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Nino Bravo, Camilo Sesto y Bruno Lomas en 1972, el año que conquistaron juntos las listas
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MÚSICA

Nino Bravo, Camilo Sesto y Bruno Lomas en 1972, el año que conquistaron juntos las listas

Los tres músicos valencianos protagonizaron la música nacional de aquel año, mientras el desarrollismo español transitaba el marco económico propicio para la descomposición política del franquismo

Foto:  Joaquín Prats, de espaldas, con Nino Bravo, Yaco Lara y Bruno Lomas. (Ana Mafé García)
Joaquín Prats, de espaldas, con Nino Bravo, Yaco Lara y Bruno Lomas. (Ana Mafé García)

Hace cincuenta años, Valencia empezó a ser la ciudad que es hoy. Entre 1960 y aquella primera mitad de los años setenta, la capital contempló una explosión demográfica inédita en su historia. Del medio millón de habitantes se pasó a los 700.000, mientras la economía crecía en torno al 6,5%. El agro menguaba y la cadena de montaje garantizaba a las clases populares el pago, a plazos, de lo básico. Henry Ford II, el hijo del hombre que inventó la forma de trabajar en el siglo XX, viajó a España en busca de otro Detroit con mano de obra barata, y a finales de 1972 eligió Almussafes para la futura instalación de la planta automovilística de Ford. Aquellas dinámicas económicas, propiciadas por el desarrollismo, creaban la oportunidad para el fin político del régimen a ritmo de cantante mediterráneo: Bruno Lomas, Nino Bravo y Camilo Sesto convergieron aquel 1972, por única vez en la historia, en lo alto de las listas musicales.

placeholder Camilo Sesto. (EFE/Cecilia Puebla)
Camilo Sesto. (EFE/Cecilia Puebla)

El Levante feliz, como mito propagado durante los años sesenta, se precipitó al diván del psicoanalista. Una nueva generación, muy ideologizada, de estudiantes universitarios, militantes comunistas, nacionalistas valencianos, socialdemócratas primerizos y escasos liberales europeístas, amenazaba la anomalía europea que era España, y la arcadia estalló. En el terreno musical, el rock valenciano era una rareza donde lo melódico ejercía su caudillaje. Sobrevivir en la industria discográfica nacional de 1972 implicaba desistir de las vanguardias anglosajonas. Un caso paradigmático fueron los valencianos Modificación. Originarios del barrio de Russafa y ejecutores de un hard rock progresivo, de tinte psicodélico (con querencia por Iron Butterfly y Grand Funk Railroad), el grupo perdió la voz irremplazable de Juan Bau, cuando este emprendió carrera en solitario. “Modificación no tenía nada que ver con lo que hice después. Éramos muy progresivos y muy modernos para la época. Tras un concierto se acercó a mí el productor Pablo Herrero, que componía los éxitos de Fórmula V, y me invitó a ir a Madrid a hacer una prueba de voz, así que hablé con el resto y les expliqué que quería dedicarme a ser solista. Tanto ellos como yo sabíamos que mi voz no era la ideal para el grupo, por mi tendencia a lo melódico y a la balada, en lugar del rock”, explica el cantante valenciano, que debutó en 1972, y obtuvo el éxito rotundo, un año después, con 'La estrella de David'.

Foto: Camilo Sesto, durante un directo de 'Getsemaní'. (TVE)

En cuanto a la música compuesta en valenciano, Joan Fuster había concedido a finales de los sesenta, a través de la Fundació Huguet de Castelló, una subvención para comprar material instrumental a tres jóvenes músicos que buscaban recuperar los sonidos tradicionales autóctonos. Era el Equip Valencia Folk, con Vicent Torrent (después fundador de Al Tall) y los hermanos Balanzá: Tico y Julio Bustamante, que se desarrollaría entre 1968 y 1972. Mientras, las autoridades locales daban la espalda a Raimon, que una década antes había iniciado su andadura cantando en su lengua materna, cancelando sus conciertos en Valencia, Xàtiva y Torrent. El cantautor setabense sufriría esta suerte de arbitrariedad durante toda la primera mitad de los años setenta en su tierra, en cambio, cruzó el Atlántico para conocer a Pete Seeger, un maestro del folk contemporáneo, y actuó libremente en Argentina, México, Chile, Uruguay, Francia e Italia.

Hace medio siglo la etiqueta triunfal de “melódico” englobó a diversos sesgos musicales que ilustran este significante vacío. Tanto Nino Bravo como Camilo Sesto emergieron en 1972 con estilos dispares. De ese modo, el de Aielo de Malferit abrazaba la gravedad 'crooner' de Tom Jones o Scott Walker con un portento aún inalcanzable a día de hoy en la música en castellano, mientras que el alcoyano se mostraba más versátil, capaz de agudizar los sonidos 'groove' americanos en 'Fresa salvaje' e incluso de asimilar a los grandes del rock duro como Ian Gillan (Deep Purple), años más tarde, en 'Jesucristo Superstar'. La coyuntura de Bruno Lomas era antagónica. Estaba de vuelta de todo y la canción de verano 'Ven sin temor' fue su última bala.

