la gestión municipal influirá en el 25-s

Vigo (PSOE), Coruña (Marea) y Ourense (PP): tres ciudades, tres modelos a las urnas

PSOE, En Marea y Partido Popular confrontan este domingo sus patrones de gestión diferenciados desde las mayores urbes de Galicia

Foto: El candidato del PP a la presidencia de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El candidato del PP a la presidencia de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

La del 24 de mayo de 2015 fue la peor noche electoral que vivió jamás Alberto Núñez Feijóo. El PP perdió la mayoría absoluta en las ciudades de A Coruña, Santiago y Ferrol, que cayeron en manos de las Mareas. También se desplomó en Vigo y Pontevedra, donde se consolidaron alcaldes del PSOE y del BNG, respectivamente. En Lugo se quedó sin opciones de gobernar, y Ourense se quedó como la única ciudad donde le salieron las cuentas. Traducido a diputaciones, los socialistas sumaron Pontevedra y A Coruña a la de Lugo, y a los populares solo les quedó el incómodo feudo provincial orensano de José Manuel Baltar.

Los más de 183.000 votos y casi 10 puntos de apoyo que perdió el PP respecto a 2011 redujeron al partido de Feijóo a un ámbito predominantemente rural. El resultado es toda una diversidad de modelos. En Ourense gobierna el PP en minoría, lo mismo que hace en Pontevedra el Bloque y en Lugo el PSdeG. Los socialistas pueden presumir de una cómoda mayoría absoluta en Vigo, mientras las Mareas alcanzaron las alcaldías con el apoyo de los socialistas, desde el Gobierno en Ferrol y desde fuera de él en A Coruña y Santiago.

Las tres mayores ciudades de Galicia en número de habitantes, Vigo, A Coruña y Ourense, respectivamente, en las que reside la cuarta parte de la población de Galicia, están en manos de las tres opciones políticas con posibilidades de lograr la presidencia de la Xunta. De la continuidad de un Abel Caballero que gobierna en Vigo desde 2007, a la precariedad de Jesús Vázquez, alcalde de Ourense con 10 de los 25 concejales de la Corporación, pasando por Xulio Ferreiro, de Marea Atlántica, que preside la Corporación con el tibio apoyo del PSOE.

Vigo: la mayoría absoluta de Abel Caballero

El alcalde de Vigo, Abel Caballero. (EFE)
El alcalde de Vigo, Abel Caballero. (EFE)

A lo largo de los últimos nueve años, el socialista Abel Caballero ha conocido todas las formas posibles de gobierno. En 2007, sus nueve concejales compartieron Gobierno con los cinco del BNG, para dejar a los nueve del PP en la oposición. En las municipales de 2011 mejoró sus resultados y el Bloque, que le apoyó en la investidura, pasó a la oposición. La gran sorpresa llegó en 2015, cuando el exministro de Felipe González subió a 17 concejales y se convirtió en el alcalde más respaldado de la democracia en Vigo, y también en el único de una gran ciudad española con mayoría absoluta.

En un lugar como Vigo, tradicionalmente alejado del poder político autonómico —concentrado en el eje A Coruña-Santiago—, Caballero ha despertado un clima de reivindicación hasta ahora desconocido, lo que le ha costado que desde fuera de la ciudad se le tache de localista. El punto de inflexión de sus mandatos fue su férrea oposición de la fusión de las cajas de ahorro impuesta a martillazos desde la Xunta, y que según Caballero trataba de salvar los muebles de la coruñesa Caixa Galicia a costa de la menos deteriorada Caixanova, con sede en Vigo. El alcalde movilizó a la ciudad en una histórica manifestación que, con el único respaldo político del PSOE, consiguió reunir a más de 200.000 personas.

Por ahí se le abrió al alcalde de Vigo una senda que ha seguido a la hora de reivindicar el aeropuerto de la ciudad frente a las subvenciones municipales o autonómicas de las que se beneficiaban los de A Coruña y Santiago. O para ponerse al frente de la demanda de un hospital público frente al modelo de colaboración público-privada que impulsó Feijóo, en lo que ha constituido uno de los mayores fiascos del presidente gallego en la ciudad. O para enfrentarse con el socialista Joaquín Almunia, entonces comisario europeo de Competencia, por considerar que estaba perjudicando al sector naval de la ciudad.

El enfrentamiento con el presidente de la Xunta en estos años ha sido a cara de perro, ya fuera por el proyecto de Ciudad de la Justicia o por el Plan General de la ciudad. Pero esa ha sido solo una de las patas en las que se sustenta su creciente apoyo en Vigo. La otra ha sido la económica, que le permite presumir de gobernar una de las ciudades menos endeudadas de España. De acuerdo con un informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, la ciudad está a la cabeza de España en cumplimiento de la estabilidad y la regla de gasto de entre las 16 ciudades de más de 250.000 habitantes.

A Coruña: la cara visible de las mareas

El alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro (d), y Pablo Iglesias.
El alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro (d), y Pablo Iglesias.

