“No quiero saber nada del atletismo”

La pesadilla bipolar de Julia Vaquero, la mejor atleta gallega de todos los tiempos

La plusmarquista española de los 5.000 metros, retirada hace 17 años, sobrevive con una pensión de 369 euros y una ayuda del COE para tratar un trastorno bipolar

Foto: Julia Vaquero, corriendo 5.000 metros en la Copa de Europa, en junio de 1996. (Atletismo Español)
Julia Vaquero, corriendo 5.000 metros en la Copa de Europa, en junio de 1996. (Atletismo Español)

Diecisiete años después de su retirada, el nombre de Julia Vaquero sigue repleto de significado en el mundo del deporte. La mejor atleta gallega de todos los tiempos, titular de una marca en los 5.000 metros lisos que ninguna otra española ha sido capaz de batir desde 1996, triple medallista en los campeonatos europeos de 'cross'… Todo lo conseguido en la última década del pasado siglo hizo de ella una referencia indiscutible, un icono en el que pronto se volcaron todas las expectativas que solo la alta competición es capaz de convocar. Y su frágil personalidad no lo soportó. Incapaz de superar la presión, la atleta se recluyó en su pueblo, y hoy lucha por sobrevivir con una pensión no contributiva y una ayuda del Comité Olímpico Español para hacer frente al trastorno bipolar que las exigencias del deporte de élite contribuyeron a acelerar.

La inauguración de una exposición sobre su figura en la Casa de la Cultura de A Gándara (Pontevedra), la localidad en la que se crio, ha permitido conocer la triste realidad de Julia Vaquero, que se confesó en una entrevista con una web local. “Ahora vivo con una ridícula pensión de 369 euros por una minusvalía del 60%, y por suerte el Comité Olímpico se hace cargo de los medicamentos y del tratamiento psicológico”, reveló a telemariñas.com. “El trastorno bipolar hace que no confíe en mí y me da miedo enfrentarme a cualquier tipo de trabajo. Cada vez estoy más vieja, muy cansada. Ya me comentaron que la medicación cansa”, relata. Seguir vinculada al mundo del deporte como entrenadora no es una opción: “No quiero saber nada del atletismo”.

Hasta ahora, Julia Vaquero ha podido llevar una vida más o menos normal gracias a los ahorros que logró reunir durante su etapa profesional, pero la incertidumbre económica se cierne sobre ella. Sobre todo pesa esa dependencia del COE, que sufraga el terapeuta y una pauta de hasta 11 pastillas diarias. “La situación es crítica. Poco a poco se van acabando los ahorros, y cuando se acaben, ya veremos qué ocurrirá”. Un divorcio contribuyó a deteriorar su economía, aunque con lo ganado como deportista pudo acondicionar una casa en A Guarda en la que lleva una tranquila vida familiar, con visitas frecuentes de su hija Xulia, de 14 años.

Todo el mundo me señalaba como una de las grandes aspirantes al oro y no supe gestionar aquella presión

No tuvo Julia Vaquero (1970) una infancia fácil. La muerte de su padre cuando todavía era una niña fue un golpe difícil de encajar, pero inicialmente encontró en el deporte el impulso necesario, la válvula de escape que la liberaría de sus problemas. Sin embargo, había heridas demasiado dolorosas, y la bipolaridad la fue separando poco a poco de la competición, para dejar de ser profesional antes de cumplir los 30, cuando llevaba solo cinco años dedicada en cuerpo y alma al atletismo.

Entonces se atribuyó la decisión a una sucesión de decepciones que salpicaron su trayectoria, pero una de ellas se sitúa por encima de las demás: la final de los 10.000 en los Juegos de Atlanta, celebrados el mismo año que pulverizaba en Oslo el récord de los 5.000: “Todo el mundo me señalaba como una de las grandes aspirantes al oro y no supe gestionar aquella presión”. Ocurrió en una final que será recordada por lo que se consideró una traición de la portuguesa Fernanda Ribeiro, con la que había un supuesto acuerdo de alternancia en cabeza para agitar la carrera. La gallega hizo de locomotora durante ocho kilómetros, pero su rival no la correspondió. Tras casi media hora corriendo al borde del abandono, encogida por un flato, Vaquero llegó novena.

Con el tiempo, guarda más rencor hacia sí misma que para la campeona: “Cada uno hace su carrera. Los entrenadores habían hablado, pero ella y yo no teníamos pacto alguno. La cuestión es que a mí me pudo el ambiente, la presión, e hice lo que no debía. No estoy orgullosa de aquel comportamiento porque estuve realmente mal".

En el mundo del deporte me he sentido utilizada, porque persigues una marca y te olvidas de la persona que eres

Julia Vaquero reconoció años después que todo aquello le vino muy grande. “Yo no tenía mentalidad suficiente para resistir aquella exigencia”, relató en una entrevista en 2011, con motivo del decimoquinto aniversario de su récord. Era la primera vez que confesaba su bipolaridad, que le habían diagnosticado 11 años antes. Y más tarde seguiría relatando sus sensaciones de la época profesional, unos tiempos en los que todavía no había irrumpido la psicología deportiva. “Si pudiera, cambiaría mi manera de encarar las competiciones, me ponía muy nerviosa, lo pasaba muy mal, me ponía muy intranquila. Tener a alguien que me preparase psicológicamente es algo que eché de menos, porque me doy cuenta de que la cabeza es muy importante a la hora de competir”.

La transición a la vida de exdeportista también fue complicada. “Vivía en una burbuja cuando competía, y luego me resultó muy difícil adaptarme a la vida normal”, relató en otra ocasión. “Ha sido una relación de amor-odio. Yo agarré el deporte como mi forma de vida y ahora estoy descubriendo que necesitaba respuestas, y saber muchos porqués”. Y por si fueran pocas confesiones, añadió: “En el mundo del deporte me he sentido utilizada, porque persigues una marca y te olvidas de la persona que eres”.

Las contradicciones siguen persiguiendo a sus 47 años a Julia Vaquero, que en una misma respuesta reconoce que añora aquellos tiempos de la alta competición para puntualizar a continuación que no le han quedado más que sensaciones negativas. Se confiesa en todo caso atrapada por la nostalgia, “insatisfecha porque todo lo que he hecho ya pasó, se ha quedado atrás, en el recuerdo”. “Siento mucha pena por haber quemado esa etapa”, relata. En el fondo, todo forma parte de su paradójica relación con el atletismo, una práctica a la que tanto debe y que tanto daño le causó.

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