La agenda oculta de la ANC: cómo prepara el independentismo un otoño caliente
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Aniversario del referéndum de 2017

La agenda oculta de la ANC: cómo prepara el independentismo un otoño caliente

Los actos convocados entre el 1 y el 3 de octubre servirán de termómetro para determinar hasta qué punto el soberanismo puede movilizar de nuevo a la calle

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

El 1 de octubre, aniversario del referéndum unilateral de 2017, la detención del fugado Carles Puigdemont en Cerdeña y una agenda repleta de efemérides soberanistas calientan en Cataluña el otoño. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, dispuestas a ejercer de nuevo como timoneles de un nuevo ‘procés’, han convocado un programa de tres días en el que combinan actos en el sur de Francia, marchas por diferentes puntos de la comunidad y una concentración final en Barcelona el día 3 para conmemorar la huelga general que el independentismo convocó también en 2017.

Pero los actos del 1 al 3 de octubre serán solo un ensayo general independentista para conocer hasta qué punto se puede movilizar de nuevo la calle. Los distintos colectivos soberanistas, desde partidos políticos hasta plataformas o entidades como la ANC y Òmnium, serán los protagonistas de este sondeo. Si la gente responde, las movilizaciones se multiplicarán a lo largo del mes. Es la agenda oculta que ha esbozado la Asamblea Nacional Catalana. Los más radicales hablan de preparar un "otoño caliente". Los más moderados se conforman con reivindicar un nuevo periodo de convocatorias para reclamar que se cumpla “el mandato del 1 de octubre”.

Foto: puigdemon

En el movimiento soberanista, la ANC se ha posicionado como la punta de lanza del relanzamiento ‘indepe’, organizando las últimas acciones masivas, como la manifestación del 11 de septiembre, pero el objetivo último es tensionar las calles para crear el caldo de cultivo idóneo que permita la convocatoria de un referéndum unilateral como el de 2017. Y quiere ser la protagonista de los actos del aniversario del 1-O de 2017. En su dosier de actos por el aniversario, la ANC indica que las movilizaciones de los tres primeros días de octubre servirán para “reivindicar el referéndum del primero de octubre, reconocer el papel de los Països Catalans, reconocer todos los rincones del país que aguantaron los ataques de la Policía española y la Guardia Civil y homenajear a los represaliados por el 1-O y por todas las movilizaciones posteriores”.

El día 1, se concentran los actos en la localidad francesa de Illa “para reivindicar el papel de la Cataluña Norte en la compra, almacenaje y distribución de las urnas del referéndum”. En la parte catalana, se ha programado un concierto en Figueres a las ocho de la tarde y diversos actos dispersos por toda la comunidad. El día 2 se celebran tres ‘marchas’ entre distintas localidades catalanas y el día 3 de octubre se guarda para una “gran movilización en Barcelona”. La meta es recuperar “el espíritu del mayor paro del país”, en referencia la huelga que se celebró ese mismo día de 2017 y que tuvo un desigual seguimiento. El día 2 también está programada una Conferencia Nacional Antirrepresiva que quiere ser altavoz de las consignas independentistas.

La agenda oculta

Pero la agenda oculta va más allá: los actos del 1-O son un preliminar para calibrar la capacidad de movilización que le queda al independentismo, después de la crisis sanitaria y del cansancio del activismo tras casi una década de protestas. El objetivo es preparar un otoño caliente aprovechando cada hito independentista para subir la temperatura social y la tensión entre soberanistas y no secesionistas. Plataformas radicales y organizaciones cívicas, así como círculos cercanos al fugado Carles Puigdemont propagan consignas y reparten documentos para tensionar la calle. O hay tensión o el independentismo está muerto.

La detención del 'expresident' ha dado oxígeno a un movimiento que estaba bajo mínimos. Las plataformas del independentismo han protagonizado campañas de agitación a través de las redes sociales aprovechando el acontecimiento, difundiendo ‘fake news’ e intentando encrespar a la opinión pública. Para muestra, un botón: la primera acusación de Puigdemont fue que su detención se produjo con policías españoles presentes, lo que evidenciaba una evidente persecución del Estado. Demostrada la falsedad de la noticia, la siguiente ‘fake’ afirmaba que fue un grupo especial de la policía italiana el que se desplazó a Cerdeña para proceder al arresto a pie de avión, a petición de España. De nuevo se demostró que no era cierto, pero el secesionismo volvió a las andadas: los agentes italianos desplazados a la isla se conformaron con grabar la detención desde lejos, sin intervenir… Una tras otra, las distintas informaciones falsas sirvieron para soliviantar a una opinión pública con un único fin: crear tensión, meter adrenalina en las venas de los activistas más extremistas.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Porque adrenalina es lo que se necesita para afrontar el otoño caliente prometido por algunos sectores. La agenda, además de los actos en torno al 1 de octubre, tiene dos hitos importantes este mismo mes si la ANC consigue tensionar la calle: el aniversario de la sentencia del 1-O y el de la proclamación de la independencia (luego dejada en suspenso) en el Parlament de Cataluña, el día 27. Diversos actores radicales se están coordinando para que la estrategia de crispación sea un éxito. El Centre d’Estudis Independentistas (CEI), por ejemplo, apoya el calendario de la ANC y añade nuevos hitos: “Las elecciones al Consell per la República”, que a finales de octubre elige a su Mesa de Representantes (el Parlamento paralelo que solo admite cargos electos independentistas), y “el inicio de la fase participativa del Debate Constituyente”.

