por el PRESIDENTE DEL INSTITUT NOVA HISTORIA

Un libro editado con micromecenazgo acusa a España de “genocidio cultural” en Cataluña

El INH vuelve a las andadas tras 'desvelar' que personajes como Teresa de Ávila, Américo Vespucio o Hernán Cortés en realidad no se llamaban así y eran catalanes...

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

Los ‘historiadores catalanes’ tienen ya una nueva herramienta que oponer al Estado español: un libro que lleva por título ‘Inquisición y decadencia’ y el sugerente subtítulo de ‘Orígenes del genocidio lingüístico y cultural en la Cataluña del siglo XVI’. En realidad, es una ‘historia’ que abarca desde la segunda mitad del siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XIX, según la cual España practicó un cuidadoso genocidio sobre toda la cultura catalana. Su autor es Jordi Bilbeny, presidente del Institut Nova Història y el primero que puso sobre la mesa conclusiones sobre la catalanidad de Cristóbal Colón, negando sus orígenes italianos.

El libro que saldrá próximamente a la venta ha sido financiado mediante una campaña de micromecenazgo que termina hoy martes. Según el INH, este libro “representa un hito en la historia de la lengua, la literatura y, en general, de la cultura catalana. Por primera vez, alguien explica a partir de toda clase de informaciones, con profusión de detalles y de una manera convincente y bien argumentada, por qué se dejaron de editar, de golpe, sobre todo en la primera mitad del siglo XVI hasta finales de la primera mitad del siglo XIX, en todo el dominio lingüístico de los Països Catalans, obras de historia, de poesía, de ficción, de teatro, de carácter científico o de cualquier otra clase, escritas en nuestra lengua”.

La tesis del libro es que España obligó a traducirlas o a editarlas en castellano: “El Estado español ejerció, por medio de la Inquisición y de la censura de Estado, una represión impecable, y no solo contra la reacción en lengua catalana, sino también contra sus autores, editores, lectores y mecenas que las financiaban”. Y añade el autor que, luego, “el franquismo retomó con ferocidad esta represión”.

Bilbeny lamenta que eso diera lugar a que la gran mayoría de catalanohablantes interiorizó un complejo de inferioridad “que se ha ido transmitiendo de generación en generación. Y todo junto es el resultado final del miedo a una represión que comenzó hace más de 450 años”. El ‘historiador’ está bien conectado. El INH presume de tener una carta de felicitación por su labor ‘investigadora’ firmada por el propio Jordi Pujol, y Bilbeny formó parte de la comisión evaluadora de la primera consulta independentista (que se celebró en la localidad de Arenys de Munt). En esa comisión estaban también los entonces diputados Oriol Junqueras, Alfons López Tena y Uriel Bertran y el alcalde de Arenys de Munt, J. M. Ximenis. En 2013, el INH recibió también el galardón President Lluís Companys, que concede ERC. Algunos de sus actos han sido financiados con dinero público.

Los escritores 'fules'

El libro apoya las teorías de que muchos autores se cambiaron el nombre por el peligro de ser ajusticiados. Entre las obras que reivindican como genuinamente catalanas están el ‘Quijote’ o el ‘Lazarillo de Tormes’. De hecho, los pseudohistoriadores independentistas afirmen que Miguel de Cervantes era, en realidad, Joan Miquel Servent, natural de Xixona, y escribió el ‘Quijote’ en catalán, aunque tras la censura política y religiosa fue editado en castellano. Según los defensores de esta teoría, Cervantes tenía casa en el paseo de Colón y escribió algunos capítulos al lado de una ventana desde la que veía la playa… y acabó huyendo del país y publicando luego sus libros bajo el nombre de… ¡Shakespeare!

