Cataluña vota tras la campaña electoral más bronca y episodios de guerra sucia
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JxCAT ESCONDE SONDEOS QUE LE DAN LA VICTORIA

Cataluña vota tras la campaña electoral más bronca y episodios de guerra sucia

Por primera vez en 10 años, el bloque independentista concurre con una terrible sospecha: ve que hay posibilidades de que un partido no soberanista pueda ganar los comicios y presidir la Generalitat

placeholder Foto: Los candidatos de las principales fuerzas políticas ante el Parlament. (EFE)
Los candidatos de las principales fuerzas políticas ante el Parlament. (EFE)

Cataluña celebra este domingo unas elecciones singulares, casi únicas en su historia. Varias circunstancias las hacen especiales en muchos sentidos. En primer lugar, las sociales y sanitarias, en medio de una pandemia como no habían conocido las últimas generaciones. Pero también porque en esta ocasión todos los candidatos se presentan por primera vez a unos comicios presidenciales. También se da la casualidad de que la mayoría de los partidos no presentan a sus líderes y, además, el sector independentista concurre con siete listas diferentes: JxCat, ERC, CUP, PDeCAT, PNC, Primàries y FNC.

Cataluña contará este domingo con más de 9.100 mesas electorales, algunas de ellas habilitadas en exteriores (en patios o en recintos amplios) para minimizar los riesgos de contagio. Según el TSJC, en las juntas electorales de zona se presentaron 33.918 excusas para no formar parte de las mesas. De ellas, 2.946 fueron desestimadas y 21.711 fueron admitidas. Este pasado viernes por la tarde estaban pendientes de resolución 1.248 recursos. Se ha hecho, pues, un esfuerzo descomunal desde la Administración. El consejero de Transparencia, Bernat Solé, también señaló que el 99,4% de las mesas electorales ya tenían este viernes el número mínimo de miembros para constituirse, por lo que no se esperan problemas de operatividad.

Foto: Un operario procede a colocar las mesas, cabinas y urnas en el Mercado del Ninot de Barcelona. (EFE)

La anormalidad del alto número de excusas, pues, se ha subsanado correctamente. Pero otra cosa es la vertiente política de estas elecciones, porque hay dos características que las hacen especiales: por un lado, a pocas horas de que se abran las urnas hay casi un tercio de los electores que no saben aún a quién votarán, lo que augura un resultado incierto. Por otro lado, por primera vez en 10 años, el bloque independentista concurre con una sospecha: ve que hay posibilidades de que un partido no soberanista puede ganar los comicios y, además, ocupar la presidencia de la Generalitat.

Esas dos circunstancias han hecho que esta haya sido una campaña muy agresiva, bronca, una de las más duras de la historia reciente de Cataluña. La necesidad de batir al rival y de atraerse el voto de los indecisos ha influido en ese carácter. "Nunca se había llegado al día de la votación con un porcentaje tan alto de indecisos y seréis vosotros los que determinaréis quién y cómo liderará la reconstrucción necesaria del país. En este momento crítico para nuestro futuro, tenemos que escoger: o más servicios públicos y más justicia social o la receta fallida de la austeridad y los recortes", afirman el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la fugada Marta Rovira (secretaria general de la formación) en una carta abierta a los indecisos publicada este viernes.

A pocas horas de que se abran las urnas hay casi un tercio de los electores que no saben aún a quién votarán

Por otro lado, desde la convocatoria de las primeras elecciones ‘atípicas’, el 25 de noviembre del 2012, jamás los independentistas dudaron de que gobernarían. Los partidos soberanistas eran conscientes de que ninguno obtendría una mayoría absoluta, pero sabían que podrán tejer alianzas que les permitirán mantener el control de la Generalitat. En el 2021, esa certeza se ha evaporado y ven peligrar su supremacía: el socialista Salvador Illa tiene opciones de ganar las elecciones e incluso, aunque algo remotas, de formar gobierno. Ni en 2012, ni en 2015 , ni en 2017 hubo ese peligro, porque sabían que la suma de CiU (luego JxCat), ERC y la CUP bastaría para gobernar. Hoy, esa ecuación ya no es tan segura.

