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Aragonès esquiva el avispero marroquí ante la mención envenenada de Rabat a Cataluña
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Aragonès esquiva el avispero marroquí ante la mención envenenada de Rabat a Cataluña

Cataluña lleva tiempo buscando reconocimiento internacional, pero Marruecos no es la mejor plaza para estrenarse en ese terreno

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)
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El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, esquivó ayer el avispero marroquí ante la mención envenenada que había hecho el Gobierno de Rabat con el reconocimiento del conflicto catalán en un comunicado remitido al Gobierno español, dentro de la escalada diplomática que se está produciendo a causa de la hospitalización en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Cataluña lleva tiempo buscando reconocimiento internacional, pero Marruecos no es la mejor plaza para estrenarse en ese terreno.

Preguntado sobre la posición de la Generalitat ante lo que había pasado entre Marruecos y España, Aragonès afirmó que “ante cualquier crisis, priorizaremos siempre la cuestión humanitaria y siempre daremos acogida a los menores de edad que nos correspondan. Pero el conflicto político con el Estado lo hablaremos con el Estado. Y, mientras, seguiremos explicando al mundo la posición de la Generalitat y los intereses de Cataluña, como en todos los ámbitos”. Una respuesta diplomática para un conflicto diplomático.

Foto: Imagen de archivo de dos mujeres del Frente Polisario. (EFE)

Aragonès negó que con su posición estuviese cerrando filas con el Gobierno español, aunque durante toda la rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno se mostró perfectamente coordinado con las posiciones de Moncloa: “No cierro filas con nadie. Pero solo digo que las conversaciones se han de centrar entre Cataluña y España”. De un plumazo, Marruecos había quedado fuera de la ecuación.

Esta semana, el Gobierno de Marruecos hizo un reconocimiento explícito de la crisis catalana cuando en un comunicado del Ministerio de Exteriores alauí dedicó nada menos que cinco párrafos a comparar la actitud “modélica” de Rabat con relación a Cataluña con la de España sobre el Sáhara. Marruecos pidió a España adoptar ante el “separatismo” fomentado por el Polisario la misma actitud que adopta Marruecos ante el “separatismo” en Cataluña. “Marruecos nunca instrumentalizó el separatismo”, recalcaba el comunicado. “Marruecos está en derecho de no esperar menos de España”.

Foto: El ministro marroquí de Exteriores, Nasar Burita. (EFE)

La Generalitat tiene una Consejería de Acción Exterior y la nueva consejera, Victòria Alsina (JxCAT), ha prometido una “actuación de Estado”. Hay que recordar que la Generalitat está buscando el reconocimiento internacional que se le negó en 2017 cuando declaró la independencia, pero ningún país la reconoció, aunque el consejero de entonces, Raül Romeva (ERC), llevaba meses asegurando que iba a pasar justo lo contrario.

Rusia, en 2014

El reconocimiento de esta semana es el más importante que ha tenido Cataluña desde 2014, cuando el embajador ruso ante las Naciones Unidas, Vitaly Churkin, hizo referencia a la consulta soberanista catalana durante su intervención ante el Consejo de Seguridad, en Nueva York, para justificar la anexión de Crimea. Entonces, Artur Mas declinó aprovechar la oportunidad parar abrir una brecha en la política exterior española. Se quería el reconocimiento de países como Israel, Estados Unidos o los países bálticos, por ejemplo. Pero no de potencias escasamente democráticas como Rusia. Ahora, Aragonès ha reaccionado del mismo modo.

Foto: Albaneses de Kosovo celebran la independencia del país, en febrero de 2008. (Reuters)

En su día, Carles Puigdemont sí que intentó aprovechar la crisis de Ceuta. Lo hizo desde Twitter, asegurando que “Ceuta y Melilla eran africanas”. Pero la diplomacia en serio requiere otras cosas más allá de las redes sociales: cartas, visitas a países, reuniones con un embajador… Ahora que Marruecos ha jugado fuerte de verdad jugando la carta catalana, Puigdemont y su Consell per la República se han replegado. Ni una palabra. En teoría, el Consell ha de jugar un rol en la actividad internacional del independentismo. Pero ese papel todavía no está claro.

Dilema en el independentismo

Para el independentismo, el apoyo de Mohamed VI es un problema. Por un lado, sí, un país podría reconocerles, al menos para molestar a España. Pero se trata de una dictadura de un rey absolutista. Por otra parte, si se aceptara el apoyo de Marruecos, habría que renunciar a respaldar el derecho a decidir del pueblo saharaui. Un problema, ya que la postura de la Generalitat, en donde muchos de sus políticos aseguran que Cataluña es una colonia de España, debería ser apoyar el derecho de autodeterminación de los pueblos, no los planes de expansión de Marruecos. Es el dilema de la geopolítica en el mundo real, te obliga a tratos incómodos.

Por eso, lo más cómodo para la Generalitat es no pronunciarse en estos casos. De hecho, por ejemplo, la Generalitat lleva años incapaz de consensuar una postura oficial sobre cuestiones como Palestina. Aragonès aplicó ayer esa receta. Y al no alinearse hizo lo que más le convenía al Gobierno de Pedro Sánchez.

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, esquivó ayer el avispero marroquí ante la mención envenenada que había hecho el Gobierno de Rabat con el reconocimiento del conflicto catalán en un comunicado remitido al Gobierno español, dentro de la escalada diplomática que se está produciendo a causa de la hospitalización en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Cataluña lleva tiempo buscando reconocimiento internacional, pero Marruecos no es la mejor plaza para estrenarse en ese terreno.

Pere Aragonès
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