Xulio Ferreiro se convirtió la noche de las elecciones municipales en la cara del cambio. En una ciudad como A Coruña, poco habituada a las mudanzas, su llegada revolucionó un lugar en el que todavía era imposible darse un paseo sin toparse con un símbolo que ensalce a los promotores del golpe de 1936 o de la dictadura franquista. No sin oposición, Ferreiro y los suyos iniciaron el cambio de nombres de un puñado de calles como General Mola, Los Caídos y hasta del Generalísimo, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

Es una demostración de un cambio de estilo, personificado en un alcalde que pasea sus camisas a cuadros por un palacio municipal de aire aristocrático. Aunque con 10 concejales en una corporación de 27, a la Marea Atlántica de Ferreiro solo le vale entenderse con el PSOE, y la convivencia con los socialistas se está convirtiendo en el gran calvario de su mandato. El pasado mes de mayo, el mismo día que apoyaba los Presupuestos del Gobierno local para 2016, el PSOE impulsó con el PP una serie de enmiendas que redistribuían las principales partidas del gasto. Fue lo que Ferreiro calificó de “moción de censura encubierta”, y una prueba de las difíciles relaciones con los socialistas.

El alcalde sostiene que ha cumplido en un 35% las medidas de su programa electoral, que solo un 15% no se ha emprendido y que el resto está en fase de ejecución. La Marea presume de fomentar la participación ciudadana, dejar de subvencionar las corridas de toros o municipalizar servicios como el de bibliotecas, que sus antecesores habían entregado a la empresa Emulen, de la que es apoderada la hermana de Alberto Núñez Feijóo. También ha aprobado una renta social municipal.

La oposición suspende la gestión de la Marea Atlántica, un suspenso que empieza por sus propios socios de gobierno del PSOE, que le acusan de paralizar los grandes proyectos de la ciudad, de hacerla perder peso político y de emplear una estrategia de confrontación. Son críticas similares a las que emplea el PP, que tacha a Xulio Ferreiro de “sectario”.

Ourense: bajo el peso de la moción de censura

El alcalde de Ourense, Jesús Vázquez. (EFE)
El alcalde de Ourense, Jesús Vázquez. (EFE)

La amenaza de la moción de censura persigue en Ourense al único alcalde urbano que conservó el PP en 2015: Jesús Vázquez, 'exconselleiro' de Cultura y Educación y apuesta personal de Feijóo. Vázquez gobierna en minoría y entre los sucesivos intentos de descabalgarlo de Democracia Ourensana (DO), un singular partido de ideología difusa que, en unión con el PSOE, podría sumar cuatro ediles más que los populares. Pero los socialistas prefirieron desde el principio un alcalde del PP a uno de DO, formación política que fue un auténtico látigo para su exalcalde Agustín Fernández.

Haber puesto fin a aquella etapa de Agustín Fernández, con un PSOE dividido y encallado en la ingobernabilidad, es el primer mérito que puso sobre la mesa su sucesor cuando hizo balance de su primer año de gobierno. “Hemos recobrado la normalidad”, exhibió Jesús Vázquez, que sigue rentabilizando la falta de entendimiento entre PSOE, DO y Ourense en Común, la marea local. El resto de las 28 páginas que resumían aquel primer año de mandato son una demostración de que no hay mucho más margen de maniobra para un Gobierno tan minoritario: participación de los agentes sociales, algún plan urbanístico concreto, programas de apoyo al empleo…

Lo que no ha logrado Vázquez es poner de acuerdo a 18 concejales necesarios para sacar adelante los Presupuestos de la ciudad, actualmente prorrogados, por lo que se centra ya en los de 2017, que tampoco tendrá fácil. Su otra cuenta pendiente es el Plan General de Ordenación Municipal, aprobado en 2003 y anulado ocho años más tarde por el Tribunal Supremo. El Gobierno municipal aún le da vueltas al documento técnico que deberá sustituir al que decayó en 2011, antes de entablar una negociación política que también se presenta muy complicada.

Del clima de confrontación y escaso consenso que domina la política local dan cuenta las sucesivas derrotas sufridas por el PP en el pleno, no sobre Presupuestos o plan general, que no ha llegado a someter a votación, sino a través de iniciativas de la oposición sobre distintos proyectos del alcalde. Es el caso de un documento con el Ministerio de Fomento y la Xunta para la integración de la alta velocidad en la ciudad. O, más simbólicamente, la reprobación del alcalde por la oposición, que se aprobó en febrero con los votos de Democracia Ourensana y el PSOE, y con la abstención de Ourense en Común.

Jesús Vázquez trata de aparentar normalidad. La posibilidad de que el resto de grupos lo apeen de la alcaldía, afirma, no le quita “ni un minuto de sueño”. E incluso desliza que lo vería como una liberación al calvario de un Gobierno tan minoritario. Si la oposición mantiene su estrategia de “paralizar la ciudad”, sostiene, la moción de censura le parecería “lo más legítimo”.

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