Investidura Cataluña 2018: El miedo atenaza a JxCAT y Puigdemont acerca Cataluña a unas nuevas elecciones
Puigdemont, más aislado pero más indiscutido

El miedo atenaza a JxCAT y Puigdemont acerca Cataluña a unas nuevas elecciones

Fuentes de JxCAT que asistieron a la reunión reconocen que la misma estuvo marcada por los silencios y que en su seno se planteó el escenario electoral, si bien evitando decidir nada

Foto: Pancarta con la cara de Puigdemont en una manifestación en Valencia. (EFE)
Pancarta con la cara de Puigdemont en una manifestación en Valencia. (EFE)

El resultado de la reunión de Berlín ha sido solo uno: el independentismo tiene miedo. Y no al Gobierno español, sino a decepcionar a sus propias bases, perder apoyo social y explicar que el pasado mes de octubre se vivió una derrota sin parangón. Este miedo atenaza a JxCAT, le impide tomar decisiones y deja toda la responsabilidad en manos de un Carles Puigdemont cada vez más aislado, pero al mismo tiempo más poderoso, gracias a la decena de diputados que le respalda sin fisuras —Josep Costa, Laura Borràs, Antoni Morral y Francesc Dalmases, entre otros—. Por tanto, pese a las declaraciones oficiales, Cataluña se desliza por la pendiente de la repetición de elecciones.

Fuentes de JxCAT que asistieron a la reunión reconocen que en su seno se planteó el escenario electoral, si bien no se tomó ninguna decisión al respecto. Pero, en todo caso, unas elecciones no parecieron tan malas, insistiendo siempre en que la clave es “construir un relato”, es decir, responsabilizar al Gobierno español —por recurrir la Ley de Presidencia, por vetar a Jordi Sànchez— y no a los propios reunidos en Bruselas.

Estas mismas fuentes explican que si algo marcó la reunión fueron los silencios. Los de Elsa Artadi y el resto de partidarios de formar Govern. Y también los de los diputados del PDeCAT, Marc Solsona y el resto, que discrepan de la falta de estrategia presidencial pero no osan abrir la boca para no ser tildados de traidores por los tertulianos, tuiteros y el resto de magma que configura la opinión pública soberanista.

Si la candidatura de Puigdemont volviese a descarrilar, Jordi Sànchez volverá a saltar a la palestra desde su celda en Soto del Real

Es decir, el encuentro ni siquiera sirvió para descartar la candidatura de Jordi Sànchez. Al contrario, se advirtió que si la candidatura de Puigdemont volvía a descarrilar —no hace falta ser profeta para prever que así será—, Jordi Sànchez volverá a saltar a la palestra desde su celda en Soto del Real y, previsiblemente, se topará de nuevo con el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

Se insiste en que hay un “plan D”, un plan oculto. Pero cada vez parece menos claro. Y menos después del paso atrás de Elsa Artadi, quien prefiere una retirada estratégica y permanecer lejos de una primera línea incierta, para convertirse en la reserva espiritual del 'puigdemontismo' para cuando Puigdemont haya quedado amortizado por una u otra razón. En todo caso, la reunión, que en teoría tenía que servir para aclarar una hoja de ruta hasta la investidura, lo ha dejado todo mucho más oscuro que antes.

Puigdemont y Artadi, en Berlín. (EFE)
Puigdemont y Artadi, en Berlín. (EFE)

Minoría de bloqueo

La decena de diputados que apoyan a Puigdemont, entre los que ya no se encuentran los más pragmáticos —la propia Artadi, Eduard Pujol, Quim Torra, todos ellos preferirían un gobierno efectivo en la Generalitat que la actual incertidumbre—, le permiten disponer al 'expresident' de una minoría de bloqueo. Suficiente para empujar a Cataluña a unas nuevas elecciones que nadie le recomienda. Pero la tozudez de Puigdemont no tiene parangón. Como anunció el diputado Albert Batet esta semana en la cámara catalana: “Puigdemont no se rendirá”. Pues eso.

Un profético Albert Batet clamó en el Parlament la pasada semana que "Puigdemont no se rendirá" y ahí quedó el soberanismo, en su El Álamo particular

Puigdemont juega al peso de la historia convergente: las decisiones improvisadas en el último momento que luego los voceros del régimen jalean como “jugadas maestras”, por mucho que después de cada una de ellas Cataluña y el catalanismo estén objetivamente peor que antes. No hace nada, pero tranquiliza a los suyos: tranquilos, en el ultimo segundo, el 22 de mayo, se sorprenderá a todos con un nuevo triple mortal con tirabuzón.

ERC, a remolque

No se sabe qué hará ERC. Pero su socio, Demòcrates, que controla dos diputados, ya ha advertido de que no dará apoyo a cualquier candidato del plan D, como ha anunciado Antoni Castellà en RAC-1. Es un mensaje a Puigdemont: si quiere un candidato alternativo, ha de pactar con ellos, no puede proponerlo y esperar a cambio un cheque en blanco.

Con estos mimbres, está por ver qué hará ERC, si callarán como hicieron los diputados en Berlín y se dejarán arrastrar por la dinámica de Puigdemont —así aprobaron a regañadientes la reforma de la Ley de Presidencia— o si se plantarán en línea con la última ponencia de su partido, y exigirán realismo político o realismo a secas.

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