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Del acorde de Raimon a Vídeo: canciones de nuestros padres en la Transición valenciana
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TIEMPOS CONVULSOS

Del acorde de Raimon a Vídeo: canciones de nuestros padres en la Transición valenciana

La canción protesta, la verbena fallera, el pop mediterráneo y los sintetizadores pusieron la banda sonora. Este sábado 2 de julio, la ciudadanía valenciana celebra 40 años de autogobierno con un macroconcierto coral en la Plaza de Toros

Foto: Multitudinaria manifestación el 9 de octubre de 1977 en Valencia para reclamar un Estatuto. (Cameraman)
Multitudinaria manifestación el 9 de octubre de 1977 en Valencia para reclamar un Estatuto. (Cameraman)

Vengo de un silencio que romperá la gente que ahora quiere ser libre, que ama la vida y que exige lo que le han negado”. Cuando Raimon compuso 'Jo vinc d'un silenci', en agosto de 1975, el trovador de Xàtiva conocía la realidad del momento: aquel no era un canto de esperanza, una parte de la sociedad ya había tomado la calle. El día que Franco murió, el franquismo llevaba años agonizando, pero los guardianes de la llave no tenían intención alguna de hacer copias para airear el cortijo.

A lo largo de aquellos tiempos convulsos, la ciudadanía valenciana transitó hacia otra tierra, aún imaginada pero inevitable, que tras años de movilizaciones populares y citas electorales, salpicadas de violencia, traiciones y también renuncias, plasmaría en el Estatuto de 1982. Este sábado, 2 de julio, la Generalitat Valenciana celebra el 40 aniversario del Estatuto de Autonomía con un concierto, en la Plaza de Toros de Valencia, en el que actuarán músicos surgidos en la Transición, como Al Tall, Julio Bustamante o Miquel Gil, junto a otros que comandan la escena actual: Los Chikos del Maíz, Alba Reche, Pep Gimeno 'Botifarra' o El Diluvi.

Existe un cierto consenso historiográfico en establecer que la Transición comenzó con la elección de Suárez, en julio de 1976, y finalizó con la victoria del PSOE, en la elecciones generales de 1982. Cosa distinta es asignar puestos de honor a los actores del proceso histórico, o establecer puntos de acuerdo entre los sacralizadores y los demonizadores del mismo.

En clave valenciana, la llegada de los nuevos tiempos estuvo marcada por una sociedad que deambulaba sobre tres pilares. Un nuevo valencianismo político de raíz fusteriana, influyente en la cultura y la universidad, pero con poca afección en las urnas. Un regionalismo de herencia franquista, mutado en blaverismo poderoso y asimilado por la Unión de Centro Democrático desde la cocina de Madrid. Y una izquierda histórica, socialista y comunista, mayoritaria tanto en las elecciones generales de 1977 y 1979, como en las municipales de 1979 y, en principio, sin un discurso articulado sobre el autogobierno, aunque después proclive, ante el fervor popular estatutario y la absorción del PSPV por el PSOE.

placeholder All Tall en 1976. (Miquel Gil)
All Tall en 1976. (Miquel Gil)

La génesis transicional valenciana arranca un 12 de julio de 1976, cuando 120.000 manifestantes acuden a la llamada de la Mesa de Fuerzas Políticas y Sindicales del País Valenciano, bajo el lema 'Per la llibertat, per l'amnistia, per l'Estatut d'Autonomia'. Aquel año, dos formaciones musicales, antagónicas en el tono pero de raíz identitaria común, monopolizaban la escena: Els Pavesos, desde la verbena popular, y Al Tall, sobre una tribuna solemne.

Dos grupos contrapuestos

Els Pavesos era el grupo más popular de Valencia tras un álbum debut, 'A la nostra gent' (1976), plagado de versiones de canciones tradicionales. Su líder, Joan Monleón, se exhibía como una monumental falla andante, que exaltaba en modo satírico los rasgos de aquella valencianía regional, forjada desde finales del siglo XIX. Folclore travestido, capaz de levantar a las masas invocando el espíritu populista de Blasco Ibáñez. Un perpetuo sainete desencadenado, con la voz de Merxe Banyuls como contrapunto al plenipotenciario 'showman'. Al otro lado, Al Tall: un grupo de folk comprometido en la recuperación del valenciano y de la cultura autóctona, formado por Manolo Miralles, Vicent Torrent, Manolo Lledó y Miquel Gil. Este último dejó la banda, en 1986, para explorar nuevas sonoridades alejadas del folk clásico.

placeholder Els Pavesos en 1979. (Cedida)
Els Pavesos en 1979. (Cedida)

“La fundación de Al Tall fue rocambolesca. Manolo Miralles tendía a las fórmulas de cantautor y Vicent Torrent venía del folk tradicional. Yo tenía dieciocho años y ellos casi treinta. Me dedicaba a mirar a los mayores y a trabajar el repertorio que me indicaban. De pronto, me encontré en Barcelona grabando un primer disco, 'La cançó popular al País Valencià', que fue rompedor. Llegaron las giras, los estadios llenos y las noches barcelonesas junto a Gato Pérez”, recuerda Miquel Gil. Tanto el músico de Catarroja, como sus antiguos compañeros de Al Tall, interpretarán algunos temas en el concierto de este sábado para celebrar el 40 aniversario del Estatuto de Autonomía.

