amenaza con ir a nuevas elecciones

Puigdemont y sus 20 fieles que dominan ahora el independentismo catalán

El expresidente de la Generalitat ha logrado hacerse con el control de la política catalana a pesar de que está fugado en Bruselas

Foto: El expresidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont (i), junto al empresario Josep María Matamala (d), a su llegada esta noche al aeropuerto de Zaventem, en Bruselas. (EFE)
El expresidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont (i), junto al empresario Josep María Matamala (d), a su llegada esta noche al aeropuerto de Zaventem, en Bruselas. (EFE)

Son una veintena, pero suficientes. Los acólitos del prófugo Carles Puigdemont no superan esa cifra sobre un total de 135 diputados, pero lo cierto es que el expresidente de la Generalitat ha logrado hacerse con el control de la política catalana a pesar de que está fugado en Bruselas desde finales de octubre y con una orden de busca y captura en territorio nacional sobre su cabeza. Su estrategia, controlando solo esa veintena de diputados, ha dado frutos. “Ha logrado que solo se hable de él, que el Gobierno central esté más pendiente de sus movimientos que de cualquier otro personaje y que el presidente del Parlament viaje a Bruselas a rendirle pleitesía, cuando su entrevista era un trámite que se habría podido realizar tranquilamente por Skype”, dicen a El Confidencial fuentes independentistas críticas cono el fugado.

Lo cierto es que con su actitud ha logrado sembrar la cizaña dentro del bloque secesionista y este jueves logró que el presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, no se saliese con la suya y convocase el pleno de investidura para el martes por la mañana. “Al ‘president’ Puigdemont le va bien el miércoles a las cuatro de la tarde”, fue el mensaje que planteó en la reunión Eduard Pujol, portavoz de Junts per Catalunya (JxCAT), la candidatura encabezada por Puigdemont.

¿Por qué esa fecha? “Puigdemont quiere agotar los plazos. ERC prefería el martes por la mañana para prever cualquier imprevisto, incluyendo la posible impugnación del pleno por parte del Gobierno central y su anulación por el Constitucional. Pero convocando para el miércoles por la tarde, Puigdemont se aseguraba de que ERC no tuviese plan B. Si se celebrase el 31, los republicanos habrían de claudicar y hacer lo que mandase Puigdemont, porque ya no habría margen de maniobra, al ser el último día para convocar el pleno según la ley”, añaden las mismas fuentes. Todo se reducía, por tanto, a los intereses tácticos del ‘expresident’. Al final el pleno se realizará el martes por la tarde.

Cuatro actores en pugna

La anécdota, sin embargo, sirve para ilustrar la tensión interna del bloque soberanista. En este bloque, según diversas fuentes consultadas por El Confidencial, existen al menos cuatro actores: por un lado, está ERC; por otro, la CUP; luego está el PDeCAT, y, por último, Carles Puigdemont y sus adeptos, que no llegan a la veintena.

“El PDeCAT y ERC coinciden en querer quitarse a Puigdemont de encima, pero el 'expresident' los tiene bien cogidos a todos porque su grupo de diputados fieles no lo permitirá”, explica una de las fuentes. Y otra remacha que “cuando desapareció Convergència y se creó el PDeCAT, hubo una serie de dirigentes que se quedaron en puestos de la Administración y sin cargos en el nuevo partido. Esos son los que se han pasado con armas y bagaje a las filas de Puigdemont”. En las filas del ‘expresident’ hay solo 13 diputados con carné del PDeCAT, que es su partido. El resto son amigos incondicionales suyos y algún independiente.

Gracias a ese equilibrio de fuerzas, el ‘expresident’ también dispone de un “arma suprema” con la que amenaza a sus asociados: “La convocatoria de nuevas elecciones. Lo que viene a decir es que ‘se hace lo que yo quiero y como lo quiero o vamos a nuevas elecciones”.

Por si fuera poco, Puigdemont cambió a su gusto las reglas del juego a mitad de la partida. “Cuando se vio ganador del bloque independentista, se aferró a la restitución del Gobierno anterior para evitar que alguien le pudiera quitar el puesto. Así, como él era el anterior ‘president’, tenía que volver a serlo porque para eso se había votado”. Ante ello, ERC y PDeCAT “no pudieron hacer nada, porque habían ‘comprado’ ese discurso incluso en campaña electoral y habían contribuido a lanzarlo”. Una vez pasadas las elecciones, Puigdemont se vio fuerte porque “tiene los diputados suficientes como para bloquear el Parlament”.

En esta coyuntura, desde todos los partidos soberanistas se comienza a reconocer —en algunos a regañadientes— que a Carles Puigdemont se le acepta porque no hay más remedio. “Está en condiciones de exigir lo que le venga en gana. Por eso no hay otro candidato que no sea él. Y, si no es él, con decir a los suyos que no voten a otro ya ha bloqueado el Parlament y hundido al bloque independentista”, explica una de las fuentes. En JxCAT, además, existe el convencimiento de que si hay nuevas elecciones, Puigdemont saldrá ganando votos y Esquerra bajará, aunque eso son meras suposiciones.

Objetivo: ‘restituir’ el Govern

Lo curioso es que en las mismísimas filas de JxCAT hay resquemor: el exconsejero de Interior Joaquim Forn (encarcelado en Estremera), que esta semana dimitió como diputado y anunció su retirada de la política, hizo llegar al ‘expresident’ un mensaje claro: su estrategia perjudica a los independentistas y, especialmente, a los que están encarcelados. Como quien oye llover. A Puigdemont le interesa solo Puigdemont.

“El mensaje que transmite a los suyos es que aquí no hay intereses del PDeCAT ni de ERC. De lo que se trata es de la restitución del Govern legítimo y en eso insiste. Los suyos se aferran a ese mantra, de ahí que su núcleo de incondicionales se haya convertido en un verdadero búnker político”, razona otra de las fuentes consultadas. Por el contrario, los críticos subrayan que “las elecciones del 21 de diciembre no fueron por la restitución de ningún Govern, sino que fueron unas elecciones para constituir un nuevo Govern”. Esa fue una de las premisas que ERC le puso sobre la mesa en varias ocasiones. Pero como quien oye llover otra vez.

El portavoz de Esquerra, Sergi Sabrià, le dio otro toque de atención en público este jueves, cuando se refirió a unas manifestaciones del propio Puigdemont del pasado viernes, cuando dijo que prefería “ser ‘president’ en el exilio a presidiario en una cárcel española”. El republicano subrayó en una entrevista en La Xarxa que el ‘expresident’ prófugo “se equivocó gravemente” y que “no debería haber tratado a Junqueras de presidiario. Nos parece una falta de respeto hacia Oriol Junqueras, que en estos momentos está en prisión. No habría de tratar a Junqueras de presidiario porque sabe perfectamente qué situación nos ha llevado hasta ahí. Pero seguro que es un lapsus y que sabe cómo están padeciendo Oriol, su familia, Quim Forn y los Jordis”. Pero Puigdemont hace como quien oye llover.

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