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Casi se come una cabeza de rata que afirma que cayó en su bolsa de congelados
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"ESTOY A BASE DE YOGUR E INFUSIONES"

Casi se come una cabeza de rata que afirma que cayó en su bolsa de congelados

El malagueño Juan José D.M. hizo este desagradable hallazgo cuando se sentó a la mesa e ingirió las primeras cucharadas. Ha puesto una reclamación en el supermercado y ha informado a Consumo

Foto: La cabeza del roedor, tras escupirla Juan José en la servilleta. (EC)
La cabeza del roedor, tras escupirla Juan José en la servilleta. (EC)

Juan José llegó a su casa, como dicen en el sur, ‘esmayao’. Eran las cuatro de la tarde y la ‘gusa’ apretaba. Cogió una bolsa de judías con patatas congeladas que su mujer había comprado tres días antes, leyó las instrucciones de cocinado y vertió su contenido en una cacerola. “Observé un trozo algo más oscuro, pero pensé que podía ser una alcachofa que se había colado”. Se sirvió un plato y, como todavía hacía sol, descorrió las cortinas. Se sentó a la mesa y comenzó a comer. Pero al comer una cucharada notó algo extraño, duro, crujiente. “Así que lo escupí. Al principio no sabía qué era, pero al girarlo vi los dos ojos mirándome, y los bigotes. Me levanté y fui a vomitar”. Porque lo que este malagueño tenía en su servilleta era la cabeza de una rata con un corte perfecto en el cuello.

“Es lo más asqueroso que me ha pasado en mi vida”, relató Juan José D.M., que ha decidido trasladar su desagradable hallazgo al Servicio de Consumo de la Junta de Andalucía tras presentar una reclamación en el Departamento de Atención al Cliente de Carrefour, cadena de supermercados donde fue adquirido el producto.

Foto: El roedor ha causado un gran revuelo y ha obligado a parar la sesión (EFE/Raúl Caro)

Explicó a El Confidencial que casi se traga parte del roedor y se preguntó: “Si a mí me tocó la cabeza, ¿a quién le tocará el resto del cuerpo?”. “Sigo sin poder comer y desde entonces estoy a base de infusiones y yogur”, señaló, para añadir que, “aparte de lo antihigiénico, pudo ser peligroso”, porque “reaccioné y eché el trozo, pero un niño se podría haber ahogado”.

Estos hechos ocurrieron el lunes y esa misma tarde Juan José se desplazó al supermercado del centro comercial de Rincón de la Victoria en el que su mujer compró la bolsa de congelados el día de Nochebuena. Se dirigió al Departamento de Atención al Cliente y explicó lo que le había pasado. “La empleada que me atendió no se lo podía creer, no quería ni ver las fotos que había hecho con mi teléfono. Menos aún, ver la cabeza, que había llevado liada en una servilleta”. Finalmente, llamó a un supervisor, que “inicialmente no se creía lo que le contaba”, así que “saqué la cabeza y la puse encima del mostrador”. “Dijo ‘¡qué barbaridad!’ y automáticamente me comentó que me llamaría alguien de la compañía”.

Como creyó intuir alguna duda, Juan José puso la cabeza en el mostrador para que la vieran

Esa comunicación se produjo la misma tarde y al otro lado del teléfono estaba una responsable, “creo que de Madrid”, que le explicó que habían puesto en su conocimiento el caso y “me aseguró que habían iniciado la retirada de los lotes de ese producto” tras lo sucedido.

placeholder El roedor decapitado. (EC)
El roedor decapitado. (EC)

Juan José detalló que el supervisor que le atendió el primer día rellenó “un formulario o un parte interno” con la información que le facilitó, pero como no recibió una nueva llamada que habían concertado, “por si acaso”, acudió el martes a la citada superficie comercial y “presenté una reclamación”. “Para que quede constancia de lo sucedido”, porque “nadie puede decir que lo que me ocurrió es mentira”.

Pasos dados

“Es la cosa más puerca que me ha pasado en mi vida”, reitera, para añadir que tiene en su congelador la bolsa y el trozo de roedor por si algún organismo quiere analizarlo. Esperará un tiempo para ver cómo transcurre la reclamación —“al parecer, tienen la obligación de contestarme dentro de un plazo”— y se deshará de ambos.

Foto: Patrulla de Policía Nacional, en una imagen de archivo. (EFE)

Este malagueño ha contactado con el Servicio de Consumo de la Junta de Andalucía para comunicar los hechos y “me han pedido que envíe un correo electrónico contando lo sucedido y que aporte las fotografías que hice”. También ha hablado con los Servicios Sanitarios, que le han derivado al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria.

Juan José D.M., que asegura que ni ha reclamado el dinero que costó el producto, señala que lo que quiere es que se tomen las medidas necesarias para que algo así no vuelva a ocurrir.

Carrefour afirma que los controles son correctos, pero que intensificará las medidas

¿Pero cómo pudo acabar la cabeza de rata en su bolsa de congelados? Su teoría no es peregrina. “La cabeza tiene un corte limpio, así que lo lógico es pensar que la seccionó la máquina que corta las verduras, entre las que estaría mezclada. No sé si viva o muerta. Pero con todo lo grande que es España, me tuvo que tocar a mí”.

Carrefour, a preguntas de este periódico, manifestó que, “desde el momento en el que el cliente se dirigió al centro, fue atendido para clarificar lo ocurrido e inmediatamente se contactó con el fabricante para verificar la totalidad del proceso”. Una portavoz aseguró que “se revisaron los registros y controles de todas las etapas, así como los análisis de verificación realizados en ese lote, resultando todos ellos correctos”.

No obstante, “para la total garantía de nuestros clientes, se van a intensificar tanto las medidas del fabricante como las nuestras”, señaló, para añadir que “en todo momento se está informando al cliente de las acciones que se están llevando a cabo”.

Juan José llegó a su casa, como dicen en el sur, ‘esmayao’. Eran las cuatro de la tarde y la ‘gusa’ apretaba. Cogió una bolsa de judías con patatas congeladas que su mujer había comprado tres días antes, leyó las instrucciones de cocinado y vertió su contenido en una cacerola. “Observé un trozo algo más oscuro, pero pensé que podía ser una alcachofa que se había colado”. Se sirvió un plato y, como todavía hacía sol, descorrió las cortinas. Se sentó a la mesa y comenzó a comer. Pero al comer una cucharada notó algo extraño, duro, crujiente. “Así que lo escupí. Al principio no sabía qué era, pero al girarlo vi los dos ojos mirándome, y los bigotes. Me levanté y fui a vomitar”. Porque lo que este malagueño tenía en su servilleta era la cabeza de una rata con un corte perfecto en el cuello.

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