Carlos Mazón, el pragmático en el que Génova confía para resucitar al PP valenciano
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CRIADO EN EL ZAPLANISMO

Carlos Mazón, el pragmático en el que Génova confía para resucitar al PP valenciano

El elegido por Génova para sustituir a Isabel Bonig entiende la política desde la seducción a los rivales. Una oferta de Hervías para ir con Cs en Alicante precipitó su vuelta a primera línea con el PP

placeholder Foto: Carlos Mazón, cuando fue elegido presidente de la Diputación de Alicante en 2019. (EFE)
Carlos Mazón, cuando fue elegido presidente de la Diputación de Alicante en 2019. (EFE)

Hay una anécdota, o algo más que una anécdota, que resume muy bien el talante pragmático de Carlos Mazón. Ocurrió en la primavera de 2020, cuando algunos medios comenzaron a especular con la posibilidad de que Toni Cantó, entonces en Ciudadanos, hubiera abierto una vía de negociación con los socialistas para cambiar de socio en la Diputación de Alicante a cambio de arrancar la presidencia que ocupaba el propio Mazón, en minoría gracias al respaldo de dos diputados provinciales naranjas. El ahora favorito de Pablo Casado y Teodoro García Egea para liderar el Partido Popular valenciano aprovechó una visita a Valencia para reunirse con dos de los hombres de la máxima confianza de Ximo Puig en el Palau, y ofrecerles un canje: él no haría sangre con los embrollos del hermano del 'president' de la Generalitat y el PSPV-PSOE dejaría de moverle la silla en la corporación provincial.

Si aquella transcción cuajó o no es complicado de saber. Mazón, al contrario de Isabel Bonig, nunca ha utilizado el procedimiento contra Francis Puig para tratar de erosionar al barón socialista. Quizás eso cambie a partir de ahora, pero también es verdad que su estilo es mucho menos bronco y agresivo que el de la actual presidenta regional de los conservadores en la Comunidad Valenciana. Tampoco los socialistas han logrado convencer a los diputados naranjas para que viren hacia la izquierda, aunque sí lo han ofrecido públicamente. Mazón no ha dejado resquicios a esa posibilidad. Es sabido en Alicante que los tiene atados y bien atados y que, incluso, les ha ofrecido formar parte de su proyecto, por lo que no sería extraño verlos en una lista del PP en una segunda oleada de la opa hostil que los populares tienen en marcha sobre el partido de Inés Arrimadas. Tiempo al tiempo.

Casado necesita recuperar posiciones en la C. Valenciana si quiere sentarse en Moncloa

Mazón regresó a la primera línea de la política precisamente gracias a Ciudadanos, en el mejor indicio de los vasos comunicantes que subyacen en el paisaje del centro derecha, especialmente en una provincia como Alicante. Recibió una oferta para encabezar la lista al ayuntamiento alicantino del entonces responsable de Organización y fontanero mayor naranja, Fran Hervías, hoy afincado en un despacho de Génova a la vera de García Egea. Este hecho espoleó su retorno, pero en las filas de su partido de siempre, el PP.

placeholder Carlos Mazón (i), con el presidente de Murcia, Fernando López Miras, ambos del PP. (EFE)
Carlos Mazón (i), con el presidente de Murcia, Fernando López Miras, ambos del PP. (EFE)

Teo García Egea, también respaldado por los hermanos murcianos Vicente y Antonio Luis Martínez Pujalte, ha sido el principal valedor de una operación vista con recelo por los sectores pata negra en Valencia y Castellón: la de dejar en manos de un político criado en la escuela zaplanista el control del partido, en una carambola casi calcada a la que en 1993 llevó a José María Aznar a apostar por un joven Eduardo Zaplana para renovar el PP valenciano en detrimento de Pedro Agramunt, compensado con un cargo en el Senado del que disfrutó hasta 2019. Como la historia se repite, Agramunt está hoy en el grupo de críticos con el plan trazado por Génova junto a Francisco Camps, enemigo íntimo de Zaplana. Habrá que ver el nivel de resistencia para aguantar el pulso a la dirección nacional y a Mazón del alcalde de Ayora, José Vicente Anaya, que ya anunciado que dará la batalla al delfín oficialista. Hay quien opina que no subirá ni al cuadrilátero de las primarias por falta de apoyos ante las presiones de Madrid. El congreso a la búlgara gana enteros en las casas de apuestas.

Foto: Isabel Bonig, con Pablo Casado y Carlos Mazón.

García Egea y Casado, que también comparte veladas y arroces con Mazón en sus visitas a Alicante (su mujer es de Elche), creen que el actual presidente de la Diputación de Alicante puede representar mejor la imagen de renovación que quieren imprimir al partido para recuperar posiciones en la Comunidad Valenciana. Se trata de un territorio clave en población y escaños para tener opciones de conquistar la Moncloa. Reconocen el trabajo realizado por Bonig en los años de plomo de los populares, cuando a la pérdida del poder y la hegemonía electoral confluían, como un martillo pilón, al trámite de los procedimientos judiciales por escándalos de corrupción. Pero Bonig lleva grabado otro pecado de origen, haber dejado que su equipo respaldase a Soraya Sáenz de Santamaría en las primeras y únicas primarias que el PP celebró en toda su historia, aunque ella nunca reveló a quién apoyaba.

