sin posibilidad de realizar cobros relevantes a corto plazo, debido a los errores de diseño que paralizaron en julio la construcción y los pagos de dos grandes buques para Havila. El panorama que se dibuja es tan negro como el que en 2011 le hizo pasar un concurso voluntario de acreedores con una deuda de 78 millones de euros. Es una suma inferior a la que ahora debe afrontar Barreras, que además de los 100 millones de desviación presupuestaria, acumula una deuda con sus proveedores de otros 20 millones de euros. Algunos de ellos han empezado a quebrar, todo un síntoma de lo que se avecina para la industria auxiliar si el astillero no logra superar esta crisis.

La solución que se maneja pasa por una inversión de Oaktree, fondo accionista de la naviera The Ritz-Carlton Yatch Collection, división de cruceros del gigante de los hoteles, que ya negocia con Pemex la compra del 100% del astillero. Sería la segunda vez en seis años que un cliente se queda con el astillero vigués para salvarlo del desastre, como ocurrió en 2013 con la petrolera mexicana, que estaría encantada de abandonar una inversión que el actual Gobierno federal considera desastroso para sus intereses.

La Xunta se ha visto con The Ritz-Carlton, la nueva dirección de Barreras y con la asociación de pequeños y medianos astillero (Pymar), que agrupa la mayoría de las factorías navales de España, para abordar la amenaza real de insolvencia y estudiar la solución que ahora parece más posible. De abordar la inversión, Oaktree estaría de paso, ya que contempla la adquisición del astillero como una simple solución para concluir su buque. Y tendría que ser a un precio simbólico: una operación similar a la que permitió a Pemex hacerse con la mayoría accionarial de Barreras por 5,1 millones de euros. El resto del capital se lo reparten actualmente a partes iguales el grupo de José García Costas y la naviera Albacora. El escollo es Pemex, que no está dispuesto a desprenderse de su participación a cualquier precio.

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