Manuel Valls prepara su regreso a la política francesa tras las elecciones catalanas
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Final de la aventura española con Cs

Manuel Valls prepara su regreso a la política francesa tras las elecciones catalanas

Fuentes municipales en el ayuntamiento explican que Barcelona pel Canvi ya ha iniciado conversaciones con el número tres en las listas, Óscar Benítez, para que pase a ser regidor

Foto: Manuel Valls prepara su regreso a la política francesa tras las elecciones catalanas
Manuel Valls prepara su regreso a la política francesa tras las elecciones catalanas

El regidor por Barcelona y ex primer ministro francés Manuel Valls prepara su retirada de la política española. Lo hará después de las elecciones catalanas del 14 de febrero, según han explicado fuentes cercanas a la formación Barcelona pel Canvi. Valls quiere implicarse en la campaña de Cs por la Generalitat, pero después da su aventura española por finalizada y regresa a Francia, después de haber unido lazos con el presidente francés, Emmanuel Macron. El desembarco de Valls en la política catalana no habrá durado ni cuatro años.

Ciertamente, los rumores de su regreso a Francia empezaron cuando tras las municipales solo sacó dos regidores. Portavoces de su formación han declinado hacer comentarios. Pero otras fuentes han apuntado que Macron cuenta con él para mayores responsabilidades y para mantener su perfil centrista, ya que Valls es un hombre proveniente del socialismo francés. Fuentes municipales en el ayuntamiento explican que Barcelona pel Canvi ya ha iniciado conversaciones con el número tres en las listas, Óscar Benítez, para que pase a ser regidor cuando Valls dé el paso definitivo en unos meses.

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Según 'Le Parisien', Valls y Macron han rehecho su relación política. Macron podría utilizar a Manuel Valls para que se presente a la alcaldía de París, después de que Benjamin Grivaux renunciase a causa de un escándalo sexual. Otra alternativa sería una crisis de gobierno en el ejecutivo francés y que Valls pasase a ocupar la cartera de Interior.

Pese a que se quedó muy lejos de ganar las elecciones a la alcaldía de Barcelona, Valls ha mantenido un fuerte protagonismo en la política catalana y española. Fue clave para que Ada Colau volviese a ser alcaldesa de Barcelona, como una manera de frenar a los independentistas, que habían sido los verdaderos ganadores de los comicios, gracias a la victoria por la mínima de ERC con Ernest Maragall. Valls también fue premonitorio cuando pidió a Albert Rivera que apoyase a Pedro Sánchez como una manera de aislar a Vox y a Podemos. Lo hizo en marzo. Meses después, en junio, Cs rompía con Valls en el Ayuntamiento de Barcelona pero Rivera apenas pudo disfrutar de su revancha: tuvo que dimitir en noviembre tras los malos resultados en la repetición electoral y que su partido pasase de ser clave a resultar irrelevante. Muchos vieron en la sucesión de Inés Arrimadas al frente del partido naranja una victoria póstuma de las tesis de Valls: mano dura con el independentismo en Cataluña y cintura para pactar con el PSOE en Madrid en aras de la gobernabilidad y de una visión de Estado.

En la operación Valls, se da un error de cálculo del político francés. Manuel Valls esperaba que la burguesía catalana le financiaría como garante de un regreso al orden. Pero los empresarios catalanes querían un pacto de apaciguamiento con el soberanismo y Valls no era un hombre de medias tintas, precisamente el territorio en el que siempre se ha sentido cómodo un empresariado que le regaló al antiguo primer ministro galo los oídos pero no le llenó las arcas del partido como él esperaba.

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Experimento fallido

El experimento de transversalidad política europea falló. Pero Valls consiguió seguir siendo la piedra en el zapato del independentismo. Ha tenido fracasos: como la retirada de la Medalla de Oro a Juan Carlos I, pero también algún éxito, como cuando sacó adelante la propuesta de hacer lo mismo con idéntica condecoración para Heribert Barrera, líder histórico de ERC. Valls siempre ha sido hábil a la hora de encontrar contradicciones en el soberanismo o de buscar grietas para que los comunes no confluyesen con las tesis independentistas.

Valls vino a Cataluña para unir bajo su figura salvadora al constitucionalismo y ha acabado enfrentado hasta con Cs, que apadrinó su operación


Sin embargo, en términos de armar una alternativa política del constitucionalismo en Cataluña, la operación Valls ha resultado un fiasco. Los primeros que se desmarcaron fueron los socialistas, que al final prefirieron hacer la guerra por su cuenta. El PP tampoco compró las tesis del ex primer ministro francés y los partidos pequeños que quisieron jugar su liga, Lliga Democràtica o Lliures, no obtuvieron un mínimo de visibilidad para justificar acercarse a las iniciativas de Valls. Al final, acabó hasta enfrentado a Cs. Sobraron altivez por parte del francés y cálculo tacticista desde la mayor parte de los partidos españoles, según explican fuentes políticas de la capital catalana conocedoras de estos movimientos.

Valls ha dejado la plataforma Barcelona por el Cambio registrada como partido político. Su secretaria general es su número dos, Eva Parera, pero parece poco probable que su oferta de reformista moderado constitucionalista tenga opciones en las próximas elecciones catalanas, donde hasta 10 partidos podrían obtener representación parlamentaria en un Parlament fragmentado como nunca.

Paradoja Valls

Valls acabó convertido en una paradoja: que el gran defensor del régimen del 78 en Cataluña en los últimos tres años haya sido un francés que solo contempló aquellos tiempos desde su lejanía parisina. “Valoramos como un éxito colectivo la Constitución de 1978 y la transformación política y social vivida en España. El amplio reconocimiento de derechos fundamentales y sociales, así como la implementación del Estado de las autonomías, ha permitido la democratización del país y la construcción de una sociedad libre y plural”, asegura el partido en su ideario. Algo que podría parecer obvio pero suena extraño en una Cataluña donde hasta muchos miembros del PSC se sienten, y declaran, republicanos. Manuel Valls se va. Sus rivales políticos lo vivirán como una victoria y sus teóricos aliados no le echarán de menos.

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