La tensión impregna el primer acto del Mobile

Gelidez y falta de sintonía en el MWC: el Rey y Torra ni se hablan en dos horas de cena

El contacto entre el monarca y el presidente de la Generalitat se limitó a un fugaz apretón de manos en el cóctel previo. Ambos hicieron lo posible por ignorarse. Frialdad y distancia

Foto: El rey Felipe VI (d) y el presidente de la Generalitat, Quim Torra (i-primer término), entre otros, durante la cena del MWC. (EFE)
El rey Felipe VI (d) y el presidente de la Generalitat, Quim Torra (i-primer término), entre otros, durante la cena del MWC. (EFE)

Dos horas cara a cara. El Rey Felipe VI y Quim Torra. Quim Torra y el Rey. Sentados a la misma mesa. Ni una palabra. Ni un gesto. Según han explicado a El Confidencial asistentes a este primer acto del Mobile World Congress el contacto entre el monarca y el presidente de la Generalitat se ha limitado a un fugaz apretón de manos en el cóctel previo a la cena. Una brevedad deliberada entre dos hombres que se evitan y que se esforzaron el domingo para colar en sus discursos guiños hacia sus públicos respectivos. Felipe VI elogió la “democracia plena” española. Torra recordó a Carles Puigdemont. Todo en orden. No habrá tregua del móvil, las espadas seguirán en alto en la cuestión de la independencia de Cataluña.

La sucesión de desplantes fue así. Primero llegó Quim Torra. Puntual, a las 19.00 de la tarde. Ya estuvo incómodo. A la entrada del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) Torra evitó en todo momento hablar con los ministros asistentes, que eran tres: Nadia Calviño (Economía), Pedro Duque (Ciencia) y Meritxell Batet (Política Territorial). Fue la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, quien departió con los representantes del Ejecutivo español. Torra no quería que las cámaras le vieran tratando con el enemigo. A las 19.15 junto con la alcaldesa Ada Colau, Torra se va para evitar la recepción inicial, en la que las personalidades esperan al monarca.

Y eso que se podía ser independentista y estar en el denostado besamanos. Así lo hizo, por ejemplo, Pau Relat, nuevo presidente de la Fira de Barcelona. Relat es el expresidente de la asociación de empresarios soberanistas Femcat. Pero también dirige una empresa que factura más de 240 millones de euros. Y sabe que la Fira depende en un 35% de su negocio del MWC. Por tanto, besamanos al canto. Allí, con el padre de la Constitución, Miquel Roca; el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet; el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls, los directivos de GSMA, la entidad organizadora de la gran feria del móvil europea; y hasta Dolors Montserrat (PP). Y Pau Relat sigue siendo un independentista de pura cepa. Así que Torra se podía haber ahorrado abrir las hostilidades.

Pero donde las dan las toman. Durante el cóctel de pie previo a los discursos, Torra se quedó entre los jefes de protocolo de la Generalitat y de la Casa Real, esperando para saludar al monarca. Felipe VI lo estaba viendo perfectamente, según han contado diversos asistentes. Pero iba retrasando el momento. Ora departía con los directivos de GSMA, ora saludaba al presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, y después intercambiaba comentarios con el presidente de CaixaBank, Jordi Gual, entre otros.

Al límite

Al límite del minutero, poco antes de las 20.00, cuando ya las azafatas avisaban de que había que dirigirse al Salón Oval del MNAC para que arrancasen los discursos, fue cuando el Rey estrechó la mano del presidente de la Generalitat. Un apretón de manos frío, de compromiso. Tan fugaz y falto de cualquier complicidad como si se hubiesen cruzado en un pasillo Paul McCartney y Yoko Ono.

Tras los discursos, la cena, a las 20.30. De primero, verduritas salteadas con merluza. Torra está cabizbajo, con los hombros hundidos. Parece más pequeño, sentado entre el antiguo astronauta Pedro Duque y la ministra Meritxell Batet. Ni una palabra al Rey. Ni una palabra del Rey. Los dos hombres no intercambian ni una frase amable. Torra parece más pendiente del móvil que de otra cosa y consulta su teléfono varias veces. Segundo plato: pularda con manzana caramelizada. El jefe del Estado y el presidente de la Generalitat siguen ignorándose de manera deliberada. Un esfuerzo mayor de lo que puede parecer si se tiene en cuenta que están sentados uno delante del otro. La cena se está haciendo muy larga. Si Torra habla con alguien lo hace con Batet y sin prodigarse demasiado.

Las dos horas de cena se hicieron largas tanto para Torra como para el Rey, es complicado ignorar a alguien que tienes sentado justo delante de ti

Por fin llega el postre. Mousse de limón. El duelo de silencio sigue. Todo muy educado, muy catalán. Pero más tenso que un cuello de almidón. Tras el café Quim Torra, que había intentado no acudir a la cena durante la pasada semana, se va sin despedirse. Son las 22.30. Dos horas de cena sin contar los discursos. Una eternidad.

Hoy más

Para ninguno de los dos ha acabado la tortura. Esta mañana volverán a coincidir en la inauguración oficial del MWC. Habrá que visitar stands, pasear juntos. Ambos tendrán que mostrar gran empeño en seguir ignorándose a la vez que cumplen con el protocolo. El Jefe de Estado abandera que sin Ley no hay democracia. El presidente catalán aboga por que en Cataluña los mandatos democráticos están por encima del marco legal. Ambos no pueden tener razón. Y en parte es lógico que con este planteamiento no quede espacio para el diálogo. Visto lo del domingo, ni siquiera para una conversación trivial.

Los CDR no estuvieron a la altura de la tensión dentro del palacio. Lo habían dado todo en Argelès (Francia) para sabotear el acto de Pedro Sánchez en su homenaje al exilio español y en Barcelona flaquearon. En su cuenta oficial de Twitter los CDR aseguraban que no dejarían cenar al Rey tranquilo, aunque por el blindaje policial ni siquiera fuera del MNAC se oían los gritos. Quince minutos después, a las 20.00 de la tarde, los CDR desconvocaban la protesta. Justo cuando Torra estrechaba la mano real en un ademán de forzado compromiso. A esa hora la cena ni había empezado. Se iban a leer los discursos que iban a preceder al silencio más incómodo.

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