la trastienda

¿Y si nos cargamos a Adolfo Suárez? Así llegó a la cúspide para liderar la Transición

El 'Ministerio del Tiempo' fantasea con la no elección de Suárez a la muerte de Franco. El Rey y Torcuato Fernández Miranda maniobraron en secreto para convertirlo en presidente

Foto: Adolfo Suárez visita la Casa Blanca, en 1977, junto a Jimmy Carter (EFE)
Adolfo Suárez visita la Casa Blanca, en 1977, junto a Jimmy Carter (EFE)

Poco después de que Adolfo Suárez hubiera ascendido sorprendentemente al olimpo de la historia con su sorprendente elección como presidente del Gobierno en 1976, su nombramiento por la Corte del Reino se convirtió por arte de magia en una certeza: de repente todos los prebostes del régimen franquista y los políticos de peso habían estado al tanto en todo momento. Una idea absurda, debido a la minuciosa y crucial operación que se siguió en secreto por el rey Juan Carlos I y el presidente del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda y que la serie de ficción histórica de TVE el 'Ministerio del Tiempo' retrata en el capítulo de esta noche: la elección de la famosa terna que pudo cambiar la historia de España.

La idea de la falsa certeza la plasmó con sorna el periodista Gregorio Morán en su crónica de los hechos tan sólo un año después, en su obra ‘Adolfo Suárez, historia de una ambición’, Planeta, (1977). Según el veterano periodista, toda personalidad de aquellos años a la que entrevistaba aseguraba conocer la maniobra con anterioridad, lo que le obligó a eliminar la pregunta ante la más que sospechosa ausencia de veracidad de sus respuestas.

Lo corrobora la periodista Natalia Escalada a El Confidencial. Escalada, asistente personal entonces de Adolfo Suárez durante su gobierno, nada más acceder éste a la presidencia en julio de 1976, explica en conversación telefónica que “nadie esperaba que el joven político de 44 años, que aunque había desempeñado cargos relevantes como la presidencia de RTVE y después como ministro del Movimiento, pudiera ser elegido frente a pesos pesados de larga trayectoria como Manuel Fraga Iribarne o José María de Areilza”.

La gran ventaja de Suárez es que carecía de proyecto propio

Pero sería precisamente esa experiencia política la que cerraría el camino de Manuel Fraga y Jose María de Areilza, hábilmente sacados del tablero por la eminencia gris de la Transición, el presidente del Consejo del Reino, Torcuato Fernández-Miranda. El veterano jurista idearía junto al otro gran artífice, el Rey Juan Carlos I, un minucioso plan, no exento de riesgos, para aupar a Adolfo Suárez, tal y como explica a El Confidencial su sobrino nieto, el periodista de ABC Juan Fernández Miranda, autor del libro ‘El guionista de la transición’, Plaza & Janés, (2015). ¿Y sí, como plantea la ficción Adolfo Suárez hubiera sido eliminado? “El problema de Manuel Fraga y hasta del propio José María de Areilza es que no se podía dudar de su proyecto democrático y modernizador, pero era su proyecto, no el del Rey y Torcuato. En el caso de Fraga, además, fracasaría ya con su ley de asociación política, cuando los procuradores de las cortes franquistas, uno de los reductos del búnker, lo tiraran abajo sin contemplaciones. La gran ventaja de Suárez en cambio, es que tratándose de un político, relativamente inexperto, con unas dotes extraordinarias, carecía de proyecto propio por lo que asumiría el guión establecido por los verdaderos artífices de la primera fase hasta el referéndum de la reforma política: Torcuato Fernández Miranda y el Rey”.

Para ello, el jurista que fuera responsable de la ley de reforma política y que certificaría la defunción del franquismo, ideó una serie de elecciones y votaciones en el Consejo del Reino encargado de designar al presidente, cuyos hábiles mecanismos le garantizaban -de acuerdo con el Rey- una ventaja incuestionable para imponer a su propio candidato: Adolfo Suárez.

