Posición de fuerza de Los trabajadores

La huelga de El Prat: parecidos razonables con el pulso de los controladores

La protesta de El Prat ha hecho mucho daño porque los huelguistas han sabido escoger el lugar, el momento y el modo en que se maximizaba su fuerza de cara a la futura negociación

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La huelga de los trabajadores del control de acceso del aeropuerto de El Prat ha sabido encontrar todos los puntos débiles del sistema para llevar a una instalación cómo ésta a una situación crítica. La estrategia que ha desarrollado el personal con sus protestas se parece mucho a la de los controladores aéreos, sólo que en este caso se ha usado para dotar de palancas de poder a un colectivo de mileuristas que ha reivindicado una mejora salarial.

Lo primero: detectar una posición estratégica, el control de acceso a los aeropuertos, más si cabe en la actual situación de alerta terrorista. Un servicio que Aena había externalizado y que en el el caso del aeropuerto del El Prat había pasado de Prosegur a Eulen, cuando ésta última ganó la subcontrata. Eulen mantuvo las condiciones de plantilla, pero no las de formación y los pluses que daba Prosegur. Además, de los 360 trabajadores que integran este personal, algo más de 60 son nueva plantilla, ya contratada por Eulen y en peores condiciones salariales. Aquí se fue generando el caldo de cultivo del problema.

Roberto R. BallesterosRoberto R. Ballesteros

A partir de ese punto, los trabajadores escogieron el lugar y el calendario que más les favorecía: el aeropuerto de la ciudad turística de moda en el mundo y en fechas de inicio de vacaciones. En ese momento y en ese lugar, Eulen estaría lo más débil posible. Barcelona, 1 de agosto. Justo igual que en su día hicieron los controladores. Y con un sector, el turismo, clave para el relanzamiento de la economía.

La posición de fuerza se reforzó con las reacciones de Eulen, que llegó tarde a afrontar el problema; y de Aena, que también tardó en darse por enterada. El mayor daño los trabajadores lo ejercieron con la huelga de celo en los días previos. Una protesta que sólo se basaba en cumplir punto por punto el manual de seguridad de Aena, es decir, que antes, cuando todo iba bien, se cumplía con más ligereza. Aquí es donde se consiguieron los mayores retrasos, tal y como apuntan fuentes sindicales.

Pero con la huelga de celo, los trabajadores ya consiguen sus objetivos, ya que al tratarse de una cuestión de seguridad, tienen servicios mínimos del 90%, según explican fuentes sindicales. Conocimiento estricto del proceso y aplicación del marco legal vigente, igual que los controladores.

Control de la comunicación

El comité de huelga ha contratado a un portavoz profesional ajeno a los sindicatos, como hicieron los controladores, con lo que la imagen exterior queda muy reforzada. A partir de ahí, a Eulen todo le ha ido cuesta arriba. Primero aseguró que al ser un subcontrata no podía subir ni un euro: ya ha ofrecido 155 euros. Aena afirmó que no se sentaría en la mesa de negociaciones: ya lo ha hecho. Los trabajadores no cedían en nada. Y llevaban las de ganar. Piden, entre otras mejoras, un aumento de 300 euros, lo que en la práctica supone una mejora de cerca del 30%.

La huelga de El Prat: parecidos razonables con el pulso de los controladores

El portavoz de los trabajadores, Juan Carlos Giménez, ha calificado de “interesadas y tendenciosas” las informaciones de El Confidencial en que se detallaban el peso de cada sindicato en el comité de huelga. Pero es evidente que la presencia de PROU, un sindicato de nueva creación al margen de las nuevas centrales y especializado en seguridad ha dado alas a la protesta.

También el asesoramiento del abogado Leopoldo García Quinteiro, asesor de PROU, ex trabajador de Eulen y la persona clave para que el viernes, cuando se estuvo a punto de llegar a un acuerdo, no se aceptase un principio de pacto que pasaba por suspender la huelga hasta que Eulen valorase los acuerdos económicos, según han explicado fuentes presentes ese día en la negociación, que acabó el sábado en las primeras horas de la madrugada. García Quinteiro sabía que si perdía la fecha, perdía buena parte de su fuerza.

Giménez ha asegurado que “ésta es una protesta de los trabajadores en la que las siglas sindicales no son importantes”. Pero todos coinciden en que la fuerza de PROU ha sido clave, y que el objetivo no declarado que puede tener esta nueva central es entrar en el comité de empresa de Eulen, donde ahora no cuenta con representación.

Políticos a la greña

Que con este lío y miles de personas afectadas, la clase política haya empezado a echarse los trastos a la cabeza ha reforzado más si cabe la movilización sindical. La Generalitat y todas las formaciones independentistas han acusado al Gobierno de que la huelga está instrumentalizada desde Madrid como un acto de sabotaje a Cataluña, arguyendo que el 51% de Aena está en manos del Gobierno español. A esta peregrina tesis se han apuntado desde intelectuales hasta economistas o empresarios catalanes.

La compañía que gestiona la seguridad en El Prat, y el comité de huelga de Eulen durante una reunión.
La compañía que gestiona la seguridad en El Prat, y el comité de huelga de Eulen durante una reunión.

Desde Madrid, por contra, se ha culpado a la Generalitat de llegar tarde a la mediación laboral, que es competencia de la administración catalana, al ser un conflicto focalizado en Cataluña. Como si Aena o la propia Eulen no hubiesen hecho lo propio. Más declaraciones políticas, más caos y más presión a Eulen para zanjar la cuestión de una vez por todas.

La crisis, además, ha deteriorado las relaciones entre Eulen y Aena. Y más cuando la empresa del Ibex-35 había dado a Eulen 425.000 euros para los refuerzos de verano en El Prat. Ahora muchos se pregunta qué ha sido de esos fondos.

La raíz del problema radica en dónde está el límite de las políticas de subcontratas. ¿Debe subcontratarse un servicio estratégico como el control de acceso al aeropuerto? ¿Debe hacerse a precios de derribo para garantizar más beneficios para la empresa gestora de la infraestructura? Todas las respuestas apuntan en una dirección. Y tantos errores, de fondo como tácticos, sólo pueden revertir en una victoria de los trabajadores.

Cataluña

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