De la misma manera, Teresa de Ávila se llamaba en realidad Caterina de Cardona y era abadesa del monasterio de Pedralbes, aunque algunas teorías la bautizan como Teresa Enríquez de Cardona. El propio Américo Vespucio no era italiano ni existió, sino que su verdadero nombre era Aymerich Despuig y dejó para la posteridad sus mapas y el gentilicio americano. Tampoco existió Marco Polo, sino un catalán llamado Jaume Alarich. Esa censura provocó también que obras como ‘La Celestina’ o el ‘Lazarillo’ no sean consideradas estrictamente catalanas: las teorías que defiende el libro son que la Inquisición las controló para que pasasen a formar parte del acervo cultural español. Según estas teorías, otro escritor de la época, Garcilaso de la Vega, era un catalán llamado Galceran de Cardona. Y no deja de resultar curioso que un buen número de los personajes catalanes reivindicados sean, precisamente, 'de Cardona'.

Los ‘historiadores’ encuadrados dentro del INH han puesto en circulación las teorías históricas más hilarantes, lo que no quita que algunos de ellos tengan una gran consideración dentro de las filas del independentismo. Algunos de ellos son activos militantes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y se prodigan en conferencias y actos de divulgación, donde exponen sin rubor sus teorías. Su máxima es lanzar las teorías. “Se trata de una contrastación empírica de datos. Cuanta más información haya, luego el ciudadano se lo puede creer o no”, admitía el propio Bilbeny en una entrevista en el año 2013.

Teorías desquiciantes

De ahí que, entre otras cosas, reclamen también la nacionalidad catalana de Erasmo de Rotterdam (como supuesto hijo de Cristóbal Colón, aunque no existe ningún documento que siquiera lo insinúe), de Leonardo da Vinci o de Miguel Servet, el descubridor de la circulación de la sangre, al que llaman Miquel Servet a pesar de que reconocen que ante los tribunales españoles se declaró nacido en Tudela, y en Ginebra, donde finalmente fue juzgado y condenado, afirmó ser natural de “Vilanova, en el reino de Aragón”, según consta en los documentos judiciales. Para los historiadores del INH, Servet era de Tarragona porque en una obra de 1554, al lado de su nombre, consta la palabra ‘tarraconensis’, por lo que todos los demás documentos quedan anulados.

La nueva acometida independentista de la historia completa las hilarantes teorías de que Francisco Pizarro, por ejemplo, podría ser Francesc Pinós De So i Carròs, que luego pasó a llamarse Francisco Pi…çarro, hijo bastardo del rey Fernando el Católico con una dama catalana. Paralelamente, Diego de Almagro se sitúa como hijo del noble Jaume de Aragón. Tras ser ejecutado, no se sabe nada más de su hijo, Jaume d’Aragó-Dalmau. De ello, deducen los historiadores que casi medio siglo después se cambia el nombre por Diego y se hace llamar Almagro… ¡porque es la contracción de sus dos apellidos! Lo de que eran pastores de cerdos, según el propio Jordi Bilbeny, se debe a la censura del Estado español.

El propio Hernán Cortés, según esas teorías, era hijo de la catalana Maria de Torrelles y, por tanto, catalán. Incluso Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, ni era Fernández ni de Córdoba: era Joan Ramon Folc de Cardona, suegro de Alfons Felip d’Aragó i Gurrea (según estos historiadores, el verdadero nombre de Hernán Cortés). Y San Ignacio de Loyola ni era Ignacio ni de Loyola: ¡era un alicantino llamado Íñigo!

Pero no existe sorpresa alguna. Este ‘historiador’ es el mismo que afirma que la bandera norteamericana está copiada de la catalana. ¿Por qué? “Porque ahora sabemos por mis investigaciones y por los matices que han añadido un gran número de investigadores en ámbitos muy diversos que el Nuevo Continente fue descubierto, conquistado, evangelizado y poblado por catalanes (…) Queda patente que la bandera americana no se puede comprender sin el patrón catalán”. Ya lo decía hace un tiempo: “La mentira es la mentira y la verdad es la verdad, en función de cuánta gente la crea o la proclame”. En otras palabras, cuantos más mejor, porque una mentira mil veces repetida deviene verdad.

Cataluña

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