Bruno Lomas

En 1957, Bruno Lomas inició sus estudios universitarios en Valencia. En el Club Universitario de la calle Comedias, actual Centre Cultural de La Nau y sede de la primera facultad valenciana en 1488, se reunían jóvenes de clase acomodada para compartir las inquietudes musicales del momento. De allí surgen Los Milos, primer grupo del músico de Xàtiva, junto a Salvador Blesa y Vicente Castelló. La génesis del rock valenciano. “La escena musical española de los primeros 70 había sufrido un evidente cisma. La clase media del rock había desaparecido, prácticamente anegada tanto por el auge de los cantantes melódicos, obsesivamente abocados a los temas de amor y los daños colaterales subyacentes (curiosamente un escenario con sus paisanos Nino Bravo y Camilo Sesto comandando el pelotón), como, por otra parte, la proliferación de exitosos cantautores embarcados todos ellos en la cuenta atrás de los últimos días de la dictadura franquista. El panorama se completaba malamente con exitosas cancioncillas del verano que, para más inri, incluso funcionaban en invierno. El rock más punzante era carne de sellos independientes (mayormente catalanes) y su escaso eco y corta relevancia 'underground', poco menos que testimonial y pasto de selectas minorías. ¿Entre qué opciones en torno al rock podía escoger esos días todo un veterano como Bruno Lomas?”, relata el periodista musical Vicente Fabuel, escritor de la biografía fundamental sobre el pionero de Xàtiva, 'Bruno Lomas: tú me añorarás' (Milenio, 2019).

placeholder Bruno Lomas en una imagen de 1967. (Archivo Ismael Latorre Mendoza)
Bruno Lomas en una imagen de 1967. (Archivo Ismael Latorre Mendoza)

Los días de gloria de Bruno Lomas parecían haber pasado. Sus actuaciones en el Olympia de París o en el portaaviones más imponente de su tiempo, el USS Forrestal, así como los premios en los festivales del Mediterráneo y Benidorm y sus consiguientes portadas en revistas musicales y papeles protagonistas en el cine, forjaron su trayectoria en los años sesenta. “Quedó abocado al emergente fenómeno de la canción del verano como forma de mantenimiento del status, Bruno se adentró en el terreno más pantanoso de su discografía. En buena entente cordial con su discográfica prepara versiones de triviales temas europeos: 'Ven sin temor' o 'Venga el amor', todas ellas con risibles textos impropios de una voz que había cantado lo que había cantado, pero que rápidamente lo devuelven a lo alto de las listas ante al alborozo de parte de su público más fiel. Sin embargo, otro sector de compungidos fans se ve obligado a agachar la cabeza ante esa impostada simpatía veraniega del artista”, como incide Fabuel, aquel regreso a la primera línea proporcionó al roquero más horas de televisión que nunca, incluyendo un especial junto al padre de la rumba catalana, Peret, filmado por Valerio Lazarov, además de la oportunidad de girar junto a Bill Haley, Little Richard y Chuck Berry, aprovechando el revival mundial de la música de los tiempos de Eisenhower durante la administración Nixon.

Nino Bravo

El escritor Darío Ledesma publicó en fechas recientes 'Nino Bravo: voz y corazón' (Milenio, 2022), una biografía que, hasta futuras investigaciones, parece la obra definitiva sobre el solista de La Vall d'Albaida. “Tras un agotador 1971 debido a sus numerosas actividades y conciertos en España y Latinoamérica tras el éxito de 'Te quiero, te quiero', Nino Bravo empezó 1972 tomándose un respiro para disfrutar de su primera hija, nacida el 24 de enero. En marzo publicó su tercer elepé, 'Un beso y una flor', que se convirtió en un éxito inmediato y confirmó su evolución artística a todos aquellos críticos musicales que aún lo veían como un artista de una sola canción. Su carrera se encontraba en pleno apogeo y, por ello, durante casi todo el año compaginó entrevistas y actuaciones con la grabación de su cuarto elepé, en el que se incluyó uno de sus mayores éxitos, 'Libre'. En el mes de julio participó en la XIV Copa de Europa de la Canción de Knokke (Bélgica) y en octubre en el VII Festival Internacional de la Canción de Río de Janeiro (Brasil), donde una artimaña del presidente del jurado le arrebató el primer premio al encontrarse empatado a puntos con el representante estadounidense. Nino Bravo terminó 1972 con un viaje a México junto a su grupo Los Superson y en lo alto de las listas de éxitos gracias a 'Libre', una canción que, según el propio artista, hablaba de las "alambradas de prejuicios de la época que debían derribarse", explica el autor.

Foto: El líder de La Casa Azul rinde tributo a Nino Bravo.