"En diciembre de 2017, con el referéndum muy reciente, la declaración de independencia, medio Govern fugado en Bélgica, otro medio en la cárcel, y con un artículo 155 aplicado a rajatabla, la campaña no fue tan agria como en esta ocasión", admite un alto dirigente del PSC a este diario.

El 'efecto Illa' sí existe… y se le combate

Así las cosas, el ‘efecto Illa’ existe, pero existe sobre todo porque los partidos independentistas le temen, ya que Salvador Illa arrastra votos. El socialista se ha convertido en el voto útil para quien está harto del ‘procés’. "La gente le ve como el único capaz de frenar al independentismo y de devolver a Cataluña la normalidad democrática", dicen en su partido. Por eso la emprendieron con él y se convirtió en el ‘pim, pam, pum’ de la campaña, vapuleado por los indepes y por los constitucionalistas, nada dispuestos a que les robe votantes, en una pinza diabólica que unía intereses políticos contrapuestos en un único objetivo: desacreditar al exministro de Sanidad.

La guinda del frente soberanista fue la firma de un documento conjunto de todas las fuerzas independentistas comprometiéndose a no formar gobierno con el PSC. Es la primera vez en democracia que se forma un ‘cordón sanitario’ contra un partido como el PSC. Desde algunos círculos se atribuye este supremacismo excluyente a una "estrategia tribalista" del soberanismo. Salvador Illa definió ese acuerdo como el Pacto de Colón, en alusión a la foto de los partidos de la derecha en Madrid. Una alianza excluyente contra España que era una de las exigencias del decálogo entregado a los partidos ‘indepes’ por la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Por primera vez, además, el enemigo a batir por los independentistas no fueron ni el PP ni Ciudadanos, sino el PSC: es el único partido que les puede birlar la presidencia de la Generalitat y, de paso, las lentejas a los cientos de cargos de confianza de JxCAT y ERC que cobran abultados salarios a cuenta del erario público. Y por eso Illa se convirtió, desde las pasadas Navidades, en el ‘enemigo público número 1’ de la Cataluña independentista.

Foto: El vicepresidente del Govern en funciones de presidente, Pere Aragonès (d), y el ministro de Sanidad, Salvador Illa. (EFE)

No es exagerado decir que el independentismo se inventó un enemigo nuevo. Desde el primer momento, Illa fue el candidato a batir y el blanco de todas las críticas de los soberanistas, juego al que se apuntaron Ciudadanos y el PP para evitar que una parte importante de los votantes se les fueran hacia el voto útil socialista. Las armas del independentismo fueron batallar en ese campo asegurando que Vox votará a Salvador Illa si el PSC gana las elecciones. Es una de las grandes ‘fake news’ de esta campaña: la ultraderecha jamás hará presidente a un socialista y así lo dijeron por activa y por pasiva los dirigentes del partido verde. Pero el público del independentismo se cree la versión del miedo que le trasladan desde las cúpulas de JxCAT, ERC y la CUP, por exagerada que parezca.

La campaña anti-Illa culminó esta semana con una falsa polémica sobre la negativa del socialista a hacerse una PCR. El PP intentó sacar provecho y lanzó la duda de que el exministro se podía haber puesto la vacuna y por eso no quería hacerse la PCR, lo cual, objetivamente, no tiene sentido. Tras la certeza de que no hubo vacuna ni trato de favor, una vez fracasada la ‘fake news’ de la vacuna, desde algunos círculos se hizo correr una supuesta prueba de PCR realizada el 5 de febrero a Illa en el hospital Quirón de Barcelona, en la que se aprecia que es positivo en coronavirus. El falsificador cometió un importante error en el logotipo del hospital. El PSC denunció penalmente al activista (españolista de derechas) que la había hecho correr. Pero la anécdota ilustra los niveles a que ha llegado la guerra sucia en estos comicios. Todo por el escaño.

El enemigo interno

Una vez controlado el enemigo foráneo, el soberanismo tiene otros frentes a los que atender: en JxCAT aseguran que hay encuestas que dan ganadora a esta formación, que encabeza el fugado Carles Puigdemont, aunque la candidata a presidenta sea Laura Borràs. Le siguen el PSC y ERC, que de ser la favorita hace dos meses ha perdido pistonada. "Esquerra se equivocó en el momento. Quiso ser la Convergència del siglo XXI pero no tiene un candidato a medida. Cuando hay una copia y un original, la gente prefiere el original y, en esta ocasión, el original es JxCAT, que ocupa el lugar de la antigua CiU. Eso hace que Junts pueda ganar de calle estas elecciones. Además, es quien tiene el mayor grado de movilización del electorado. Por si fuera poco, el llamado ‘efecto Illa’ se desinfla, por lo que podemos ganar las elecciones. EL batacazo será para Ciudadanos, que cae a niveles de infierno, y ERC, que de favorito pasa a tercera posición", explica un alto cargo de JxCAT a El Confidencial.