Torcuato fernández Miranda y Adolfo Suárez
Torcuato fernández Miranda y Adolfo Suárez

Según Juan Fernández Miranda, Torcuato cameló al búnker, con una serie de instrumentos en los mecanismos de votación que si bien no aseguraban la victoria de su candidato -no eran en absoluto fraudulentos-, hacían más fácil obtener su resultado deseado: “Hubo dificultades pero es obvio que si uno controla cómo y con qué reglas se va a votar es más fácil imponer a tu candidato” explica su biógrafo. Torcuato, gran conocedor de las familias del franquismo: tecnócratas cercanos al Opus Dei, democristianos y falangistas, consigue básicamente hacer pasar a Fraga y Areilza por aperturistas y a Suárez, que también lo era, más cercano a los falangistas por su pasado como ministro del Movimiento, y sobretodo que no pareciera el candidato del Rey”.

El joven aspirante va pasando eliminatorias y al final queda la célebre terna sobre la que tiene que elegir el Rey: Gregorio López-Bravo, Federico Silva y Adolfo Suárez. Una lección, en definitiva, de inteligencia política. Adolfo Suárez, el que había sido ministro de Movimiento y era el candidato de Torcuato se hizo con la presidencia contra todo pronóstico. Luego, la mayoría se sumarían después al pronóstico que le habría dado ganador.

De esta forma, el hombre que no tenía un programa de reforma, pero sí todo lo demás, se iba a convertir en el hombre que lideraría a España hacia la ansiada democracia después de 40 años de dictadura. Un político cuyo último cargo de relevancia había sido precisamente el del jefe de Movimiento nacional, el órgano del partido único creado por el dictador Francisco Franco.

El encanto de un hombre

Una lectura sesgada del proceso podría menoscabar la figura del presidente Suárez -el hombre sin proyecto- frente al Rey o Torcuato, que de hecho prefirió estar siempre en la sombra. De hecho, la historiografía ha vertido algunas sombras al respecto. Torcuato erigido como gran pensador, relegado posteriormente, a partir del referéndum que capitalizó el ya presidente Suárez como el líder indiscutible de la Transición junto al Rey.

Los cercanos al presidente Suárez en esos días de principios del gobierno como Natalia Escalada lo explican así: “Torcuato era un hombre muy serio, muy del viejo estilo, con gran capacidad jurídica y de Estado. Cuando ya siendo presidente Suárez acudía a la Moncloa era un hombre muy pendiente de las formas, en ese sentido, Adolfo en cambio, que le tenía mucho respeto, era un político nato con unas dotes de convicción, comunicación y seducción extraordinarias. Sin embargo, a partir de esos meses comenzaron los desacuerdos sobre el proceso que debían de seguir y el momento adecuado”. Entre estas discrepancias las más relevantes serían el modelo de los estatutos de autonomía, preocupación que compartía también el ejército.

Todos los expertos coinciden en el antes y el después de lo que en principio fue una asociación perfecta: “Juan Carlos, el director, Torcuato Fernández Miranda, el guionista y Adolfo Suárez, el actor”, según la frase del ex ministro Rodolfo Martín Villa.

Fotograma del capítulo de 'El Ministerio del Tiempo' sobre la elección de Suárez
Fotograma del capítulo de 'El Ministerio del Tiempo' sobre la elección de Suárez

A partir de 1977, la brecha entre Torcuato y Suárez se hizo evidente. Era inevitable que el político que había sido tutelado en la primera fase no renunciara a la ambición, tal y como ya previó el propio jurista. En cualquier caso, ambos fueron en poco tiempo devorados por sus hijos: Suárez acuciado por enemistades dentro de su propio partido la UCD, la crisis económica y la oposición, sin el apoyo de los militares, ni de su antiguo mentor, decidiría dimitir a principios de 1981. Torcuato, porque progresivamente fue apartado de las decisiones del Gobierno, aunque eligiera un papel más en la sombra no pudo hacer oír sus advertencias sobre el modelo autonómico.

“Después de su dimisión de la que él y su mujer Amparo pensaban que serviría para que los españoles se dieran cuenta de que debía volver”, explica Natalia Escalada, que estuvo con el ex presidente durante el discurso. “Cayó en el olvido, especialmente a partir de su fracaso con la CDS unos años después”. Su figura como gran artífice de la Transición no se recuperaría hasta que se hiciera pública su enfermedad de Alzheimer. Torcuato lo hizo antes como figura en la sombra: “Murió en 1980 de un ataque al corazón, no de pena ni amargura como se ha podido escribir”, asegura Juan Fernández Miranda. Bajo el pilotaje del Rey, ambos, Torcuato y Suárez desatascaron la democracia, el primero con su diseño y el segundo con su audacia política.

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