El propio Consell per la República, en un documento de 55 páginas, que estos días está siendo distribuido por el CEI y que lleva por título ‘Preparémonos’, afirma que Cataluña se encuentra en la cuarta etapa del proceso hacia su soberanía. “El independentismo ha de prepararse para disputar el poder a un Estado español desprestigiado en el exterior, desguazado en el interior y que ha renunciado a resolver democráticamente el problema catalán”. El texto remarca que la “revuelta democrática consistirá en una sucesión y extensión de acciones institucionales, políticas y de los movimientos sociales, que en una gradación de estrategias encadenadas ha de llevar al Estado a una situación de desbordamiento democrático (…). Es preciso reagrupar fuerzas y preparar una confrontación con el Estado”.

Esperando el fracaso de la mesa

En este contexto, entra en escena la mesa de diálogo: los de Puigdemont y las organizaciones cívicas como Òmnium o la ANC esperan el fracaso del foro para culpar al Estado de la negativa a convocar un referéndum. En ese momento, se desencadenaría el último paso con un pronunciamiento del Parlament a favor de la ruptura. “La activación de esta fase comporta la asunción de todas las consecuencias derivadas de esta confrontación y se ha de activar una vez se han dispuesto los recursos materiales y organizativos suficientes como para aguantar una movilización sostenida, generalizada, desafiando el autoritarismo del Estado y protegiendo las instituciones constituidas en instituciones provisionales de la República”. En ese estadio, el Consell per la República actuaría "como Autoridad Nacional, liderando el proceso de independencia y representando a nivel internacional los intereses de la República catalana".

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

La plataforma Desobediencia Civil, por su parte, está impulsando cursos de agitación callejera. Precisamente, a mediados de septiembre, distribuyó entre las personas que se habían inscrito en su web una primera formación bajo el título ‘Manual de defensa civil’. “Cataluña necesita tu esfuerzo, porque eres la mejor persona para defender nuestro país, nuestra independencia y nuestra integridad territorial”, dice la introducción al cursillo. Además, justifica la iniciativa asegurando que “Cataluña por sí sola no dispone de ninguna institución que verdaderamente proteja a sus ciudadanos de amenazas extranjeras y por esta razón es necesario que sean los ciudadanos quienes asuman este rol”. El dosier detalla técnicas de autodefensa e incluye los elementos y objetos de los que es preciso aprovisionarse, además de ilustrar con fotografías técnicas de defensa personal en la lucha cuerpo a cuerpo, copiado de un material facilitado desde Estonia. En este apartado, recomienda “apuntarse a un curso de defensa personal o de artes marciales”.

Esta plataforma prepara para las próximas semanas la edición de 26 dosieres sobre la independencia de países, entre ellos todos los latinoamericanos, pero también Portugal, Marruecos, Guinea, Sáhara y otros más sui géneris como Flandes, Nápoles, Sicilia y Cerdeña.

Cambiar los liderazgos

Este magma soberanista no es homogéneo. Hay algunos colectivos que apuestan por la agitación callejera y que quieren acciones contundentes, aunque estos posicionamientos son minoritarios. “Necesitamos nuevos liderazgos dispuestos a lo que haga falta para lograr la libertad y la independencia”, reivindicaba la propia plataforma Desobediencia Civil hace unos días. Las reacciones en las redes desataron un tsunami. “Que dejen paso a nueva gente que culmine lo que comenzaron hace cuatro años”, pedía un activista. Y otro remataba: “Es preciso un cambio de mentalidad en el independentismo. La mayoría han de estar dispuestos a imponer las decisiones tomadas en referéndum por los medios que sean necesarios. Eso llevará al cambio de liderazgo”.

Josep Costa, exvicepresidente del Parlament y uno de los activos más radicales de JxCat, reclamaba el 20 de septiembre que “lo que hace falta es que el movimiento independentista vuelva a marcar el camino de la base, como hizo desde 2009 a 2017 (…). Es preciso volver a activar nuestra inmensa capacidad de organización y movilización para marcar el rumbo sin esperar imposible (…). En definitiva, dejemos de esperar que los partidos se pongan de acuerdo. Pongámonos en marcha para empujar a los partidos hacia el objetivo de la independencia por el camino que todos conocemos y que, más fácil o más difícil, es el único que hay. No es necesario que los partidos dejen de pelearse. Es necesario que vuelvan a pelearse para caminar al lado de la gente”.

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