Waterloo pierde peso por el covid-19

Puigdemont y Torra dejan las elecciones catalanas en manos de Manuel Marchena

Los 'spin doctors' de la formación recuerdan que las elecciones del 21 de diciembre de 2017 también las convocó Mariano Rajoy con el 155 y las ganó Carles Puigdemont

Foto: El expresidente de la Generalitat, Artur Mas se abraza al presidente Quim Torra. (EFE)
El expresidente de la Generalitat, Artur Mas se abraza al presidente Quim Torra. (EFE)

Carles Puigdemont y Quim Torra han optado, de manera sorprendente, por dejar en manos del presidente del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, la agenda electoral de Cataluña. En una legislatura que hasta ahora había estado marcada por que Puigdemont estaba siempre amenazando con pulsar el botón electoral, ahora ambos han renunciado a esta potestad. Nadie quiere elecciones con más de 9.200 muertos tan recientes. Y han optado por que sea el Tribunal Supremo el que determine cuándo será la convocatoria electoral. Cuando el Supremo ratifique la sentencia de Quim Torra por haber colgado una pancarta en la fachada de la Generalitat, este quedará inhabilitado, se nombrará presidente en funciones a Pere Aragonès y si en dos meses no se escoge a un sustituto, habrá elecciones de manera automática.

Torra no solo ha renunciado a convocar elecciones. Fuentes del Palau de la Generalitat explican que está rehaciendo el plan de gobierno para potenciar la reconstrucción de Cataluña tras la pandemia. Como si fuera a acabar la legislatura, como si su causa en el Supremo no existiese. Por primera vez, Quim Torra está cómodo en sus zapatos, dicen sus colaboradores, y está tomando decisiones. Incluso sin consultar con su valedor en Bélgica.

Luego, en la práctica, nadie estaba preparado para lo que vino, ni el soberanismo tampoco. Por todo eso, ahora Puigdemont pinta mucho menos

Puigdemont, por su parte, se ha quedado aislado. Con el coronavirus, el peso de la política ha pasado a las 'conselleries' de gestión: Salut, Ensenyament, Treball, todas en manos de ERC, donde no se reconoce su autoridad. Tampoco puede convocar reuniones en Waterloo con los espacios aéreos cerrados. La última vez que vio a sus fieles fue en Perpiñán, donde desperdició la ocasión diciendo a la gente que “se preparase”. Luego, en la práctica, nadie estaba preparado para lo que vino, ni el soberanismo tampoco. Por todo eso, ahora Puigdemont pinta mucho menos.

Fuentes jurídicas de Madrid apuntan a noviembre o diciembre para cuando el Tribunal Supremo suspenda a Torra de manera definitiva. Pero, con el coronavirus, resulta muy difícil hacer una previsión de este estilo. Podría ser incluso más tarde.

En JxCAT, ya están cambiando la hoja de ruta electoral. Ahora se considera que si es Marchena quien convoca las elecciones, se acusará a Madrid de una intervención intolerable. Victimismo por el presidente catalán desplazado injustamente por el Tribunal Supremo. Una baza más para ganar las elecciones a ERC, que es la prioridad de los de Puigdemont.

Los 'spin doctors' de la formación recuerdan que las elecciones del 21 de diciembre de 2017 también las convocó Mariano Rajoy con el 155 y las ganó Puigdemont. Ahora se trataría de repetir la jugada, pero con otro cabeza de lista. Ya sea el alcalde de Igualada, Marc Castells, o el de Mollerusa, Marc Solsona. Convergentes de nuevo cuño en un momento en que los antiguos convergentes son los que llevan la voz cantante, como se está demostrando en organismos como Procicat, el comité de emergencias de la Generalitat.

Viejo pulso

Puigdemont todavía aspira a colocar a su 'conseller' favorito, Jordi Puigneró, pero está perdiendo peso político a pasos agigantados. Es el viejo pulso de siempre entre los expuigdemontistas de Reagrupament, fuertes en Waterloo, y los convergentes de toda la vida: especializados en los despachos y en mantener todos los cargos públicos posibles.

En JxCAT no se fían de ERC. Lo que pasa es que cada uno hace la guerra por su cuenta. No hay coordinación, ya que antes la hacía Puigdemont y ahora ese factor de cohesión se ha perdido. Así, el vicepresidente del Parlament, Josep Costa, hace la guerra por su cuenta; o el 'conseller' de Interior, Miquel Buch, compra teorías numerológicas que Puigdemont tuvo que apoyar arrastrando los pies. Hay caos. Porque el virus lo ha cambiado todo.

Tanto el frente de los presos como el de Waterloo se están desgastando y el cambio de paradigma que supone el coronavirus ha impulsado el cambio

El frente de la cárcel se va disgregando, según apuntan fuentes de Waterloo. 'Exconsellers' como Josep Rull o Jordi Turull están más preocupados por consolidar su incorporación al sector privado. Con el coronavirus, los planes de Oriol Junqueras de dar cursos en la universidad se han truncado. Ahora, la cárcel es cárcel y con muchas menos visitas.

Cansancio

En Waterloo, también hay desgaste. Fuentes del entorno de Puigdemont en Bélgica explican que el 'exconseller' Lluís Puig ha abierto una línea de comunicación para consultar con el Tribunal Supremo si podría volver a España y enfrentarse a una condena leve, tipo la de Santi Vila o Carles Mundó. Pero los contactos no prosperaron, y no por los delitos que hubiera podido cometer Puig en octubre de 2017 sino por la fuga.

Con las fuerzas tan mermadas, mejor que Marchena convoque las elecciones, aplicar el victimismo y esperar que sus votantes le sigan siendo fieles. El coronavirus ha cambiado el paradigma político y el mundo posconvergente se está adaptando. Por eso, tras dos años de presumir que tenían el botón electoral, ahora han renunciado a él.

Cataluña

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