Su mayor reto en el corto plazo es darse a conocer, sobre todo en Valencia y Castellón

Por sintonía personal y por perfil, la actual presidenta tenía los días contados. Su resistencia ha sido en vano. Cuando ha echado la vista atrás para sondear si contaba con apoyos internos para dar la batalla contra Génova, ha encontrado un desierto. Muchos llevaban meses segándole la hierba bajo los pies mientras le aseguraban que nadie pretendía robarle la silla. Entre ellos el propio Mazón. En el partido vertical, si después de siete años al frente de la organización territorial no has hecho tropa, es que no has aprovechado la oportunidad. Algo a lo que ha contribuido el erial de poder institucional. Tiene más capacidad de seducir voluntades con una nómina pública Mazón en la Diputación de Alicante que Bonig como presidenta regional de un partido sin poder autonómico.

placeholder Pablo Casado, con Carlos Mazón, cuando fue elegido presidente del PP de Alicante. (EFE)
Pablo Casado, con Carlos Mazón, cuando fue elegido presidente del PP de Alicante. (EFE)

La 'Thatcher valenciana', el apodo que ella misma cultivó remarcando su admiración por la Dama de Hierro del Reino Unido, pasará el testigo, si se confirma el plan trazado por Génova, a un político procedente de una familia conservadora, pero que se esfuerza por transmitir un estilo más abierto, moderado y transversal. En su contra tiene las encuestas, que siguen dando mayoría al Botánic de PSOE, Compromís y Podemos, y unos niveles de conocimiento ciudadano todavía discretos. Su mayor reto en el corto plazo es darse a conocer, sobre todo en Valencia y Castellón. También es una incógnita el contenido del proyecto político para la autonomía de un dirigente muy enfocado hasta ahora en el discurso alicantinista. En la capital valenciana, anunciará oficialmente su candidatura a liderar el partido en cuanto la junta directiva convoque el congreso este jueves. Será el mismo viernes, lunes o martes a lo más tardar.

Bonig lleva grabado otro pecado de origen, haber respaldado a Soraya Sáenz de Santamaría

Aficionado del Barça y del Hércules, 'runner' matutino, católico, pero no muy practicante, miembro de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte de Alicante y de carácter amable y seductor, Mazón tiene fama de buen negociador al que no le duelen prendas de hacerse la foto y sentarse a la mesa con adversarios políticos, como ha hecho en varias ocasiones con Ximo Puig y Mónica Oltra. Entre sus 'hobbies', destaca la canción melódica. La versión con su grupo Marengo del tema 'Y solo tú', que Bacchelli llevó al Festival de Benidorm en 1981, circula por YouTube con un vídeo de trajes negros y camisas blancas paseando por la arena de las playas levantinas.

Quizá su talón de Aquiles esté en el mismo origen de su carrera política, cuando el expresidente del PP de Alicante y exvicepresidente de la Generalitat José Joaquín Ripoll lo sacó de un sindicato universitario de la Facultad de Derecho de su ciudad para sumarlo al proyecto en la Generalitat de Eduardo Zaplana, otro amante de la canción melódica, en su caso de Julio Iglesias, maestro de Bacchelli. El entorno de Mazón resta trascendencia a la influencia ripollista en su estreno político y apunta a otra persona, la diputada en el Congreso Macarena Montesinos, también zaplanista. En 1999 fue nombrado, con solo 25 años, director del Instituto Valenciano de la Juventud. Cuatro años después, pasó a ocupar la Dirección General de Comercio y Consumo hasta que, tras la victoria de Francisco Camps en la batalla interna con Zaplana, se refugió con Ripoll en la Diputación de Alicante en 2007 como diputado de Infraestructuras tras colarse de cunero en la lista municipal de Catral, un pueblo de menos de 9.000 habitantes de la comarca de la Vega Baja, el 'far west' valenciano.

En 2009, coincidiendo con el caso Brugal, que salpicaba a Ripoll, decidió dar un paso atrás y hacer carrera como director en la Cámara de Comercio de Alicante, donde se refugió hasta su retorno en 2019. Sabe lo que es pasear por un juzgado, pues fue imputado por la jueza de Brugal por una presunta financiación irregular de la fundación del Hércules Club de Fútbol que controlaba Enrique Ortiz. Salió exonerado e indemne de esta causa.

"Esa es su mayor debilidad, porque esto ya sabemos cómo terminó", señalan sus críticos sobre su escuela zaplanista y el destino que ha corrido su mentor, investigado y al borde del procesamiento por blanqueo de capitales, delito fiscal o malversación en el caso Erial. Pero el futuro no está escrito y Mazón tiene en su mano redactar su propio libro. Él sabrá si con líneas rectas o con renglones torcidos.

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