supera el 90% de ocupación en agosto

Elogio de Benidorm: el gran invento del turismo español firma otro verano de éxito

Tras algunos síntomas de debilidad en julio, la ciudad de la playa y los rascacielos cierra agosto creciendo en ocupación. Sus críticos señalan sus excesos, pero su modelo arrasa año tras año

Foto: Vista general de Benidorm desde la Serra Gelada. (Reuters)
Vista general de Benidorm desde la Serra Gelada. (Reuters)

'Souvenirs' baratos, alojamientos baratos, hoteles baratos, alcohol barato, comida barata…Todo en Benidorm parece barato, pero no se deje engañar, el dinero fluye a espuertas en la ciudad de los rascacielos y la playa. No hay un destino así en toda España, en toda Europa. La combinación de un turismo urbano y estival, nocturno y diurno, costero y vertical. Hortera, masivo y tumultuoso para algunos; fascinante, asequible y popular para muchos otros. Benidorm es un gran invento que ha hecho y está haciendo rica a mucha gente, desde las familias originarias del poblado de pescadores de hace un siglo hasta los inversores que llegaron atraídos por el 'boom' turístico, del que viven miles de personas de muy distintas procedencias.

Pese a los argumentos en contra de sus críticos, Benidorm es probablemente una de las ciudades españolas más cosmopolitas del momento. Aquí se habla castellano, valenciano, inglés, alemán, francés, paquistaní, hindú, japonés, chino, árabe… No es solamente la comunidad de turistas, también el crisol de nacionalidades de quienes les dan servicio. El sociólogo de origen guipuzcoano José Miguel Iribas, fallecido en 2015, ironizó sobre su capacidad para satisfacer funciones antropológicas básicas (“alcohol y droga, baile y sexo furtivo”, decía), al igual que otras grandes urbes del hedonismo mítico, como Las Vegas. Para él, Benidorm era, es y será un icono pop irrepetible: “Benidorm es al turismo lo que la Coca-Cola a la vida: asequible, divertida, para todas las edades y combina bien con todo”. Pero Iribas aportó además la justificación intelectual de su modelo de construcción vertical frente a quienes en los años de la Transición solo veían excesos desarrollistas y mucho trepa avaricioso e ignorante suelto, como el Benito González que Bigas Luna retrató en su película 'Huevos de oro'.

Discípulo y amigo de Mario Gaviria, Iribas llegó a Benidorm en 1972, cuando comenzó a trabajar como jefe de estudios del Gobierno municipal, e hizo de la ciudad su laboratorio para fusionar la sociología con el urbanismo y el turismo. Abogó por el modelo intensivo y vertical como alternativa a la construcción extensiva y depredadora del territorio y abundó en el escenario que había dejado en herencia el alcalde Pedro Zaragoza, considerado primer visionario de la ciudad que es hoy. "Me quedé solo en 1976 defendiendo ardorosamente Benidorm, ahora ya lo dice el Laboratorio de la Sostenibilidad. Es la ciudad más sostenible, más ecológica y más sensata. Y, desde el punto de vista urbano, es el producto turístico más enraizado con la idea de ciudad y el único que mantiene el liderazgo”, señalaba en esta entrevista en 2010, cuando el pinchazo inmobiliario y la crisis económica encapotaron el cielo del sector turístico y el ladrillo.

"Esto no es un resort, es el Nueva York de la playa", dice el presidente de Hosbec, la influyente patronal hotelera de la Costa Blanca alicantina

Este verano de 2018, cuando los titulares anuncian alarmados el final de una nueva luna de miel del turismo español vivida en gran parte gracias al hundimiento de otros destinos alternativos del Mediterráneo, Benidorm presume de amortiguar el golpe, con cifras de ocupación en agosto de más del 90% y, lo que es más importante que los números absolutos de turistas, una mejora en la rentabilidad y los ingresos medios por habitación (RevPar). Sí, quizás ha llegado menos gente en el conjunto de los meses estivales, pero han gastado más.

La temporada empezó regular para los hoteleros, en guerra abierta con plataformas de alojamientos turísticos como Airbnb para que vigilen la legalidad de su oferta, pero fieles aliados de Booking y de los grandes turoperadores como TUI o Thomas Cook, estos últimos cómplices de su nacimiento. Las alarmas se encendieron porque la ocupación había descendido ¡al 89%! en la primera quincena de julio. La esperada moderación en la llegada de británicos como consecuencia de la recuperación de los mercados de Turquía, Egipto o Túnez explicaba el descenso, compensado en parte por la mayor afluencia de turistas nacionales.

La playa de Benidorm. (EFE)
La playa de Benidorm. (EFE)

La influyente patronal hotelera de la Costa Blanca alicantina, Hosbec, anunciaba este lunes que en la segunda quincena de agosto Benidorm no solamente ha logrado mantener sus cifras de ocupación, sino que además las ha incrementado en seis décimas (hasta el 92%) por la mayor llegada de turistas españoles o portugueses, que han llenado el hueco dejado por los clientes del Reino Unido.

Los hoteleros, como los muchos empresarios del sector, ven los excesos que en ocasiones se producen en la ciudad, donde familias con carritos de niños se cruzan como si tal cosa en sus paseos nocturnos con gritones grupos de británicos empapados en cerveza barata, como un efecto colateral que no merma la atracción de decenas de miles de personas año tras año. “Benidorm es en realidad tres ciudades —explica a El Confidencial Antoni Mayor, presidente de Hosbec—. La zona de levante es muy británica, el centro de la ciudad y casco antiguo lo copan el turismo nacional, y poniente es muy traquilo y con menos densidad, dirigido a los alemanes y otros mercados. Por su ubicación de orientación sur, tiene sol todo el día en sus dos playas, y es una ciudad compacta, llana, con una escena urbana muy atractiva. Esto no es un resort, es el Nueva York de la playa, porque tiene vida todo el año”.

Mayor señala el equilibrio entre el turismo nacional e internacional y la diversa procedencia de su demanda como una de las claves del éxito. “Estamos vacunados contra las crisis. Nuestro secreto es que logramos mantener un porcentaje de turistas internacionales, ingleses, belgas u holandeses, con una ocupación del conjunto de la planta del 50%. Eso no lo tiene el resto de zonas de España. Eso nos da un plus que nos hace sobrevivir en verano y en invierno”, indica. “Somos un destino masivo y popular, es verdad, pero tenemos una oferta muy completa, diurna y nocturna, urbana y de playa, con parques temáticos y una singularidad vertical que nos hace diferentes a todos los destinos del Mediterráneo”, concluye.

Y si no le gusta Benidorm, pues visite Altea, que está a un paso.

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