CÓMO LA CUP IMPONE SUS REGLAS A PUIGDEMONT

Las teorías del ‘Comité Invisible’ que controlan la hoja de ruta de Cataluña

La CUP es una amalgama de siglas de pequeños grupos que están en continua ebullición y permanentemente en tensión. De entre ellos, destaca el pequeño partido Endavant

Foto: Asamblea de la CUP de diciembre de 2015. (EFE)
Asamblea de la CUP de diciembre de 2015. (EFE)

¿Quién manda en Cataluña? La pregunta parece fácil, pero no lo es. ¿Manda Convergència? ¿Manda ERC? ¿Manda Carles Puigdemont? ¿Manda Artur Mas? ¿Manda Oriol Junqueras? ¿O manda la CUP? De hecho, la organización radical y anticapitalista tiene la sartén por el mango y, de momento, ha logrado imponer su hoja de ruta a los otros dos grandes partidos, obligándoles a prometer un referéndum independentista para septiembre del 2017.

Pero, ¿quién es la CUP? De hecho, es una amalgama de siglas de pequeños grupos que están en continua ebullición y permanentemente en tensión. De entre ellos, destaca el pequeño partido Endavant, que es el núcleo de los duros, cuyas directrices se dejan notar también en el Parlamento catalán. “La CUP tiene 1.700 afiliados. El núcleo predominante se articula en torno a Endavant, el único partido organizado del que se dice que tiene entre 50 y 150 militantes. Pero Endavant controla todas las agrupaciones de no afiliados, como Crida Constituent. Endavant consigue conectar con los grupos anarquistas mejor que los restantes grupos y se han convertido en los herederos del PSAN, adoptando como principal idea la lucha obrera. Poble Lliure es el grupo más independentista, mientras que el resto tienen un fuerte componente antisistema y anticapitalista. Para conocer cómo funciona, en la famosa asamblea de Manresa, donde se debatía si se aceptaba a Artur Mas como presidente de la Generalitat. Las distintas facciones llevaron a los simpatizantes, fletando autocares. Poble Lliure, por ejemplo, cargó varios autocares desde el Maresme con militantes de la ANC, proclives a dar luz verde a Mas. De ahí que, aunque tengan 1.700 afiliados, la asamblea contase con miles de participantes”, explica a El Confidencial Toni Bolaño, autor del libro ‘Extremo nordeste: la CUP, los últimos bolcheviques de Occidente’ (Ediciones Península).

Los miembros de la CUP Antonio Baños, Benet Salellas, y Albert Butran, de izda a dcha. (EFE)
Los miembros de la CUP Antonio Baños, Benet Salellas, y Albert Butran, de izda a dcha. (EFE)

Éste es el primer libro sobre la CUP escrito por alguien ajeno a la organización y detalla los avatares del movimiento independentista durante las últimas décadas hasta llegar a la actualidad. En la obra se recogen también algunos testimonios, aunque Bolaño reconoce que “muchos dirigentes no quisieron hablar. El único que accedió fue Quim Arrufat [el actual hombre fuerte de la organización], pero muchos otros de primer y segundo nivel se negaron a dar su opinión”.

Herederos de mayo del 68

No es de extrañar. En ‘Extremo Nordeste’, el periodista desvela que la CUP adapta el modelo organizativo de Bildu, “que en el País Vasco es un movimiento que cohabita con los partidos y los movimientos de la calle”. Por ello, desde 1996, cuando estuvo a punto de desaparecer, la CUP captó a todos los movimientos sociales de Cataluña y los puso bajo su manto. De ahí que las organizaciones que la integran antepongan, en muchas ocasiones, sus ideas antisistema a la independencia. “El debate, en estos momentos, es si convertirse en un partido o ser un movimiento.”. Por si fuera poco, su filosofía mama “de la Internacional Situacionista de mayo del 68. Su lema era ‘haz el amor y no la guerra’, pero también reivindicaba ‘seamos realistas: pidamos lo imposible’. Todo en la mejor tradición anarquista de Cataluña, donde han florecido tradicionalmente grupos como el POUM o el MIL de Salvador Puig Antich”.

Por ello, el objetivo coyuntural de la organización en estos momentos es “ocupar las calles, hacer un contrapoder popular, aniquilar las fuerzas policiales y cargarse el sistema”. Porque “la democracia representativa no es un elemento de lucha, sino la calle. Su filosofía es que no se trata de oponer unas ideas a otras, sino de oponer un mundo a otro”.

Los diputados de la CUP, Anna Gabriel y Joan Garriga. (EFE)
Los diputados de la CUP, Anna Gabriel y Joan Garriga. (EFE)

El propio Arrufat reconoce en la obra que “la CUP empezó a tener éxito porque incorporó a gente que nada tenía que ver con la tradición de la izquierda independentista, porque además no somos un partido; cada CUP es independiente, recuperamos un espíritu libertario y somos una nueva generación”. O sea: sólo una parte de la CUP proviene del independentismo. El resto son movimientos sociales, como la defensa del agua en Tarragona, la lucha contra la línea de alta tensión en Girona, contra las minas de Súria en el centro de Cataluña o a favor de la vivienda social en todas partes.

Desde el 2003, CDC utilizó a la CUP para dinamitar a ERC en los Ayuntamientos, cuando los republicanos iban ganando terreno. “Luego se hicieron fuertes en el movimiento okupa y acabaron okupando el movimiento independentista”, subraya Bolaño.

