La Generalitat apoya de tapadillo la Superliga, pero evita pronunciarse en público
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Considera que desestabiliza España

La Generalitat apoya de tapadillo la Superliga, pero evita pronunciarse en público

"La Generalitat respeta la decisión del Barcelona”, se limitó a señalar Budó para luego añadir: “La iniciativa afecta a entidades privadas”. Hay miedo a parecer palmeros de Florentino

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Foto: Reuters.

De puertas para adentro, muchos 'consellers' de la Generalitat apoyan la Superliga que está intentando impulsar el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, según explican diversos 'consellers'. No solo porque el FC Barcelona del independentista Joan Laporta se haya sumado. También porque consideran que un golpe así a la Liga de Fútbol es un torpedo a la línea de flotación de uno de los elementos cohesionadores de España, según apuntan diversos 'consellers' y altos cargos del Govern consultados. La Liga es como el sorteo de Navidad de la Lotería Nacional o la declaración de la renta, un factor cohesionador de la unidad de España. Así que un Ejecutivo soberanista no podía inclinarse por otra opción. Pero ha evitado hacerlo en público. Al igual que Laporta, la Generalitat ha preferido ponerse de perfil ante la polémica iniciativa.

“La Generalitat respeta la decisión del FC Barcelona”

Ayer, cuando aún no se sabía que los clubes ingleses se bajaban del tren de Florentino Pérez, la portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, evitó mojarse con una cuestión sobre la que se estaban posicionando todos los gobiernos de Europa. “La Generalitat respeta la decisión del FC Barcelona”, se limitó a señalar Budó para luego añadir: “La iniciativa afecta a entidades privadas”, y se limitó a hacer un llamamiento apelando "al diálogo para evitar que perjudique a otras competiciones”.

Foto: La Superliga ha muerto. (Ilustración: Raquel Cano)

Budó no solo es la 'consellera' de Presidencia. También es la responsable última de la Secretaría d’Esports de la Administración autonómica. Pese a ello, se limitó a asegurar al ser preguntada de manera repetida durante la rueda de prensa tras el Consell Executiu: “No es que tenga mucho que decir el Govern de Catalunya". Curioso en Cataluña, donde ya hace décadas el escritor Manolo Vázquez Montalbán dejó escrito: “La actual vertebración de España no sería la que ha sido hasta ahora... sin el Campeonato Nacional de Liga de fútbol, que ha hecho en este sentido por la unión de España más que nada ni casi nadie; especialmente, a través de la rivalidad y los duelos directos entre Barça y Real Madrid".

"Respecto a esta nueva Superliga, se trata de entidades privadas, pedimos que ante los interrogantes que puedan surgir haya un diálogo para encontrar el mejor encaje en beneficio del deporte y de los clubes", apuntó Budó y de esa posición no hubo manera de sacarla.

Su prudencia no fue la única. El secretario de Deportes de la Generalitat, Gerard Figueras, imputado por caso de corrupción, también ha guardado un escrupuloso silencio. En la práctica de los tres poderes fácticos de Cataluña —La Caixa, la Generalitat, y el Barça— dos han callado pese a estar a favor. Solo el RCD Espanyol se ha pronunciado y lo ha hecho en contra a través de un comunicado donde afirma: “Hoy día, los aficionados al fútbol de toda Europa pueden soñar con que su Club, sea cual sea su dimensión, pueda destacar en una competición, alcanzar lo más alto, y competir en la cumbre del fútbol europeo. La Liga defiende esta tradición futbolística europea del fútbol para todos. El concepto propuesto por 12 clubes europeos destruye ese sueño, cerrando la puerta a la cima del fútbol europeo y permitiendo la entrada de sólo unos pocos a una élite”. Y el club periquito nunca ha tenido el peso específico de las tres grandes instituciones de referencia catalanas.

Razones ocultas

Las razones de esta diferencia entre la posición real y la oficial son diversas: la primera, aunque un análisis ajustado vería la Superliga como una operación del futbol inglés para llevarse lo mejor del futbol europeo en pleno Brexit —de hecho, una vez que los ingleses se descuelgan el proyecto muere—, la Generalitat teme que sus votantes independentistas les vean como los palmeros de Florentino Pérez.

Laporta, al ponerlo en manos de una consulta a los socios, también ha evitado esta bala, aunque su independentismo no está en cuestión. Al final, al proyecto le han faltado apoyos públicos y claros.

También porque no hay manera de defender el proyecto sin enterrar el futbol base y los clubes pequeños, entre ellos algunos con una masa social importante, como es el caso del Lleida, el Girona, que llegó a estar en primera, o el Reus. Y la sensibilidad territorial en Cataluña se encuentra a flor de piel y más sin que se haya pactado configurar el Gobierno.

Si un gurú 'indepe' como Pep Guardiola se pronuncia en contra los políticos callan

Hasta un líder moral del independentismo, como Pep Guardiola, se manifestó en contra al afirmar ayer desde el Manchester City que el problema de la Superliga es que desvinculaba el éxito del esfuerzo. Con estos problemas de base, la prudencia de la Generalitat estaba más que justificada.

Misma posición

En Barcelona no ha habido manifestaciones de la afición contra la Superliga. La situación económica del FC Barcelona es muy delicada. Laporta, por ejemplo, ganó las elecciones oponiéndose a la Superliga para luego avalarla con la boca pequeña. De manera que si el principal interesado no se mojaba, los políticos se iban a mostrar especialmente reservados. La Superliga se ha detectado como un avispero político, otro más, que era mejor evitar en Cataluña.

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