Tras las elecciones generales de 1977 y la llegada de socialistas, comunistas y nacionalistas periféricos al tablero parlamentario, los atentados de la ultraderecha fueron una constante. “Yo llevaba una barra de acero en la funda del bajo para defenderme. Por suerte no sufrí una agresión directa, a otros sí les ocurrió. Había mucha rabia acumulada en la extrema derecha, porque la realidad de la sociedad valenciana se llevó por delante el pasado. Al final, se obtuvo un estatuto de segunda división, los movimientos políticos de algunos nos dejaron fuera de las nacionalidades históricas. Conseguimos un marco por el que nos gobernamos, existe una política lingüística que ha ido dando resultados, sobre todo para el valenciano de cultura pero no tanto para el uso del idioma en la calle. Aún queda faena por hacer. En su momento superamos dificultades que parecían irreconciliables y quizá el balance sea aceptable, teniendo en cuenta que la violencia estaba muy presente en el día a día”, indica Gil.

Foto:  Joaquín Prats, de espaldas, con Nino Bravo, Yaco Lara y Bruno Lomas. (Ana Mafé García)

El 9 de octubre de 1977 Valencia congregó a 600.000 manifestantes demandando un Estatuto. Todas las fuerzas políticas suscribieron su adhesión al lema 'Dia del País Valencià', excepto Fuerza Nueva. Días antes, en Alicante, el militante comunista Miquel Grau era objeto de un atentado por parte un miembro de la formación ultra. Moriría el 16 de octubre. “Fueron años terribles para actuar en directo. Desde tirarnos piedras, hasta un tipo sacando una pistola para amenazar al público, o mi padre defendiéndose con la guitarra de un miembro de Fuerza Nueva que lo atacó con una navaja. Aunque, lo más traumático fue el intento de atentado, el 9 de octubre de 1979, en las Torres de Serranos. Colocaron explosivos bajo la furgoneta, era el vehículo familiar en el que nos desplazábamos a los conciertos. Los artificieros lo desactivaron, pero mi padre decidió parar por un tiempo”, relata Mari Giner. Ella era una niña cuando en 1972 comenzó a cantar en Carraixet, junto a su padre Lleonard Giner. Más tarde se unieron sus hermanas. Hoy, ellas y sus hijas forman la banda más longeva de Valencia, 50 años sobre las tablas.

El primer estudio

En mitad de la huerta de Alboraya, Lluís Miquel, pionero del rock con Els 4-Z en 1962, fundó los estudios Tabalet en 1977. El primer estudio de grabación de todo el territorio valenciano ejerció como herramienta vertebradora para la industria musical, así como para la publicitaria y la del doblaje, durante las décadas posteriores. El disco que inauguró Tabalet fue 'Humitat Relativa' de Remigi Palmero, después llegaría 'Cambres' de Julio Bustamante, así como el omnipresente jingle de Mercadona, grabado en su versión inicial por Mari Giner, de Carraixet.

placeholder El 9 de octubre de 1977 Valencia congregó a 600.000 manifestantes demandando un Estatuto. (Cameraman)
El 9 de octubre de 1977 Valencia congregó a 600.000 manifestantes demandando un Estatuto. (Cameraman)

Bustamante es otro de los que subirá al coso valenciano para festejar el autogobierno. “Llevo un mes ajetreado. Estuve presentando el disco nuevo, 'Sueños emisarios', por el Teatre El Micalet y La Casa de Mar. Ahora estoy cogiendo fuerzas para el concierto del 40 aniversario del Estatuto donde cantaré 'València no s'acaba mai'. Hace unos días en el Centro Excursionista toqué 'Cambrers' con una banda formada por gente que nació aproximadamente el año en que lo lanzamos. Siempre ha tenido buena acogida, en su momento lo recibieron con fervor los periodistas musicales Diego Manrique, Juan de Pablos y Jesús Ordovás, que tenían gran influencia en el oyente, y desde un tiempo ha vuelto a ser reivindicado por la prensa y por el público interesado en la música pop valenciana”, explica el veterano autor.

Aquel álbum mítico se compuso en los años duros de La Batalla de Valencia. Ricard Pérez Casado (PSPV-PSOE) llegó a la alcaldía del cap i casal en 1979, y la estrategia de la UCD frente a los socialdemócratas fue alentar la guerra de símbolos y de la lengua entre las bases regionalistas. “Lo compuse en los años movidos de la Transición, con la ultraderecha y el blaverismo dando guerra por las calles. Acabábamos de lanzar 'Humitat Relativa' de Remigi Palmero, y con el grupo In Fraganti dábamos conciertos por las salas Tres Tristes Tigres, Akuarela o Planta Baja, en 1981. Fue una forma de normalizar el pop cantado en valenciano en una época en la que estaba en boga la canción política o la psicodelia. Yo componía alejado de las modas, era mi cotidianidad hecha música, una especie de diario personal musicalizado, pero no era un pionero porque ya lo habían ejecutado a su modo Pep Laguarda i Tapineria con 'Brossa d'ahir' o Cotó-en-Pèl, la gran banda valenciana de rock progresivo de los setenta”, concluye Julio.

