Exagentes del Cesid ‘hackearon’ en 2003 el ordenador con los ‘negocios’ de Pujol Jr.. Noticias de Cataluña
Con empresas y cuentas en el extranjero

Exagentes del Cesid ‘hackearon’ en 2003 el ordenador con los ‘negocios’ de Pujol Jr.

“Se trató de una intrusión para conocer los negocios que se traía entre manos el grupito de amigos de Júnior”, explica una persona que vivió ese proceso

Foto: Jordi Pujol Ferrusola. (EFE)
Jordi Pujol Ferrusola. (EFE)

El ordenador más seguro es el ordenador apagado. Y, si no, que se lo pregunten a Jordi Pujol Ferrusola, hijo mayor del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. Hacia el año 2003, con el pujolismo a punto de acabar su etapa de poder, un ordenador de una empresa ubicada en el número 5-15 de la calle Ganduxer fue hackeado de forma impecable. En realidad, explica a El Confidencial una persona que vivió todo ese proceso, “se trató de una intrusión para conocer los negocios que se traía entre manos el grupito de amigos de Júnior”. Con este nombre se conoce en determinados ambientes a Jordi Pujol Ferrusola.

El ordenador en cuestión pertenecía a Jordi Puig Godes, hermano de Felip Puig, entonces secretario de Organización de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y consejero de Política Territorial y Obras Públicas. Hoy, Felip ocupa el cargo de consejero de Empresa y Empleo. Los dos Jordis (Pujol y Puig) eran socios y disfrutaban de sendos despachos adosados. En la capital catalana eran considerados entonces un auténtico lobby de negocios. Es más: muchos empresarios que querían contratar con la Administración pasaban antes por esos despachos.

La intrusión, por tanto, no fue realizada al azar: quienes la llevaron a cabo sabían que iban a conseguir información explosiva. Entre ellos, además, había exmiembros de los servicios de inteligencia, que habían operado bajo las siglas Cesid (en ese momento, acababan de arrancar los nuevos servicios bajo las siglas CNI). Lo que consiguieron en esta operación no se conoce con exactitud, pero tanto Jordi Puig como Jordi Pujol fueron recibiendo en los siguientes meses comunicaciones con diversos documentos que fueron sustraídos de su ordenador.

El conseller de Empresa, Felip Puig. (EFE)
El conseller de Empresa, Felip Puig. (EFE)

Lo más interesante, explica la fuente anteriormente citada, es que entre la información conseguida figuraban empresas en paraísos fiscales, cuentas corrientes en el extranjero, comunicaciones sobre negocios que estaban llevando a cabo e incluso algunas anotaciones de comisiones que la pareja había cobrado. No dejaban de ser curiosas, por ejemplo, las anotaciones sobre diversas cantidades pagadas en un paraíso fiscal por una empresa barcelonesa. Paradójicamente, esa empresa se había hecho con un suculento contrato público de la Generalitat de Cataluña poco antes.

La información que los intrusos consiguieron fue puesta en circulación enseguida. “Jordi Pujol Ferrusola comenzó a mover el tema de tal modo que parecía un elefante en una cacharrería y pronto fue su padre el que tomó cartas en el asunto”, admite a El Confidencial una persona del entorno de la familia Pujol.

Un mediador de confianza

Lo primero que hizo el patriarca fue ordenar a su hijo que no hiciese ninguna pesquisa más, que él ya se encargaba de todo. La primera medida fue poner en conocimiento de Xavier Pomès, entonces consejero de Interior, el asunto para que realizara algunas averiguaciones. Un grupo selecto de mossos d’esquadra se puso sobre el tema, pero no llegaron a ninguna parte y corrían el peligro de que todo se acabase sabiendo.

Entonces, Jordi Pujol encargó a un hombre de su confianza que intentase negociar una salida discreta para zanjar el asunto. Ese hombre era Lluís Prenafeta, que ya había sido su mano derecha como secretario general de Presidencia, quien había mediado para comprar una empresa del clan Pujol, José Ferrusola SL, y quien había dado trabajo en su empresa familiar tanto a Jordi Pujol Ferrusola como al actual presidente de la Generalitat, Artur Mas.

El exsecretario de la Presidencia Lluís Prenafeta. (EFE)
El exsecretario de la Presidencia Lluís Prenafeta. (EFE)

Cuando Prenafeta se hizo cargo del asunto, ya estaba también sobre él un conocido empresario que no se privaba de decir incluso en público que compraba pruebas sobre escándalos que afectasen a políticos. En aquel momento, ese empresario acababa de volver a Cataluña tras un periplo por Madrid y una pequeña etapa en el extranjero.

“Yo viví ese momento de cerca y puedo asegurar que el empresario cobró por no hacer pública la información que había comprado a los que hackearon el ordenador y en la cual había algunas comunicaciones mías”, asegura a este diario la fuente anteriormente citada. El precio de su silencio, según parece, fueron varios cientos de miles de euros, una parte de los cuales invirtió posteriormente en acciones de un grupo de comunicación.

Otras fuentes, en cambio, desligan el conflicto que pudo tener el empresario con los Pujol y aseguran que, si bien hubo una negociación con ese empresario, éste no llegó a obtener los documentos de los exagentes de inteligencia. Es más, enfatizan que los que entraron en el ordenador de la calle Ganduxer exigieron, en un primer momento, 900.000 euros a la familia para no publicitar la información obtenida. La contraoferta de Pujol fue de la décima parte de esa cantidad, aunque al final no se llegó a abonar nada porque los servicios de inteligencia se metieron por medio y neutralizaron la extorsión.

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