En los principales partidos que concurren (JxCAT, ERc y PSC) se ha instalado en los últimos días una idea: la posibilidad de que haya que repetir las elecciones, porque las posiciones irreconciliables harán imposible la formación de un gobierno, al no tener ningún candidato los escaños suficientes para ser investido. Es una posibilidad no desdeñable. Sergi Sol, uno de los gurús de ERC, matizaba esta semana que "no hay que olvidar que las dos últimas elecciones celebradas en Cataluña fueron acompañadas de una investidura agónica". Y recuerda también que "todo indica que el escenario se ha complicado y que un acuerdo a dos no será suficiente. La guerra civil interna en el seno del independentismo entre heterodoxos y ortodoxos, posibilistas o legitimistas, ha acentuado las discrepancias. Y las redes sociales han envenenado la relación y multiplicado la crispación".

"La guerra civil interna en el seno del independentismo entre heterodoxos y ortodoxos ha acentuado las discrepancias"

Sol es el hombre de confianza de Oriol Junqueras (ya lo era cuando este era 'vicepresident' de la Generalitat) y sabe de lo que habla: "Leer lo que se dice de personas como Joan Tardà [uno de los independentistas más vilipendiado e insultado por los independentistas rivales] o lo que se llega a decir del mismo Oriol Junqueras desde las filas de un independentismo que gira alrededor de Waterloo da escalofríos, tanto por la visceralidad como por la agresividad".

Desde JxCAT aseguran que las críticas del dirigente de ERC se deben a que los sondeos auguran un mal resultado a los republicanos. "Nosotros tenemos a Laura Borràs, que es un Pujol en pequeño. Tiene magnetismo con la gente, mientras que Pere Aragonès es un tecnócrata que no tiene gancho", subrayan desde las filas de Junts. Así, el cuento de la lechera de los de Puigdemont es que pueden alzarse con la victoria con 36 o 38 diputados, seguidos de PSC con 32 o 33 y ERC con alrededor de 30.

La 'traición' de ERC

Pero para que eso sea así, para ganar terreno a Esquerra, los de Junts han marcado la pauta en esta campaña atípica. Uno de los portales que utiliza el independentismo para llegar a sus militantes más extremistas, alertaba este viernes con otra ‘fake news’ de campeonato: "Comienza la traición: ERC anuncia al amo español que el compromiso de no pactar con el PSC no afecta a la mesa de diálogo". Una forma sibilina de presentar a ERC como una fuerza supeditada al Gobierno central. El medio en cuestión trabaja para los intereses de JxCAT y tiene una cierta incidencia en plataformas extremistas que apoyan a Carles Puigdemont.

El independentismo se inventó otro concepto nuevo en esta campaña: tanto que JxCAT y ERC reclaman el voto "porque es necesario un cambio". No deja de resultar curioso que los dos partidos que llevan gobernando juntos casi una década aseguran que ahora quieren "el cambio que Cataluña necesita".

Y, por otro lado, la carta de Junqueras revela otro dato: "Tenéis en vuestras manos hacer que, por primera vez desde el establecimiento de la Generalitat, tengamos un presidente independentista y de izquierdas o que sigan liderando el Govern aquellos que hace 40 años que mandan". Resulta que los últimos 10 años, el Govern está en manos de CDC y de ERC. Por tanto, Esquerra es tan cómplice de la gestión de la Generalitat en la última década como los posconvergentes que están desde hace 40 años. Y eso sin contar que en los años 80 también fue ERC la que mantuvo en el Gobierno a Jordi Pujol, que gobernó sin mayoría absoluta gracias a los votos republicanos. En otras palabras: de los 40 años que cita Junqueras, la mitad son obra de su propio partido. Pero ya se sabe que, en campaña electoral, todos los contendientes se permiten determinadas licencias.

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