Nino Bravo no dejó Valencia pese a que el grueso de la infraestructura de la industria musical española se hallaba en Madrid. “Si bien los estudios de grabación se encontraban en la capital, Nino se resistía a abandonar Valencia y, por ello, tanto su residencia habitual como su propia agencia de contratación Brani se situaban en el centro de su ciudad. Sus futuros proyectos en Valencia abarcaban, además, la creación de una moderna discoteca llamada Julio Verne, en el barrio de Campanar, así como un estudio de grabación para evitar que los artistas valencianos tuvieran que desplazarse obligatoriamente a la capital del país. Por otra parte, nunca perdió su vínculo con su pueblo natal, Aielo de Malferit, al que periódicamente volvía para visitar a familiares y asistir a las fiestas patronales en agosto. En mayo de 1972 comenzó la construcción de un chalet en la localidad al que puso de nombre 'El Consuelo' en homenaje a su madre, y que incorporaría una pista de tenis para que el artista pudiera descargar todo su estrés a través del deporte”, concluye Ledesma.

Camilo Sesto

Elena Gómez de la Puerta escribió en dos volúmenes 'Camilo Sesto: mi última canción' (Editorial Chocolate, 2021), una biografía autorizada que narra con detalle la vida del compositor alcoyano. “Alcoi y Alicante se le quedaron pequeños muy pronto. Allí no había discográficas y él quería triunfar desde que fundó Los Dayson. Con la excusa de que uno de los miembros del grupo tenía que hacer la mili en Madrid, todos emigraron a la capital. El resto volvieron tras un tiempo, pero Camilo decidió resistir, y nunca olvidó sus raíces. Llegó a grabar en valenciano 'El meu cor es d'Alcoi', y siempre giraba con asiduidad por tierras valencianas”, cuenta la autora.

Foto: Camilo Sesto en la presentación de su nuevo álbum. (EFE)

Camilo Blanes fue el cantante valenciano más universal del pop contemporáneo. Su constancia por triunfar no se detuvo en los límites del país, y se convirtió en ídolo de masas en Latinoamérica. “En 1971 Camilo Sesto había publicado cuatro singles, pero hasta que no sonaron mucho en la radio y acudió al programa televisivo de Íñigo la discográfica no apostó por lanzar un elepé. El 29 de marzo de 1972 sale a la venta y varias canciones alcanzan el número uno en listas. El single 'Algo de mí' estuvo nueve meses en el primer puesto. Camilo y Nino Bravo se conocieron en la celebración del número centenario de la revista musical Rompeolas. La publicación reunió a cien artistas nacionales para una foto coral y ambos posaron juntos. El día que muere Nino en un accidente automovilístico, un 16 de abril de 1973, Camilo Sesto estaba en Perú rodando un programa de televisión. Allí le llega la noticia y tuvieron que cortar la grabación porque le afectó enormemente”, apunta la escritora madrileña.

Tras aquel cruce de caminos en 1972, el recorrido del triunvirato de voces valencianas fue desigual. La tragedia impidió a Nino Bravo disfrutar de una carrera sólida justo en su momento álgido, mientras que Bruno Lomas no volvió a la primera línea mediática, y solo un breve rescate de la mano del grupo Seguridad Social, en 1988, le arrancó del ostracismo, un par de años antes de perecer en un accidente de tráfico. En cambio, Camilo Sesto fue el intérprete imprescindible durante ese espacio entre el tardofranquismo y la incipiente democracia. Capaz de estrenar la ópera rock 'Jesucristo Superstar' durante la agonía y extinción de Franco, y de congregar a 40.000 asistentes en el Madison Square Garden de Nueva York en 1979. Con los años ochenta, sobrevino el cambio de ciclo estructural, una segunda democratización de las masas al ritmo de nuevos melódicos veinteañeros, movidas transgresoras de punk y tecno-pop, y barrios periféricos agitados por el rock duro y radical, que sepultaron la popularidad de los mitos musicales labrados durante el franquismo.

Hace cincuenta años, Valencia empezó a ser la ciudad que es hoy. Entre 1960 y aquella primera mitad de los años setenta, la capital contempló una explosión demográfica inédita en su historia. Del medio millón de habitantes se pasó a los 700.000, mientras la economía crecía en torno al 6,5%. El agro menguaba y la cadena de montaje garantizaba a las clases populares el pago, a plazos, de lo básico. Henry Ford II, el hijo del hombre que inventó la forma de trabajar en el siglo XX, viajó a España en busca de otro Detroit con mano de obra barata, y a finales de 1972 eligió Almussafes para la futura instalación de la planta automovilística de Ford. Aquellas dinámicas económicas, propiciadas por el desarrollismo, creaban la oportunidad para el fin político del régimen a ritmo de cantante mediterráneo: Bruno Lomas, Nino Bravo y Camilo Sesto convergieron aquel 1972, por única vez en la historia, en lo alto de las listas musicales.

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