JOSÉ LLADRÓ MUERE A LOS 91 AÑOS

La dura vida de Lladró: ajustes de empleo y pérdidas a la muerte de su segundo fundador

De los tres hermanos fundadores ya solo queda Vicente. Se pelearon por el control de una compañía que fue símbolo del lujo y a la que amaron por igual. Lladró pugna hoy por sobrevivir

Foto: José Lladró falleció a los 91 años.
José Lladró falleció a los 91 años.

José Lladró murió este lunes a los 91 años de edad sin haber visto remontar el vuelo a la empresa que fundó con sus otros dos hermanos, Juan y Vicente. La enseña familiar, creada en 1953 en un pequeño taller de Almàssera y que llegó a ser símbolo global del lujo y la exclusividad durante tantos años, pelea hoy por sobrevivir en un entorno mucho más duro al que no termina de adaptarse. Sus nuevos propietarios, el fondo especializado en enderezar compañías manufactureras en apuros PHI Industrial, acaba de aplicar un ajuste de empleo de 81 personas en la matriz y en las filiales Porcelanas Lladró, Arte y Porcelanas y Daisa Sl con el que pretende adaptar la plantilla a la carga de trabajo real y evitar las acumulaciones de stock. El grupo cerámico cerró 2017 con 2,7 millones de euros de pérdidas (3 millones de números rojos en explotación), aunque mantiene unas ventas cercanas a los 50 millones de euros anuales.

PHI Industrial llegó a Lladró poco antes del fallecimiento en diciembre de 2017 de su principal accionista, el primogénito Juan. Él fue quien se quedó con la mayoría de la empresa a partir de 2007, cuando los problemas de encaje del producto en el mercado ya desbordaban a sus fundadores y las diferencias sobre el modelo de gestión de hicieron irreconciliables. Fue Juan Lladró el que más dinero puso para comprar la parte de sus hermanos, que apenas conservaron el 30%. José y Vicente poco pudieron hacer cuando su hermano mayor decidió desprenderse de la empresa. Finalmente, PHI se hizo con el control del 100% de la propiedad, aunque no de los locales que albergan la Ciudad de la Porcelana, el complejo de 100.000 metros de Tavernes Blanques en el que los Lladró construyeron su cuartel general fabril y artesano.

Una pieza de exposición de Lladró en Nueva York en 2013. (EFE)
Una pieza de exposición de Lladró en Nueva York en 2013. (EFE)

La marcha de la empresa cuando los resultados comenzaron a torcerse distanció a los tres hermanos, siempre en competencia, y enrareció el ambiente familiar entre los sucesores. En 2013, el ahora fallecido José Lladró publicó un libro bajo el título 'Del Milagro al despropósito: Quítate tú que me pongo yo' en el que descargó e hizo público sus pensamientos e, incluso, revelaba que había intentado proponer a su hermano Juan la recompra de su participación para tratar de empezar de nuevo e intentar reconstruir la empresa. «Creo que en esta empresa sobra mucho orgullo. Te propongo que hagamos borrón y cuenta nueva y que estudiemos la forma de empezar de nuevo los tres juntos, con una participación del 33 % cada uno». «El éxito nos cegó a todos y cada uno en mayor o menor medida. Habría que volver a esa fórmula de capitalismo humanizado». «Conozco muy de cerca lo que es que una empresa pase de tener muchos millones de beneficios un año a perder casi los mismos el año siguiente», reflexionaba en otro párrafo de la obra, adelantada en su día por El Mercantil Valenciano.

En ese coro de discrepancias también participó el pequeño de los tres, Vicente, que el pasado mes de marzo aún cuestionaba el modelo de gestion del fondo que dirige Alexander Wit. PHI está tratando de ajustar la producción, elegir bien los mercados y aprovechar la consolidación y reconocimiento de la marca para asociarlas a productos de joyería o fragancias. Sin embargo, los antiguos propietarios no han perdido ocasión se mostrarse críticos con el nuevo rumbo. «Lladró tiene solución, sólo hay que escuchar al equipo, no a mí, sino a toda esa gente que conoce perfectamente el negocio porque es la que nos ayudó a conseguirlo todo», afirmaba el menos mayor de los fundadores (tiene ahora 86 años) en declaraciones a Las Provincias tras opinar que "nunca se tenía que haber vendido".

Vicente es el último superviviente de un trío de emprededores, hijos de agricultores, que comenzaron fabricando pequeñas esculturas de porcelana y acabaron gestionando un imperio con presencia comercial en los cinco continentes y tiendas en ciudades como Nueva York, Moscú o Tokio. Los cambios en los gustos de los consumidores, la tranformación de los patrones del lujo y la irrupción de productos de decoración de otras marcas descolocaron a los fundadores y también a muchos de sus hijos que fracasaron en la renovación de la compañía cuando decidieron participar en la gestión. Aún así, los Lladró nunca se arruinaron. Su empresa les proporcionó recursos suficientes como para emprender otros negocios, como la producción de cítricos, el inmobiliario o el financiero. Las tres ramas familiares fueron propietarias de sus respectivas nutridas Sicav de inversión en Bolsa.

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