Foto: Joan Manuel Serrat cerró en 2010 su gira 'Hijo de la luz y de la sombra', en homenaje a Miguel Hernández, en Orihuela. (EFE/Morell)

En la encrucijada de décadas, el punk, el rock británico y el pop de sintetizadores encuentran acomodo entre las generaciones más jóvenes. En 1978, en la calle Maestro Gozalbo, del barrio del Ensanche, Juan Santamaría aterrizaba en los platos de la discoteca Oggi para dar un giro copernicano al ocio nocturno valenciano: abandonó el lento, los productos de radiofórmula y la música de baile para pinchar los últimos vinilos editados en Inglaterra. Fue el acta fundacional de la figura del disc jockey como centro gravitatorio del negocio, y el antecedente necesario de la Ruta. Santamaría había pasado por la discoteca Barraca durante un corto espacio, y Carlos Simó, entonces camarero del templo de Sueca, recogió el legado hasta convertirlo en la tendencia dominante para la modernidad valenciana desde el preámbulo ochentero.

Otros sonidos

Entre aquellos muchachos renovadores, adictos a las tendencias foráneas destacaron La Morgue, Interterror y La Banda de Gaal. En esta última, se encontraba al teclado José Luis Macías, también miembro fundador de Glamour y Comité Cisne: “Empezamos en 1979 como músicos de acompañamiento de Juan Carlos de Manuel y su grupo Pepet i MariCarmen. Era un artista radical, sonaba cósmico, casi alemán. Entré porque yo tenía un sintetizador y le gustaba que soltara ruiditos mientras él cantaba. Bartual, del grupo punk La Morgue, lanzaba caramelos al público. Estos los devolvían apuntando a la cabeza, y no eran pequeños, eran piedras de sabor naranja comprados a granel en La Casa de los Caramelos. Igual tocábamos en el Teatre El Micalet, que en la fiesta del Partido Comunista en Xirivella o frente a la Liga Comunista Revolucionaria en el Trinquet Pelayo. Un día, Juan Carlos desapareció, dejando colgado a su mánager con unos bolos ya contratados, así que nos juntamos Remi Carreres, Luis Badenes y yo, y formamos La Banda de Gaal. Fue el germen de Glamour”.

placeholder Glamour en 1981. (Cedida)
Glamour en 1981. (Cedida)

En 1981, mientras los tanques de Milans del Bosch desfilaban por la avenida Cardenal Benlloch para colapsar el proceso democrático, los Glamour registraban sus primeros temas. “Nuestras influencias estaban en la new wave, Roxy Music y, principalmente, Bowie. Después de grabar 'Imágenes', en 1981, decidimos cambiar el nombre por Glamour, y el primer cartel que pegamos en un muro del barrio de El Carmen, anunciando nuestro bolo, lo adornaron con la palabra “facha”. Cuando volvimos a pasar, otro había escrito “maricones”, ese era el ambiente en la ciudad. Carlos Simó empezó a pinchar nuestra maqueta en la discoteca Barraca aquel verano, y actuamos varias veces. El sello Polydor se enteró de nuestra existencia y publicó el disco algo después. Fue un éxito en todo el país. Teníamos un estética muy definida, arrasábamos Granados, la tienda de moda de Gran Vía, y luego la discográfica nos lo descontaba. Éramos muy jóvenes, así que cualquier cambio político enfocado a la libertad, el desenfreno y el libertinaje nos parecía perfecto”, remata Macías.

Bajo el influjo de la modernidad triunfal de Glamour, en 1982 brotaron en Valencia varios combos que absorbieron mejor su estética que sus fuentes primarias. El único que logró abrirse paso a nivel nacional, de manera tan fugaz como rotunda, fue Vídeo. Con unas texturas similares a las de otros grupos femeninos del momento, como Olé Olé o Mecano, la voz punzante de Pepa Villalba descargó la última bala del pop local en la cronología transicional. 'La noche no es para mí' sigue siendo la canción más famosa de aquella difusa movida valenciana, una escena cultural formulada, como buena hija de su tiempo político, en el exceso de improvisación y la falta de guión.

Vengo de un silencio que romperá la gente que ahora quiere ser libre, que ama la vida y que exige lo que le han negado”. Cuando Raimon compuso 'Jo vinc d'un silenci', en agosto de 1975, el trovador de Xàtiva conocía la realidad del momento: aquel no era un canto de esperanza, una parte de la sociedad ya había tomado la calle. El día que Franco murió, el franquismo llevaba años agonizando, pero los guardianes de la llave no tenían intención alguna de hacer copias para airear el cortijo.

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