Pero no deja de ser relevante el hecho de que en los últimos años ha abrazado “una nueva ideologíaa que se está construyendo en Europa, impulsada por autores diversos como Foucault, Heidegger, Agamben, Negri, Butler, Zizek, Debord, Hart, Rancière, Badiou y, sobre todo, el colectivo detrás de Tiqqun”, explica el libro. Esta teoría conforma “la nueva ideología antiglobalización y antisistema que supera los viejos postulados del marxismo y el anarquismo más ortodoxos. Esta corriente ideológica crece exponencialmente a la sombra de la crisis económica, social, política, institucional y de valores que rompe los equilibrios de la nueva sociedad globalizada”.

Los diputados de la CUP muestran su solidaridad con la flotilla de mujeres que se dirigía a Gaza en octubre.
Los diputados de la CUP muestran su solidaridad con la flotilla de mujeres que se dirigía a Gaza en octubre.

Las tribus, base de la sociedad

Tiqqun, explica la obra, es una revista radical filosófica fundada en 1999 por el activista Julien Coupat, que posteriormente fundó la Comuna de Tarnac, en el centro de París. “El grupo de los ‘nueve de Tarnac’ fue acusado por la Fiscalía Antiterrorista –Coupat pasó seis meses y medio en la cárcel- de una tentativa de sabotaje de líneas de tren en noviembre de 2008”. Tiqqun sólo publicó dos números con artículos donde se resumía su filosofía y firmados con el nombre de ‘Comité invisible’. Su meta es sencilla: “Plantea una renovación de la revolución y se apuesta por la transformación radical de la sociedad. Ahora ya no se toma el Palacio de Invierno; ahora se desestabiliza el sistema ‘propagando la anarquía y viviendo el comunismo’. No firman sus libros porque ‘la verdad no tiene propietario’”.

El Comité Invisible propone la formación de comunas o grupos de afinidad (en Cataluña, la diputada Anna Gabriel habló de tribus), y espera a atacar “en los momentos de crisis –política, social, ambiental- pata impulsar una revolución anticapitalista bajo ‘la apropiación del poder de la gente, del bloqueo físico de la economía y de una aniquilación de las fuerzas policíacas’. El partido político ha sido sustituido por el movimiento que aglutina a todo aquel que rechaza el ‘nuevo orden’”.

Su teoría, además, se basa también en las propuestas de teóricos como Antonio Negri, teórico de las Brigadas Rojas y de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una facción etarra de finales de la década de los sesenta. “Su teoría se basa en una especie de revolución permanente en la que se pone en cuestión el propio sistema, hundiendo las verdades que se consideran absolutas, ‘conquistando la opinión pública, los votos y el poder institucional para forzar los límites del capitalismo parlamentario’, como Syriza en Grecia, Podemos en España o la CUP en Cataluña”. ¿Su filosofía?: “Ahora, el enfrentamiento es entre los de abajo y los de arriba, la casta. Por eso se pone en cuestión la democracia y se configuran alrededor de la asamblea”.

Poner en jaque al sistema

Dicho de otro modo: el poder se toma infiltrándose en la sociedad. “No se trata de ‘tomar el poder, sino de apoderarse de las técnicas existentes para subvertirlas, transformarlas, reapropiárselas, hackearlas’, es decir, ‘promover un movimiento de masas capaz de sabotear’ el orden establecido”. De ahí que, para el periodista, “la CUP no es ajena a esta filosofía. Su configuración misma es una reproducción del modelo que teoriza el Comité Invisible”. Y esta filosofía es la que “inspira sus movimientos para poner en jaque al sistema”.

Así, para entender qué es la CUP y porqué hace lo que hace, se ha de agitar el cóctel formado por una ideología heredera del PSAN de la Transición, de la forma de actuar del PSUC de la clandestinidad, de la CNT revolucionaria y de las nuevas filosofías del Comité Invisible. Todos estos componentes han sido adoptados por el grupo Endavant, el de mayor influencia en la CUP, el sector de los duros y ello “marca directamente la forma de hacer de la CUP, su forma de actuar y su forma de pensar”. Y por ello, la independencia es un elemento que se suma a otros, como los medioambientales, la vivienda, la democracia y los derechos sociales.

Las diputadas de la CUP Anna Gabriel (i) y Mireia Vehí (2 i) en la entrada del CIE de Barcelona. (EFE)
Las diputadas de la CUP Anna Gabriel (i) y Mireia Vehí (2 i) en la entrada del CIE de Barcelona. (EFE)

Hay una cuestión también a tener en cuenta: “La fuerza está en la calle, en los movimientos sociales de los derechos civiles. Para ganar las batallas no tienes que tener mayorías parlamentaria”, dice Quim Arrufat. La lógica de la CUP, pues, se sitúa en un escenario diferente al de la tradición socialdemócrata o el del eurocomunismo. De ahí que los problemas sólo aparezcan cuando se trata de tomar decisiones importantes, como cuando debía decidir si votar a Artur Mas o no, lo que estuvo a punto de romper por la mitad a la organización. “El problema surge cuando hay que tomar partido. Entonces surge la división. Está claro que hay que hacer la revolución; lo que está más verde es si la revolución social prima sobre la nacional o viceversa”, explica el libro. Pero ésa es una batalla que todavía está sobre la mesa.

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