AL GIGANTE DE LA SANIDAD PRIVADA RIBERA SALUD

La colonia emigrante acelera la venta del histórico Centro Gallego de Buenos Aires

Las elecciones en la institución, al borde de la quiebra, dan la victoria al grupo que quiere deshacerse de la sede por la vía rápida

Foto: El responsable de ATSA, Héctor Drazer (i), y el interventor del Centro Gallego, Martín Moyano, durante la firma de un convenio para liquidar las deudas salariales contraídas en 2011. (EFE)
El responsable de ATSA, Héctor Drazer (i), y el interventor del Centro Gallego, Martín Moyano, durante la firma de un convenio para liquidar las deudas salariales contraídas en 2011. (EFE)

Fue la entidad más importante del mundo en su tipo y está al borde de la quiebra. Los socios del Centro Gallego de Buenos Aires, apenas unos 4.000 de los 120.000 con que llegó a contar, han decidido acelerar la venta del histórico edificio de la avenida Belgrano al apoyar con sus votos la candidatura de la Agrupación A Terra, que apuesta por deshacerse del inmueble de forma urgente. Es la única solución que encuentran para salir de una agonía que arranca en los años noventa, pero que se acelera cuando la institución pierde el apoyo de la Xunta en 2011. La nueva directiva apuesta por concretar cuanto antes la operación de venta por 50 millones de euros al gigante español de la sanidad privada Ribera Salud, en alianza con la Fundación Favaloro.

El traspaso de la propiedad, de 34.000 metros cuadrados, tendrá un profundo efecto simbólico en la colonia de emigrantes e hijos de emigrantes gallegos, que se deshará del edifico en el que murió Alfonso Rodríguez Castelao. Además de su gran hospital, el inmueble dispone de un teatro con capacidad para 400 personas que lleva el nombre del de Rianxo, una biblioteca con más de 20.000 volúmenes —algunos de ellos, incunables— y una pinacoteca con cuadros de Laxeiro, Seoane, Maside y del propio Castelao. Es también el lugar en el que cientos de miles de personas recibieron asistencia sanitaria durante muchas décadas, ahora reducida a los servicios de una mutua financiada por el Gobierno de España.

La situación es tan acuciante que mereció la irrupción del Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, que la semana pasada reclamó al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, su intervención ante la “delicada situación” del centro. El Nobel de la Paz de 1980 lamentó el deterioro y “la pérdida del importante acervo cultural”, pero también el impago de empleados y el “vaciamiento del hospital”, hasta el punto de alertar de que la falta de fármacos pone “en riesgo de muerte” a pacientes del centro. Esquivel, hijo de un gallego de Combarro, también solicitó la mediación del Ejecutivo para “observar el estado del patrimonio cultural gallego”, que considera “severamente afectado”, pese de la promesa de la Xunta de protegerlo.

Quedan lejos los tiempos en los que el Centro Gallego en la capital argentina contaba con una colonia tan numerosa que formaba una ciudad dentro de otra ciudad. Afiliarse en la institución era prácticamente lo primero que hacían los gallegos nada más bajarse del barco, en los años en que la guerra y la posguerra arrastraron a tantos españoles al otro lado del Atlántico. Además de recibir asistencia sanitaria, allí aprendieron a leer y a escribir innumerables emigrantes. Fundado en 1907, el pasado año se cumplió el centenario de su simbólica sede en Belgrano, pero la efeméride fue de perfil bajo, atrapada como está la institución por una deuda de 1.500 millones de pesos (34 millones de euros).

El edificio opera al mínimo, con cuatro de sus cinco plantas cerradas al público. De las 350 camas que llegó a tener el centro sanitario, solo están operativas 40. Y los socios viven con la angustia de una asistencia reducida al mínimo y una deuda voraz, que se disparó cuando, tras la retirada de la Xunta, que operaba a través de la Fundación Galicia Saúde, sus 1.800 empleados fueron transferidos al propio centro. El centro fue incapaz de afrontar semejante carga. Solo la deuda fiscal asciende a 1.000 millones de pesos. Otros 350 millones los reclama la Fundación Galicia Saúde, ya quebrada, pero bajo la responsabilidad de la Xunta de Galicia.

“La deuda fiscal es la mayor que yo haya visto jamás”, reconoció este verano en la prensa argentina su actual interventor, Martín Moyano Barro. Moyano se puso al frente de la institución tras la intervención del Gobierno argentino en 2012 con el objetivo de sanear la economía, objetivo claramente incumplido. Aunque prometió “poner al Centro Gallego en el siglo XXI”, muchos empleados y socios creen que está orquestando un vaciamiento de la institución, y coinciden con Esquivel en que, lejos de conseguir su objetivo, la intervención ha acentuado su expolio.

De ese supuesto saqueo se hizo eco el periódico argentino 'Clarín' este verano, en un largo reportaje en el que relata la pérdida de 6.000 socios del centro en los dos últimos años y ofrece el testimonio de algunos de sus trabajadores. “Hace dos años comenzó un proceso de vaciamiento. Se cerraron los servicios de pediatría, cirugía y neonatología, y se despidió a muchos empleados”, relata Yolanda Guitián, enfermera y delegada gremial con 25 años de antigüedad. “Hay empleados que cobran 1.000 pesos por semana [22,80 euros]. El contexto de crisis laboral actual no ayuda, porque hay gente que lleva décadas trabajando en el centro”. Y desconfía del interventor, “la mano del Estado”.

En el mismo artículo, Moyano ofrece algunos detalles de su labor que dan una idea de la degradación del centro: "Cuando comencé mi trabajo, me encontré con una persona muerta, desde hacía nueve meses, en el 'shock room' de la guardia externa. Estaba en un féretro, con aire acondicionado permanente a 17 grados. Había habido una confusión de identidades. Lo primero que hicimos fue dar intervención a la Justicia”.

Las elecciones, celebradas los días 9 y 10 de septiembre, dieron la victoria a la candidatura liderada por el periodista Ramón Suárez, que obtuvo casi el 67% del total de los 1.127 votos emitidos, apenas el 31,4% del censo total. El nuevo presidente aboga por proceder a la venta cuanto antes, aunque para ello es necesario que la asamblea lo apruebe con el apoyo de dos tercios de sus 90 miembros. De acuerdo con su planteamiento, el Centro Gallego seguiría existiendo como entidad mutual y responsable del mantenimiento y gestión del patrimonio cultural e histórico de la institución, incluido el panteón que posee en el famoso cementerio bonaerense de Chacarita.

La victoria de Suárez es la de la crítica de los afiliados a la Xunta, a la que también relaciona con ese “vaciamiento” del centro. “Su responsabilidad arranca cuando decidió crear la obra social Ospaña y quitarle los socios a nuestra mutual a través de una campaña agresiva y desleal, haciéndonos un daño que fue irreversible”, denunció en agosto en el diario bonaerense 'Página 12'. “La grave situación por la que estamos atravesando desde hace años deriva de aquella decisión tomada por la Xunta de Galicia y que nos ha colocado al borde del abismo”, agregó. Suárez dijo que por ello el Centro Gallego pasó de “ser la entidad más importante del mundo en su tipo, a tener una inquietante posibilidad de quiebra, a la que no debe ser ajena la Xunta”. Y concluía: “Hoy el Centro Gallego se debate entre la vida y la muerte”..

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